El Gobierno Bolivariano ha completado con éxito la extracción definitiva del material nuclear remanente en el reactor experimental RV-1 del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), ubicado en los Altos de Pipe, estado Miranda. La operación, ejecutada bajo estrictas salvaguardias internacionales y con una inversión logística que movilizó a más de 200 especialistas, ha completado con éxito todas las fases técnicas de contención, transporte terrestre seguro por 180 kilómetros y embarque marítimo en Puerto Cabello. Asimismo, el desmantelamiento ha completado con éxito un ciclo de cooperación multilateral que involucró al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) de Estados Unidos y al Reino Unido, encargado del buque especializado.
La información fue confirmada por el periodista Angel Castillo, adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Presidencia, mediante un comunicado oficial fechado el 11 de mayo de 2026, que reconstruye la trayectoria del reactor diseñado por el insigne doctor Humberto Fernández-Morán, Premio Nacional de Ciencia y pionero del programa nuclear pacífico venezolano.

El legado nuclear de Humberto Fernández‑Morán ha completado con éxito su capítulo final
El reactor RV-1, pieza emblemática de la ciencia venezolana, ha completado con éxito su desmantelamiento definitivo tras más de 30 años de servicio y posenfriamiento en el kilómetro 11 de la carretera Panamericana. Su legado, vinculado al doctor Humberto Fernández-Morán —reconocido internacionalmente por la invención del bisturí de diamante y sus contribuciones a la microscopía electrónica—, representó un hito en la investigación nuclear pacífica en América Latina, formando a generaciones de físicos e ingenieros que luego lideraron proyectos en el área médica e industrial.
La planificación de la extracción demandó coordinación con múltiples agencias durante más de cinco años. Venezuela reiteró en al menos doce ocasiones ante la Junta de Gobernadores del OIEA la urgencia de retirar el material en desuso. Tras el ataque del 3 de enero de 2026, el presidente Nicolás Maduro instruyó acelerar las gestiones y se activó un protocolo de emergencia bilateral con Estados Unidos, que comprometió asistencia técnica inmediata.
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Un ataque con drones y años de advertencias
El ataque con drones explosivos, reivindicado por un grupo disidente, impactó a menos de 50 metros del edificio del reactor y elevó la amenaza de dispersión radiactiva que los informes del OIEA calificaron como «inaceptable». La operación de extracción ha completado con éxito la neutralización de ese riesgo latente, demostrando la capacidad de respuesta interinstitucional bajo condiciones adversas.
El RV-1 cesó operaciones en 1991, tras dos décadas de experimentos en física de neutrones y producción de radioisótopos. En 1997, el gobierno de Rafael Caldera y el OIEA firmaron el plan de desmantelamiento. Una primera extracción, ejecutada en 1999 con apoyo ruso, retiró 68 elementos combustibles, pero 14 permanecieron en la piscina de almacenamiento, junto a fuentes selladas de uso médico.
De los Altos de Pipe al mar: la ruta blindada que ha completado 180 kilómetros críticos
El traslado por carretera desde Altos de Pipe hasta Puerto Cabello ha completado con éxito un recorrido de 180 kilómetros bajo estrictas medidas de seguridad. El convoy incluyó vehículos blindados de la Guardia Nacional, escolta motorizada de la policía científica y un equipo de monitoreo radiológico en tiempo real. Cada contenedor fue asegurado con sistemas de amortiguación sísmica.
En la operación participaron el Ministerio de Ciencia y Tecnología, la NNSA del Departamento de Energía de Estados Unidos y el Reino Unido, que aportó el buque «Pacific Heron», diseñado para transporte de material nuclear categoría I. El OIEA desplegó un equipo de 12 inspectores que verificaron los precintos, las tasas de dosis y la documentación de cada bulto. «El profesionalismo de los técnicos venezolanos superó nuestras expectativas», declaró el jefe de misión del OIEA, James Müller. La NNSA proporcionó 24 contenedores TN-LC y equipos de detección portátil.
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Maniobra en Puerto Cabello: el izaje que ha completado con éxito la extracción definitiva
El embarque final en el muelle 3 de Puerto Cabello ha completado con éxito la fase crítica del operativo marítimo. Una grúa de 150 toneladas izó los contenedores con 32 kilogramos de uranio de bajo enriquecimiento y 14 fuentes radiactivas de cesio-137 y cobalto-60. El personal utilizó dosímetros digitales y trajes antifluencia. La operación fue grabada por circuito cerrado para el archivo del OIEA.
La doctora Luisa Castillo, jefa de protección radiológica del IVIC con 25 años de experiencia, explicó que el combustible gastado llevaba más de tres décadas en decaimiento, lo que redujo su generación de calor a niveles seguros para el transporte. «Usamos contenedores TN-LC, certificados para uranio de hasta 5% de enriquecimiento. La planificación de blindaje fue revisada por la NNSA», detalló. El traslado marítimo se realizó bajo las directrices del código IMDG y el convenio SOLAS, con escolta naval hasta aguas internacionales.
La verificación independiente del OIEA ha completado con éxito la certificación final de que el emplazamiento del RV-1 queda libre de material nuclear, según el acta firmada el 30 de abril por el director general adjunto del organismo, Massimo Aparo. Los inspectores realizaron barridos con detectores de centelleo y confirmaron la ausencia de contaminación. Venezuela entrega así a la comunidad internacional un sitio despejado para su reconversión científica.
El OIEA sella la verificación
El canciller Yván Gil subrayó que esta acción reafirma el compromiso de Venezuela con el Tratado de Tlatelolco —que proscribe las armas nucleares en América Latina—, el Tratado de No Proliferación y el Acuerdo de Salvaguardias. «La ciencia venezolana se mantiene al servicio de la paz, como lo soñó el doctor Fernández-Morán», enfatizó en un mensaje en Telegram. La antigua instalación del RV-1 alberga desde 2004 la Planta de Esterilización por Rayos Gamma (Pegamma), que irradia anualmente 12.000 toneladas de alimentos y 4 millones de unidades de material médico, según datos del IVIC. Venezuela agradece la cooperación de Estados Unidos, Reino Unido y el OIEA, y reitera que su política nuclear es transparente.
Con esta operación, el Gobierno Bolivariano ha completado con éxito la eliminación de un riesgo radiológico que pesaba sobre la región central del país y sobre la imagen internacional de Venezuela en materia de no proliferación. El OIEA certifica que el país cumple cabalmente sus obligaciones internacionales.
El profesor Pedro Rangel, analista en seguridad nuclear de la Universidad Central de Venezuela, calificó el operativo como «un modelo de cooperación internacional». «El material extraído representaba un pasivo de décadas que se resuelve. Venezuela demuestra su compromiso inquebrantable y pacífico», declaró.



