Una revisión a la “política” como una forma impoluta humana de comprender su relación en sociedad

La “política” ha sido a lo largo de la historia una dimensión intrínseca de la experiencia humana, una forma impoluta de comprender y gestionar las relaciones en sociedad. Desde la antigua Grecia, donde Aristóteles la definió como la ciencia de lo cívico, hasta las reflexiones contemporáneas que la consideran omnipresente en todos los ámbitos de la vida, la política se revela como el arte de lo posible, el medio a través del cual los individuos y los grupos buscan influir, dirigir o controlar las políticas y acciones de una comunidad. Este reportaje, inspirado en las reflexiones de Monseñor Ovidio Pérez Morales, ex presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y columnista del diario El Nacional, busca explorar la esencia de la política como una manifestación fundamental de la naturaleza social del ser humano.

En su columna titulada “Meterse en política”, Pérez Morales nos invita a reconsiderar la idea de que la política es una esfera de la que se puede optar por participar o no. Con un recorrido histórico y conceptual, el autor nos recuerda que, desde Aristóteles, el ser humano ha sido entendido como un “zoon politikon” o animal político, cuya existencia no se concibe fuera del ámbito de la polis, la comunidad. Esta perspectiva se ha ampliado a lo largo de los siglos, con figuras como Thomas Mann y Michel Foucault subrayando que la política permea todas las dimensiones de la vida, mientras que Carol Hanisch, en su lucha feminista, proclamaba que “lo personal es político”, disolviendo las fronteras entre lo público y lo privado.

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La reflexión de Pérez Morales nos invita, entonces, a repensar nuestras nociones preconcebidas sobre la política, a ver más allá de las luchas de poder y las maniobras partidistas, hacia una comprensión más amplia y profunda de lo que significa vivir juntos en sociedad. Ilustración MidJourney

Política en su sentido amplio

Sin embargo, es importante distinguir entre la política entendida en su sentido más amplio, como la convivencia y la búsqueda del bien común, y aquella que se asocia con la lucha por el poder, la formación de partidos y la gestión de la autoridad. Esta dualidad refleja la riqueza y la complejidad de la política, abriendo un espacio para múltiples formas de participación y compromiso, desde la acción colectiva hasta el testimonio individual. Es en este punto donde la figura de la Iglesia Católica emerge como un ejemplo peculiar. Aunque formalmente apartada de las luchas partidistas, ejerce una influencia política significativa a través de su doctrina, sus valores morales y sociales, y su presencia global. Esta influencia, lejos de ser uniforme, varía enormemente dependiendo del contexto histórico y geográfico, demostrando la capacidad de las instituciones religiosas de moldear y ser moldeadas por el entorno político en el que se encuentran.

El llamado de Monseñor Pérez Morales a reconocer nuestra innata politicidad nos invita a reflexionar sobre cómo, querámoslo o no, estamos inmersos en procesos políticos que configuran nuestra realidad cotidiana. La indiferencia o el desdén hacia la política no nos eximen de sus efectos, sino que, por el contrario, pueden servir para perpetuar estructuras de poder y desigualdad. En este sentido, la formación política se convierte en una responsabilidad ética y moral, un imperativo para contribuir a la construcción de sociedades más justas y equitativas.

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Más allá de un mero cliché

La noción de que “todo es política” se extiende más allá de un mero cliché para convertirse en una llamada a la acción. En un mundo cada vez más interconectado y complejo, donde las decisiones de unos pueden afectar la vida de muchos, la capacidad de dialogar, negociar y colaborar políticamente es más importante que nunca. La política, en su sentido más noble, ofrece el marco para este encuentro, un espacio para la deliberación colectiva sobre nuestro destino común.

La visión de la política como una dimensión impoluta de la experiencia humana, entonces, no es una idealización utópica, sino un reconocimiento de su potencial para facilitar la convivencia, el respeto mutuo y el bienestar colectivo. Es un recordatorio de que, al final del día, la política es sobre nosotros: nuestras esperanzas, nuestros miedos, nuestros sueños y nuestros compromisos con los demás. En este contexto, la invitación a “meterse en política” se convierte en un llamado a participar activamente en la configuración de nuestro entorno social, a asumir un rol protagónico en la construcción de la polis, entendida no solo como espacio físico, sino como la expresión de la comunidad humana en su conjunto.

Con fundamento humano y relacional

La perspectiva de Monseñor Pérez Morales, lejos de simplificar la política a una mera cuestión de poder o partidismo, la enriquece al destacar su carácter fundamentalmente humano y relacional. La política se revela como el terreno en el que se juegan nuestras más profundas aspiraciones éticas y espirituales, un espacio en el que la búsqueda del bien común debe ser la brújula que guíe nuestras acciones y decisiones. En este marco, la distinción entre lo personal y lo político se desvanece, pues cada elección personal, cada gesto de solidaridad o indiferencia, tiene resonancias políticas que trascienden el ámbito individual.

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La política, vista bajo esta luz, no es una arena reservada para unos pocos elegidos o interesados, sino un espacio abierto a todos, un campo de acción donde cada voz cuenta y cada mano puede ayudar a construir. Ilustración MidJourney.

Este enfoque nos impulsa a considerar la política no como una esfera separada o distante de nuestras vidas, sino como el medio a través del cual expresamos nuestra humanidad compartida. Nos llama a reconocer que, en cada acto de comunión, en cada esfuerzo por entender al otro y trabajar juntos hacia objetivos comunes, estamos haciendo política en el sentido más elevado y noble del término. Así, la formación política se convierte no solo en una obligación moral, sino en un camino hacia la realización plena de nuestro ser como criaturas intrínsecamente sociales y políticas.

Repensar nociones preconcebidas

La reflexión de Pérez Morales nos invita, entonces, a repensar nuestras nociones preconcebidas sobre la política, a ver más allá de las luchas de poder y las maniobras partidistas, hacia una comprensión más amplia y profunda de lo que significa vivir juntos en sociedad. Nos recuerda que la política, en su esencia, es sobre la gestión de nuestras relaciones mutuas, sobre cómo organizamos nuestra vida colectiva para promover el bienestar de todos.

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Al final, este reportaje no solo es una revisión de la “política” como concepto, sino también una invitación a vivirla de manera diferente. A través de las palabras de Monseñor Pérez Morales, se nos convoca a participar en la política con una nueva conciencia de su significado y su potencial. Nos anima a abrazar nuestra politicidad no como una carga, sino como una oportunidad para contribuir al bien común, para hacer de la polis, en todas sus formas y manifestaciones, un lugar más justo, inclusivo y humano.

La política, vista bajo esta luz, no es una arena reservada para unos pocos elegidos o interesados, sino un espacio abierto a todos, un campo de acción donde cada voz cuenta y cada mano puede ayudar a construir. En este sentido, «meterse en política» no es solo un derecho, sino un deber cívico, una expresión de nuestro compromiso con la sociedad y, en última instancia, con nosotros mismos. Así, la política se convierte en una forma impoluta de comprender y vivir nuestra relación en sociedad, un camino hacia una coexistencia más armoniosa y plena.

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Redacción Estoy Al Día
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