La industria energética global giró su mirada hacia Caracas el pasado miércoles 29 de abril de 2026, cuando British Petroleum (BP) firmó un Memorándum de Entendimiento con el gobierno venezolano para impulsar la producción de gas venezolano en áreas costa afuera. El acuerdo, celebrado en el Palacio de Miraflores, marca el regreso operativo de la compañía británica a un país que lleva más de una década al margen de la inversión occidental, y sitúa la producción de gas venezolano en el centro de una nueva estrategia energética con proyección continental. Para Caracas, el convenio es la señal más clara de que la producción de gas venezolano puede convertirse en el eje de una reactivación económica sin precedentes.
La información fue difundida por Eleonor Sánchez, periodista de la Prensa del Ministerio del Poder Popular para la Presidencia, quien cubrió el acto oficial celebrado este miércoles en la sede del Ejecutivo venezolano. Sánchez integra el equipo de comunicación institucional que acompañó a la presidenta encargada Delcy Rodríguez durante la ceremonia de firma en el Palacio de Miraflores.
Producción de gas venezolano: abrió las puertas al capital extranjero
El acuerdo se produce en un momento de profunda transformación del marco jurídico venezolano. La Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada en enero de 2026, amplía el margen de acción de las empresas licenciatarias extranjeras y elimina restricciones históricas al capital privado en el sector energético. Bajo este nuevo andamiaje legal, la producción de gas venezolano no asociado adquiere una dimensión estratégica renovada, respaldada por una demanda global de gas natural que la Agencia Internacional de Energía proyecta en crecimiento sostenido hasta al menos 2035. Y el timing no es menor: apenas 24 horas antes de la firma con BP, Venezuela había suscrito acuerdos con la Corporación Nacional de Hidrocarburos de Italia (ENI), marcando así dos días consecutivos de ofensiva diplomática energética sin precedentes recientes.
La ceremonia reunió en el Palacio de Miraflores a figuras clave de ambas partes. Por Venezuela, acompañaron a la presidenta encargada Delcy Rodríguez: Paula Henao, ministra del Poder Popular para Hidrocarburos; Oliver Blanco, viceministro para Europa y América del Norte; y Héctor Obregón, presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Por parte de BP asistieron David Campbell, director de la empresa, y William Lin, vicepresidente ejecutivo de Gas y Energía Baja en Carbono, cuyo perfil subraya el enfoque de la compañía en la transición energética global.
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BP, la gigante británica que opera en 80 países, apuesta por la producción de gas venezolano
BP no es una empresa ordinaria. Con sede en Londres y presencia activa en más de 80 países, la compañía figura entre las cinco mayores energéticas del mundo según los rankings anuales de S&P Global Commodity Insights. Su regreso a Venezuela no solo implica exploración: BP abrió una oficina permanente en el país, y el acuerdo contempla trabajo concreto en los campos Cocuina-Manakin, Loran-Manatee y la exploración de gas costa afuera en la Plataforma Deltana. Para BP, participar en la producción de gas venezolano offshore representa una oportunidad de escala difícilmente comparable en el mercado energético actual.
El Memorándum de Entendimiento no constituye, en términos jurídicos, un contrato definitivo de explotación. Es un marco de intenciones que abre paso a estudios de factibilidad, negociaciones técnicas y la eventual firma de contratos de licencia. Sin embargo, los analistas del sector coinciden en que este tipo de instrumentos, cuando los suscriben empresas del tamaño de BP, rara vez quedan en letra muerta. Carlos Ramos, consultor energético con base en Bogotá y exasesor de la OEA en materia de energía, calificó el acuerdo como «una señal inequívoca de reposicionamiento estratégico en el mercado gasífero del Caribe y el Atlántico Sur.»
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Expertos advierten: las reservas offshore podrían transformar la energía de todo el hemisferio
La elección de áreas costa afuera no es casual. El acuerdo establece las bases para la exploración y explotación de hidrocarburos gaseosos no asociados en áreas estratégicas como Cocuina y Manatí-Loran, zonas del litoral venezolano que han permanecido sin explotar durante más de una década, producto de la crisis operativa de PDVSA. Expertos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) estiman que el potencial de la producción de gas venezolano en zonas offshore podría superar los 15 trillones de pies cúbicos, una cifra que, de materializarse, transformaría el mapa energético de toda la región caribeña y el norte de Suramérica.
El contexto geopolítico añade capas de complejidad al análisis. Venezuela sigue bajo sanciones estadounidenses que limitan las transacciones en dólares y restringen el acceso a tecnología de punta para el sector energético. No obstante, las licencias especiales otorgadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) han creado ventanas legales que empresas europeas exploran con mayor audacia desde 2023.
Sanciones, licencias y geopolítica: el laberinto que BP está dispuesta a atravesar
BP, con experiencia en entornos de alta sensibilidad geopolítica como el Mar del Norte, Azerbaiyán y Mozambique, está habituada a navegar marcos regulatorios de alta complejidad. La ministra Paula Henao fue enfática durante el acto oficial: «Este acuerdo demuestra que Venezuela tiene la voluntad política y el marco legal necesario para ser un actor energético global del siglo XXI.» La presidenta encargada Delcy Rodríguez fue más directa aún: «El regreso de BP es una muestra clara del futuro que queremos marcar para Venezuela: relaciones de respeto, cooperación basada en ganar-ganar, de beneficio compartido.» Rodríguez subrayó además que todos los recursos generados por estos acuerdos se destinarán al bienestar del pueblo venezolano, incluyendo salud, educación, vivienda, alimentación e infraestructura eléctrica.
Para BP, el acuerdo tiene además una dimensión de imagen corporativa. La empresa lleva años intentando reposicionarse como actor de la transición energética, tras el desastre del Deepwater Horizon en 2010, uno de los peores derrames petroleros de la historia. Su vicepresidente William Lin ha liderado una estrategia que combina inversiones en gas natural —considerado un combustible puente hacia las energías renovables— con proyectos de captura de carbono. La entrada en Venezuela encaja en esa narrativa: acceso a reservas abundantes con potencial de bajo impacto ambiental si se gestionan con estándares internacionales.
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Un memorándum que puede cambiar para siempre el destino energético de Venezuela
El desafío real comenzará después de la firma. La historia reciente de Venezuela está marcada por acuerdos energéticos que no llegaron a materializarse por obstáculos burocráticos, inestabilidad institucional o sanciones internacionales. Sin embargo, el nuevo entorno creado por la reforma de enero de 2026, junto con la presión por diversificar fuentes de gas ante la reducción del suministro ruso a Europa, crea condiciones distintas a las de cualquier momento previo.
El convenio con BP no solo contempla la actividad técnica en el área marítima, sino que formaliza el regreso operativo de la gigante británica al país, con oficina propia, equipos instalados y campos identificados. Si Caracas y Londres logran traducir este memorándum en operaciones concretas antes de que cierre 2026, la producción de gas venezolano podría redefinir las relaciones energéticas del hemisferio en la próxima década.



