La producción conjunta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha caído al nivel más bajo en 36 años, un desplome que ningún analista había previsto y que coloca al cártel petrolero ante su mayor prueba desde la guerra de Irak. El dato, confirmado por informes internos a los que tuvo acceso este periódico, revela que el suministro diario del bloque se contrajo hasta 20,55 millones de barriles en abril, una cifra que no se registraba desde 1990. Este golpe, directo a la espina dorsal de la economía global, tiene un nombre y un origen: la expansión del conflicto bélico en Oriente Próximo y el bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita el 20% del petróleo mundial.
La magnitud del descalabro adquiere proporciones históricas: ha caído al nivel mas bajo
Este reportaje se basa en la investigación original del corresponsal de energía de Bloomberg, Javier Blas, experto con más de dos décadas de cobertura en geopolítica de recursos naturales y autor del análisis titulado “La guerra contra Irán deja la producción de la OPEP en mínimos de 1990”. A partir de ese material, y con datos cruzados de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA), se reconstruye el escenario de colapso que amenaza con reconfigurar el orden energético mundial.
La magnitud del descalabro adquiere proporciones históricas si se observa la evolución mensual. En marzo, primer mes completo tras la agresión coordinada de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones nucleares y petroleras de Irán, la caída fue de 8,6 millones de barriles diarios. Aquel desplome ya fue el mayor en décadas. Pero abril ha profundizado la herida. La producción ha caído al nivel más bajo desde la invasión de Kuwait por Irak, otro momento fundacional de la inestabilidad energética moderna. La diferencia ahora es que el tablero de jugadores se ha reducido y las rutas de escape, también.
Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, tradicionales amortiguadores del mercado
Kuwait sufrió las pérdidas más agudas el mes pasado, con una disminución de 470.000 barriles diarios, según datos facilitados por fuentes de la propia OPEP con condición de anonimato. Sus campos de extracción en la zona neutral, compartidos con Arabia Saudita, han cesado prácticamente toda actividad por los ataques de misiles de largo alcance y la interrupción de las cadenas logísticas. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, tradicionales amortiguadores del mercado, también experimentaron importantes descensos, viendo mermada su capacidad de compensar la falta de suministro iraní. Mientras tanto, Irán dejó de producir 180.000 barriles diarios adicionales por el bloqueo naval estadounidense, lo que eleva su pérdida total a más de un millón de barriles desde el inicio de las hostilidades.
“Estamos ante la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero”, declaró a este medio Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, en una conversación telefónica desde París. Birol, cuyo organismo asesora a las naciones industrializadas, alertó de que la capacidad de reserva mundial, concentrada casi exclusivamente en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, se está agotando a un ritmo alarmante. La OPEP, que ya operaba con su producción ha caído al nivel más bajo de las últimas tres décadas, carece del margen de maniobra necesario para estabilizar los precios sin una tregua política que hoy parece lejana.
La energía vuelve a dinamitar sus previsiones
Las consecuencias se sienten ya en las gasolineras de Toledo, Ohio, y en las facturas de electricidad de Barcelona y Shanghái. El precio del crudo Brent, referencia para Europa, superó la semana pasada los 120 dólares por barril, un encarecimiento que ha provocado un repunte inflacionario global inesperado. Los bancos centrales, que apenas empezaban a controlar la subida de precios tras la pandemia, ven ahora cómo la energía vuelve a dinamitar sus previsiones. En Estados Unidos, la gasolina promedio superó los 4,5 dólares por galón, un nivel que, ajustado por inflación, no se veía desde la crisis de 1979.
Detrás de las cifras macroeconómicas hay una realidad geopolítica que se ha acelerado. La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP a principios de este mes, anunciada por sorpresa, fue el primer síntoma de fractura. Pero el verdadero terremoto es la incapacidad del cártel para hacer cumplir sus propias cuotas de producción. Países como Libia y Nigeria, ya de por sí lastrados por conflictos internos, han visto cómo la guerra regional afectaba sus embarques. Incluso Venezuela, a pesar de su alianza con Irán, no ha podido aumentar su producción, atrapada en su propia depresión económica y en la falta de inversión extranjera.
OPEP ha perdido el control del precio: ha caído al nivel más bajo
Expertos consultados por este periódico coinciden en que la OPEP ha perdido el control del precio, algo que no sucedía con esta intensidad desde el colapso de los precios en 2014. “El problema ya no es solo la demanda china o la política de Rusia”, explica Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global y premio Pulitzer por ‘The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power’. “El problema es físico: el petróleo no sale del golfo Pérsico. Y mientras las aguas del estrecho de Ormuz sean inseguras, ninguna reunión en Viena cambiará esa realidad”. Yergin señala que el mundo ha vivido crisis de suministro, pero ninguna con un corte tan rápido y profundo en el corazón de la OPEP.
El drama humano también asoma en este reportaje. Fuentes de la industria en Dubai reportan que cientos de trabajadores extranjeros de los campos petroleros han sido evacuados, mientras las compañías navieras se niegan a fletar buques hacia la zona de conflicto sin primas de seguro que multiplican por diez el costo del flete. La producción conjunta de los 11 miembros restantes de la OPEP —Arabia Saudita, Venezuela, Irán, Irak, Kuwait, Argelia, Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, Libia y Nigeria— se ha convertido en un objetivo militar más.
Lee también: Irán: abrir Ormuz a cambio de que EE.UU. levante su bloqueo
Zona de riesgo extremo
La Casa Blanca, en un comunicado de urgencia, instó a todas las partes a “proteger la infraestructura energética civil”. Pero sobre el terreno, los hechos son tozudos. Los satélites comerciales han captado humaredas en varias refinerías de Abqaiq, en Arabia Saudita, y las aseguradoras Lloyd’s de Londres han reclasificado todo el golfo Pérsico como “zona de riesgo extremo”. Nadie sabe cuánto durará esta crisis. Lo que sí está claro es que la OPEP, esa organización que durante medio siglo dictó el ritmo del mundo, ha caído al nivel más bajo de su historia reciente. Y desde ese abismo, su voz resuena ahora con menos fuerza que nunca.



