De la hipocresía de EE.UU. y la UE sacan sus rentas Putin y Xi Jinping, Hamás y Netanyahu

En un mundo donde la hipocresía parece ser la moneda más valiosa, figuras como Vladimir Putin, Xi Jinping, el movimiento Hamás y el líder israelí Netanyahu, encuentran en la pérdida de autoridad moral de Estados Unidos y la Unión Europea un terreno fértil para sus propios intereses. Esta situación refleja no solo un cambio en la correlación de fuerzas a nivel internacional, sino también un debilitamiento político de quienes históricamente han intentado liderar el orden mundial bajo la bandera de la democracia y los derechos humanos.

Lluís Bassets, columnista y analista político de renombre, en su último trabajo para EL PAÍS titulado “El doble rasero que todos usan”, critica duramente lo que él describe como una dualidad entre la proclamación de valores y la realidad de las acciones de las potencias occidentales. Según Bassets, EE.UU. y la UE han mostrado una cara de virtud mientras que, a escondidas, han permitido o incluso promovido acciones que contradicen sus propios principios declarados. Esto ha llevado a que países y movimientos menos poderosos, pero igualmente astutos, aprovechen esta hipocresía para avanzar sus propias agendas políticas y territoriales.

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La hipocresía según Lluís Bassets

En su columna, Bassets destaca cómo la «pérdida de autoridad moral de EE.UU y la UE se traduce en debilidad política», permitiendo así que figuras como Putin y Xi Jinping, así como organizaciones como Hamás, actúen con mayor libertad y menos escrutinio. Este análisis se sustenta en ejemplos recientes donde la respuesta internacional ante crisis en Ucrania y Gaza ha sido notablemente diferente, revelando un sesgo en la solidaridad y el apoyo internacional que depende más de intereses estratégicos que de una verdadera defensa de los derechos humanos.

La hipocresía se manifiesta no solo en la política exterior, sino también en cómo estos líderes gestionan los conflictos internos y sus repercusiones internacionales. Bassets menciona el caso de Nicaragua bajo Daniel Ortega y la república de los ayatolás en Irán, quienes mientras se enfrentan a críticas y sanciones externas, utilizan causas externas como escudos para sus propias crisis internas.

Además, la comparación que hace Bassets entre conflictos olvidados en lugares como Sudán, Etiopía o Myanmar, y los que capturan la atención mediática y política en Occidente, muestra cómo la selectividad de la indignación y el apoyo internacional contribuyen a perpetuar injusticias. Esta selectividad es un reflejo de la hipocresía que Bassets crítica, y que alimenta un ciclo de descontento y desconfianza hacia las potencias occidentales.

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En un mundo donde la hipocresía parece ser la moneda más valiosa, figuras como Vladimir Putin, Xi Jinping, el movimiento Hamás y el líder israelí Netanyahu, encuentran en la pérdida de autoridad moral de Estados Unidos y la Unión Europea un terreno fértil para sus propios intereses. Ilustración MidJourney

Coherencia y honestidad

Más allá de denunciar esta situación, Bassets llama a una reflexión sobre la necesidad de una política internacional más coherente y honesta, que no solo predique valores universales, sino que también los practique. Este llamado a la consistencia es crucial en un momento en que la influencia global de Occidente se ve amenazada no solo por potencias emergentes, sino también por su propia incapacidad para mantenerse fiel a sus ideales.

En conclusión, mientras EE.UU. y la UE luchan por reconciliar sus acciones con sus principios, líderes como Putin, Xi Jinping, Netanyahu, y movimientos como Hamás, encuentran en la hipocresía occidental una oportunidad para fortalecer sus propias posiciones, a menudo en detrimento de la paz y la justicia global. Es un juego de doble rasero donde los verdaderos perdedores son aquellos que sufren las consecuencias de un mundo cada vez más polarizado y menos comprometido con los valores que pretende defender.

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A medida que estas contradicciones se profundizan, el desgaste de la credibilidad occidental afecta no solo las relaciones internacionales, sino también la dinámica interna de los propios países involucrados. La hipocresía detectada y criticada por observadores como Bassets se manifiesta en la disminución de la confianza pública hacia las instituciones democráticas, consideradas por muchos como incapaces de representar y promover genuinamente los valores sobre los cuales se fundaron.

Ciclo vicioso de desilusión y desencanto

Este fenómeno de escepticismo no es menor, y se extiende a través de la sociedad civil en múltiples naciones, donde los ciudadanos, cada vez más informados y conectados, cuestionan la autenticidad de las acciones de sus gobiernos. Las promesas rotas y las políticas inconsistentes han llevado a un ciclo vicioso de desilusión y desencanto, erosionando la base misma del contrato social que sustenta a las democracias.

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La hipocresía detectada y criticada por observadores como Bassets se manifiesta en la disminución de la confianza pública hacia las instituciones democráticas, consideradas por muchos como incapaces de representar y promover genuinamente los valores sobre los cuales se fundaron. Ilustración MidJourney.

La hipocresía, al ser reconocida y no abordada, genera un vacío de liderazgo moral que es rápidamente llenado por aquellos cuyos intereses se ven favorecidos por la confusión y la falta de un estándar moral claro. Putin y Xi Jinping, por ejemplo, utilizan esta debilidad para posicionar a sus países como alternativas viables al modelo occidental, promoviendo sus propias agendas políticas y económicas que a menudo contradicen los principios de libertad y equidad que promulgan.

Unidos Hamás y Netanyahu

En el caso de Oriente Medio, tanto Hamás como Netanyahu explotan estas discrepancias a su favor, manipulando la percepción pública y la retórica política para justificar acciones que bajo un examen imparcial no resistiría el escrutinio ético o legal. Mientras Hamás puede presentarse como un defensor de los palestinos frente a la opresión israelí, Netanyahu y su gobierno se defienden de las críticas utilizando la amenaza constante de seguridad como justificación para sus políticas, muchas de las cuales han sido condenadas internacionalmente.

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La hipocresía también se refleja en la respuesta internacional dispar a diversas crisis humanitarias. Mientras algunos conflictos reciben amplia cobertura mediática y apoyo político, otros permanecen en las sombras, minimizados o ignorados por aquellos mismos que proclaman la defensa de los derechos humanos. Esta selectividad no solo es hipócrita, sino que también contribuye a un sentido de injusticia y desigualdad que alimenta conflictos y desestabiliza aún más regiones ya afectadas por la violencia y la pobreza.

Introspección profunda

Es esencial, por tanto, que las potencias occidentales realicen una introspección profunda y se comprometan a una congruencia entre sus palabras y sus acciones. Solo así podrán esperar restaurar su autoridad moral y liderar globalmente con el ejemplo, no solo con el discurso. Sin embargo, como señala Bassets, la tarea no es sencilla ni rápida; requiere una reevaluación fundamental de cómo se proyectan las democracias occidentales tanto en el interior como en el escenario mundial.

En última instancia, el desafío radica no solo en reconocer la hipocresía y trabajar para erradicarla, sino en desarrollar un enfoque más inclusivo y equitativo que permita una verdadera solidaridad global. Hasta que esto se logre, figuras como Putin, Xi Jinping, Netanyahu y movimientos como Hamás seguirán explotando las fisuras dejadas por la doble moral de Occidente, perpetuando un ciclo de desconfianza y conflicto que afecta a toda la comunidad internacional.

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Orangel Gil
Orangel Gil
"Futuro comunicador social dedicado al análisis de fuentes internacionales para estoyaldia.com.do. Especializado en monitorear la política y economía global, mi trabajo es filtrar el ruido de los medios hegemónicos para ofrecer una perspectiva latinoamericana y caribeña de la actualidad. Transformo la información compleja en análisis estratégicos que permiten al lector comprender su lugar en un mundo interconectado, sin perder de vista nuestra identidad regional."

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