De señoras de servicio doméstico en Venezuela a mujeres emancipadas

Hubo una vez un país que “importaba” señoras de servicio doméstico desde las Antillas. La nación de Simón Bolívar de mediados del siglo XX, entre 1975 y 1985, era reconocida como la «Venezuela Saudita», un país caracterizado por su bonanza económica, alimentada por la explotación de su vasto recurso petrolero.

Durante esa década dorada, el país vivió un auge económico que impulsó la expansión de su clase media. En efecto, las universidades se abarrotaron, la cantidad de profesionales universitarios se disparó y el sector académico prosperó al ritmo de los barriles de crudo que fluían por el país.

Señoras de servicio doméstico

Este crecimiento económico trajo consigo ciertas excentricidades y peculiaridades sociales. Una de esas curiosidades fue la contratación de señoras de servicio doméstico provenientes de naciones caribeñas como Trinidad, Guadalupe o Curazao. Pero estas contrataciones tenían un matiz peculiar: no sólo se buscaba asistencia en las tareas del hogar, sino también un aprendizaje indirecto de otros idiomas para los hijos del hogar. Dado que estas trabajadoras no hablaban español, se convertían en fuente inesperada de bilingüismo para las nuevas generaciones.

Señoras de servicio doméstico
Sus historias demuestran resiliencia, adaptabilidad y una capacidad sorprendente de superación. Ilustración MidJourney

Pero el panorama cambió drásticamente en las últimas décadas. La otra próspera Venezuela entró en una espiral descendente de crisis económica, política y social. Las repercusiones de esta crisis resonaron en toda la región, y el éxodo masivo de venezolanos buscando mejores oportunidades de vida se hizo patente.

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Ahora son pobres

Según datos de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, para 2020 más de 5 millones de venezolanos habían dejado su tierra natal. Entre esos migrantes, un porcentaje significativo eran profesionales y trabajadores capacitados que, irónicamente, buscaban las mismas oportunidades que Venezuela ofreció a los caribeños en décadas pasadas.

Este giro de 180 grados no ha sido bien recibido en muchos lugares. En países como Trinidad y Curazao, aquellos que en el pasado veían a Venezuela como tierra de oportunidades, ahora ven con recelo y desconfianza a los inmigrantes venezolanos. Las patrias de las señoras de servicio doméstico se han tornado ariscas con los venezolanos caídos en desgracia.

Sumidos en la desesperación

El historiador Ricardo Álvarez comenta: «El éxodo venezolano es una de las migraciones más grandes y rápidas en la historia reciente de América Latina. Lo que antes era una tierra de oportunidad y prosperidad se convirtió en un país sumido en crisis y desesperación.»

Señoras de servicio doméstico
Dado que estas trabajadoras no hablaban español, se convertían en fuente inesperada de bilingüismo. Ilustración MidJourney

Sin embargo, esta diáspora ha llevado a una especie de emancipación involuntaria. Muchas de estas mujeres, que antes ocupaban roles de señoras de servicio doméstico en Venezuela, se han redefinido en sus nuevos destinos. Han emprendido, estudiado y, en muchos casos, se han posicionado en roles de liderazgo en sus comunidades adoptivas.

Están allá y su descendencia

La política y activista Ana Lucía Fernández explica: «La adversidad tiene la capacidad de sacar lo mejor de nosotros. Estas mujeres, a quienes la historia les dio un papel de servicio, ahora están reescribiendo sus propias historias, demostrando resiliencia, adaptabilidad y una capacidad sorprendente de superación.»

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Quizás, en este complejo panorama, reside una lección sobre la capacidad humana de adaptarse, evolucionar y superar adversidades. La historia de estas mujeres, que pasaron de ser señoras de servicio doméstico a figuras emancipadas, es un testimonio de que, incluso en medio del caos, el espíritu humano busca, y muchas veces encuentra, formas de brillar.

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Redacción Estoy Al Día
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