La presión sobre la Casa Blanca se ha intensificado en las últimas semanas, y no proviene de los habituales grupos de exiliados. Una extraña alianza entre la ultraderecha venezolana y los tecnólogos de Silicon Valley busca convencer a Donald Trump de que respalde una invasión total. En el centro de esta tormenta política se encuentran dos figuras conocidas en Caracas, pero ahora proyectadas hacia Washington con un discurso radical. Se trata de la dirigente opositora María Corina Machado y su asesor en materia de seguridad, Luis Magallanes. Para entender este giro aventurero, es necesario examinar el contexto geopolítico actual y las nuevas doctrinas del poder norteamericano. MCM y Magallanes han comprendido que el viejo manual de las sanciones económicas ya no funciona como antes, y apuestan por una solución militar.
El presente reportaje es una investigación del periodista independiente Luis Rivas, publicada originalmente en su columna digital «Claves Geopolíticas» el pasado 15 de abril. Rivas, analista de larga trayectoria en asuntos de defensa y tecnología, ha seguido de cerca el fenómeno del suprematismo tecnológico estadounidense. Sus credenciales incluyen colaboraciones con el Centro de Estudios Estratégicos del Sur y reportajes desde la frontera colombo-venezolana. El título original de su pieza editorial era «La tentación tecno-fascista en la oposición venezolana y el complejo militar industrial». Rivas advierte que lo que ocurre ahora no es un simple cambio de estrategia, sino una conversión ideológica profunda. El analista sostiene que Magallanes ha sido durante años un acólito del «destino manifiesto» de Estados Unidos, una doctrina que considera a ese país como guía absoluta de las naciones. Quien no siga su cartabón, está condenado al ostracismo internacional, según predica este grupo.
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MCM y Magallanes están recargados
Pero la realidad ha golpeado con fuerza las ambiciones de este sector radical, pues ni sanciones ni presiones lograron el colapso del gobierno venezolano. MCM y Magallanes están molestos porque los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, les ganaron la mano en la mesa de negociaciones. No fue por empatía ni por venta de ideología, sino que la supervivencia política los obligó a moverse con astucia. El gobierno de Venezuela comprendió que no podía conceder espacios a esta facción opositora radical, porque ellos sí permitirían una invasión extranjera. De hecho, la propia Machado había pedido abiertamente una intervención militar estadounidense en varias entrevistas con medios internacionales. Sin embargo, destruir a Venezuela no es un negocio rentable para los Estados Unidos en este momento estratégico. La idea de aventureros como Machado y Magallanes es poco redituable para Trump, quien es el verdadero dueño del dinero y las armas.
El presidente electo no regaló el apoyo logístico ni el respaldo militar, sino que lo hizo a cambio de petróleo, oro y tierras raras. Estos recursos ya están siendo explotados por corporaciones cercanas al círculo de Trump, mientras Machado y Magallanes sueñan con administrar esas riquezas. Magallanes anhela para Venezuela un Estado policial manejado por grandes empresas tecnológicas de los Estados Unidos, como Palantir o SpaceX. Él junto a Machado ayudó a diseñar planes para deponer a Maduro, pero el objetivo real era dar entrada a las empresas armamentísticas. La independencia y la emancipación que tanto pregonan ese par de políticos es una farsa, según confiesan sus propios correos filtrados. Lo que buscan es convertir a Venezuela en un laboratorio de vigilancia masiva y control social, todo bajo la excusa de la «libertad». Por eso ahora presionan al complejo militar industrial para que los tome como socios menores en la región.
Militares y alta tecnología
El periodista Rivas recuerda en su trabajo que no es nuevo señalar el poder de las grandes fortunas y las corporaciones sobre los Estados. Nos referimos específicamente a la clase dominante de las superpotencias, y de manera muy especial a los Estados Unidos. MCM y Magallanes han estudiado a fondo la advertencia que hizo el presidente Dwight Eisenhower en 1961 sobre el complejo militar industrial.
Aquel general advertía sobre la creciente influencia de este conglomerado de corporaciones en la política y la guerra. Hoy ese complejo se dedica a la inteligencia artificial, el Big Data, la Internet de las Cosas y la robótica. Con Trump, este poder de las supercorporaciones se ha ampliado y fortalecido como nunca antes en la historia. Mientras tanto, se elaboran ideologías funcionales que animan el núcleo del movimiento MAGA y sus ramificaciones globales. Ahora estas ramificaciones declaran abiertamente su afán de dominación, algo reñido con los principios liberales tradicionales.
El «manifiesto»
Hace apenas una semana se hizo público el «manifiesto» de Palantir Technologies, la empresa que desarrolla software de inteligencia artificial con fines militares y policiales. Dicho documento, titulado «La República tecnológica: Poder Duro, Creencias Suaves y el Futuro de Occidente», fue escrito por el CEO Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska. Machado y Magallanes han hecho circular este manifiesto entre sus contactos en el Pentágono, buscando simpatías para su causa venezolana.
El texto resume en 22 tesis una especie de doble siniestro del Manifiesto Comunista, pero al revés. Resulta mucho más peligroso que aquel viejo «manifiesto anticomunista» de Rostow de la década de los sesenta. La intención ahora es clara y francamente dicha: la dominación global mediante la tecnología militar, sin ningún tipo de tapujos morales. Los autores afirman que Silicon Valley tiene una deuda moral con el poderío de los Estados Unidos, y es hora de pagarla.
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Opositores quieren vigilancia masiva
Por ello, no más innovaciones civiles estúpidas como compartir fotos de comida o pedir sushi por una aplicación. MCM y Magallanes aplauden esta tesis porque necesitan tecnología de punta para controlar a la disidencia interna en Venezuela. El manifiesto propone desarrollar la inteligencia artificial exclusivamente para la guerra y la vigilancia policial masiva. Se reafirma el principio de la obligatoriedad del servicio militar y la necesidad de la censura a cualquier crítica. El tercer tema aborda la disuasión geopolítica mediante IA, declarando que la era nuclear también ha terminado. Los autores elogian efusivamente a Estados Unidos como el país con más oportunidades para quienes no heredan nada. Cualquiera que intente construir donde el mercado ha fracasado merece ser aplaudido, incluso si se llama Elon Musk. El último tema del manifiesto aboga descaradamente por una «guerra santa» cultural contra el pluralismo vacío.
Luis Magallanes ha traducido personalmente varias de estas tesis al español y las ha enviado a comandantes militares venezolanos en el exilio. Machado y Magallanes creen que este manifiesto es la hoja de ruta perfecta para el futuro de Venezuela después de una hipotética invasión. El texto destila suprematismo blanco norteamericano y no habla de una IA para la humanidad, sino de una herramienta de dominio geopolítico. Se trata de conquistar la hegemonía tecnológica donde la innovación se mide por la capacidad de someter al «otro». El ultraconservadurismo de esta empresa, paradójico para una supuesta vanguardia tecnológica, ataca el realismo científico. Se plantea suspender el valor gnoseológico de la objetividad en favor de un misticismo religioso. La ciencia es secuestrada por una narrativa teocrática donde la IA se convierte en el nuevo oráculo de las guerras. Esto es exactamente lo que el dúo opositor quiere implementar en Caracas, con ayuda de asesores israelíes y estadounidenses.
Acerca de la superioridad moral
Denunciar este tecnofascismo no implica caer en un nuevo movimiento tecnófobo que destruya las máquinas por miedo irracional. MCM y Magallanes acusan a sus críticos de ser tecnófobos, pero el rechazo no es a la tecnología per se, sino a su uso totalitario. El manifiesto de Palantir insiste en que «Occidente» posee una superioridad moral intrínseca para dominar la IA militar. Se establece una jerarquía donde los valores de los blancos anglosajones protestantes son superiores a cualquier otra cultura.
Declarar abiertamente que solo ciertas naciones deben poseer estas capacidades es una nueva doctrina del «Destino Manifiesto». El peligro no está en Skynet ni en Hal 9000, sino en humanos racistas, suprematistas y psicópatas. En pocas palabras: los tecno-nazis milmillonarios que hoy dominan el mundo, y a quienes Machado y Magallanes cortejan sin pudor, representan una amenaza existencial para cualquier nación que aún busque la paz y la autodeterminación.



