Resiliencia: Una palabra que alberga una fortaleza etimológica y evolutiva

Hoy en día, la resiliencia se encuentra en el centro de la atención global. Pero ¿qué significa realmente esta palabra que se ha ido adaptando y evolucionando a lo largo del tiempo? La resiliencia, tiene sus raíces en el verbo latino resilio, que significa “saltar hacia atrás, rebotar”. Pero, ¿cómo ha llegado esta palabra de describir el comportamiento de los materiales a ser una pieza clave en la discusión global sobre sostenibilidad, psicología y gobernanza?

En sus orígenes, la resiliencia se usaba en la física para describir la capacidad de un material para resistir un impacto sin romperse. Sin embargo, con el paso de los años, su uso se extendió a la psicología, con N. Garmezy y M. Rutter liderando investigaciones sobre cómo los individuos enfrentan situaciones traumáticas. La pandemia de COVID-19 ha impulsado un resurgimiento en la investigación de la resiliencia psicológica, una herramienta esencial para enfrentar el estrés y regular las emociones.

Resiliencia
Ciencias y disciplinas han sido seducidos por su belleza expresiva y la adoptaron. Ilustración MidJourney

Resiliencia en el medio ambiente

C.S. Holling, en 1973, abrió otro capítulo en la historia de esta palabra al introducir el término en la ecología y el medio ambiente. Diferenció entre sistemas en equilibrio, que se ven afectados por cambios predecibles, y sistemas que tienen la capacidad de recuperarse de eventos tanto predecibles como impredecibles.

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El siglo XX vio cómo la resiliencia se incorporaba a discusiones sobre modelos de vida sostenible, economía y empresas, ganando relevancia en normas como las ISO. En la agricultura y ganadería, la resiliencia ha traído un enfoque dinámico, buscando equilibrios entre la eficiencia actual y la adaptación a futuras incertidumbres. Esta adaptabilidad ha encontrado su lugar en sistemas como el educativo y sanitario, y ha sido abrazada por políticos y estrategas de todos los niveles.

Un caso en la práctica

La reciente aprobación en España del «Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia» es una prueba de ello. A nivel global, organismos como la Unión Europea y el G20 trabajan para integrar la resiliencia en estrategias que buscan mantener el bienestar social y ambiental de las naciones.

Sin embargo, el auge del término no ha estado exento de críticas. Algunos argumentan que es ambiguo e impreciso, especialmente cuando se aplica a sistemas complejos como la política y la economía global. Pero sus defensores, como Rocío de Torre Ceijas y Daniel Martín Collado, insisten en que la resiliencia, correctamente definida y aplicada, tiene el potencial de ser una herramienta poderosa para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

La crisis no desaparece sola

Una de las controversias más importantes es el riesgo de que el enfoque en la resiliencia desplace la atención de las causas subyacentes de las crisis. Por ejemplo, la administración Trump en Estados Unidos reemplazó el término «cambio climático» por «resiliencia» en la comunicación oficial, un movimiento que fue ampliamente criticado.

Resiliencia
No hay que olvidar que la resiliencia es provocada por una crisis y es deben atacar las causas de raiz. Ilustración MidJourney

Para que la resiliencia sea verdaderamente efectiva, los profesionales y políticos deben definir claramente qué es lo que están analizando, frente a qué amenazas y con qué objetivos en mente. La resiliencia es, sin duda, una herramienta valiosa, pero debe ser aplicada con responsabilidad y coherencia. Su fuerza reside en su capacidad para adaptarse y evolucionar, tal como lo ha hecho la palabra misma a lo largo de los siglos.

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Todos conectados

En un mundo caracterizado por la interconexión y la globalización, la resiliencia se presenta no solo como un término de moda, sino también como una necesidad. Los desafíos, ya sean ambientales, económicos o sociales, ya no se pueden considerar en silos aislados. Las consecuencias de una crisis financiera pueden tener ramificaciones en la salud mental de una población, mientras que un desastre natural puede desencadenar desplazamientos masivos y tensiones políticas. Aquí es donde la resiliencia se convierte en una herramienta esencial: permite a las sociedades, sistemas y individuos adaptarse y recuperarse, garantizando al mismo tiempo un futuro sostenible.

Los expertos en historia y políticos también subrayan la importancia de comprender la resiliencia en un contexto histórico. A lo largo de los siglos, las civilizaciones han enfrentado calamidades y desastres. Algunas sociedades han prosperado después de tales eventos, mientras que otras han declinado. Estudiar estos patrones y aprender de ellos no solo proporciona una perspectiva sobre la capacidad humana para adaptarse y superar desafíos, sino que también ofrece lecciones sobre cómo las políticas y sistemas actuales pueden ser diseñados para ser más resilientes ante las adversidades del futuro.

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Redacción Estoy Al Día
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