En Venezuela sería fácil para la oposición ganar las elecciones: lo difícil sería la transición

La actual coyuntura política en Venezuela plantea un escenario electoral singularmente favorable para la oposición, marcado no solo por el desgaste del gobierno de Nicolás Maduro sino también por una creciente exigencia de cambio entre la población. Sin embargo, el desafío más grande parece no estar en la obtención de una victoria electoral, sino en lo que viene después: la transición. La trama política venezolana, tejida de complejidades y contradicciones, sugiere que la verdadera batalla comenzará una vez se anuncien los resultados.

Este análisis se basa en la entrevista realizada por Alonso Moleiro, corresponsal del diario español El País y autor del libro “Sólo los estúpidos no cambian de opinión”. Moleiro, con una trayectoria de más de dos décadas en el periodismo venezolano, ha capturado en sus reportajes la evolución política del país, ofreciendo una mirada crítica y profunda sobre la dinámica entre el chavismo y la oposición. En su reciente trabajo titulado: “Manuel Rosales: “Si María Corina puede presentarse, yo le entrego mi candidatura””, Moleiro aborda las perspectivas de Manuel Rosales, un veterano de la política venezolana y figura emblemática dentro de la oposición.

Arenas movedizas de la transición

Manuel Rosales, gobernador del Zulia y candidato presidencial, representa una faceta interesante de la oposición venezolana. Su capacidad de sobrevivir políticamente, de coexistir con el chavismo manteniendo una línea moderada, y su reciente postulación como candidato presidencial, ponen de manifiesto las complejidades de la política venezolana. Aunque Rosales insiste en que su candidatura tiene como objetivo salvar a la oposición del vacío abstencionista y negociar una transición pacífica, su figura genera división tanto entre sus seguidores como entre sus críticos.

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La transición, ese período crítico que seguiría a un hipotético cambio de gobierno, se erige como el mayor desafío. No se trata solo de ganar unas elecciones, sino de cómo gestionar el poder en un país profundamente dividido y con instituciones debilitadas por años de control chavista. Ilustración MidJourney

La transición, ese período crítico que seguiría a un hipotético cambio de gobierno, se erige como el mayor desafío. No se trata solo de ganar unas elecciones, sino de cómo gestionar el poder en un país profundamente dividido y con instituciones debilitadas por años de control chavista. La experiencia de Rosales, quien ya ha enfrentado el desafío de gobernar el Zulia bajo condiciones adversas, ofrece un caso de estudio sobre las potenciales complicaciones y negociaciones que implicaría una transición a nivel nacional.

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Ganar a Maduro parece tangible

En este contexto, la oposición venezolana se encuentra ante una encrucijada histórica. La posibilidad de ganar las elecciones parece tangible, impulsada por el descontento popular y la demanda de un cambio político. Sin embargo, la verdadera prueba está en la capacidad de la oposición para unirse, no solo en torno a una candidatura, sino en un proyecto de país que pueda llevar a Venezuela hacia una transición democrática y pacífica. Este proceso requeriría no solo liderazgo y visión, sino también una disposición al diálogo y la negociación con todas las fuerzas políticas y sociales del país.

La situación de María Corina Machado, inhabilitada para competir en las elecciones, y la decisión de Rosales de ofrecer su candidatura en caso de que ella pueda presentarse, resalta la complejidad del tablero político venezolano. La estrategia de la oposición de buscar candidatos alternativos y la posibilidad de negociar con el chavismo plantean interrogantes sobre la sinceridad y viabilidad de estas maniobras. La pregunta sobre si Nicolás Maduro estaría dispuesto a entregar el poder en caso de ser derrotado en las urnas y sumarse a la transición, añade otra capa de incertidumbre al futuro político de Venezuela.

Además, el papel de la comunidad internacional, las sanciones impuestas al país y las relaciones con el chavismo constituyen factores clave que influirán en el proceso de la transición. La capacidad de la oposición para articular una propuesta que no solo convoque a sus bases, sino que también atraiga a sectores moderados del chavismo y genere confianza en la comunidad internacional, será determinante.

Negociar para persistir

En este intrincado escenario, la figura de Rosales, con su experiencia, sus críticas y su propuesta de una transición negociada, ofrece una ventana hacia las complejas dinámicas que definen el futuro político de Venezuela. A pesar de las críticas y las sospechas sobre posibles acuerdos bajo la mesa con el gobierno, su discurso sobre la necesidad de una transición pacífica y dialogada resuena con una porción de la población que, cansada de confrontaciones, busca alternativas viables para el cambio.

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La pregunta sobre si Nicolás Maduro estaría dispuesto a entregar el poder en caso de ser derrotado en las urnas y sumarse a la transición, añade otra capa de incertidumbre al futuro político de Venezuela. Ilustración MidJourney.

El concepto de transición en Venezuela abarca mucho más que el cambio de un gobierno; implica la reconstrucción de un tejido social y político desgarrado por años de polarización. La transición requerirá de esfuerzos significativos para restablecer la confianza en las instituciones públicas, revitalizar una economía devastada y sanar las divisiones sociales. Para Rosales y para cualquier líder que asuma el desafío, la tarea no será solamente alcanzar el poder, sino ejercerlo de manera que permita la reconciliación nacional y siente las bases para una democracia estable y duradera.

Mantener la adaptabilidad

La estrategia electoral de la oposición, que incluye la posibilidad de sustituir candidatos en un contexto de inhabilitaciones políticas y negociaciones complejas, refleja la adaptabilidad y la resiliencia de estos actores frente a un sistema que busca limitar su participación. Sin embargo, esta flexibilidad también suscita dudas sobre la coherencia y unidad de la oposición, aspectos cruciales para convencer a la población de su capacidad para gobernar de manera diferente al chavismo.

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La transición, entonces, no se limita a un evento político o a la transferencia de mando; es un proceso profundo de transformación que debe comenzar incluso antes de las elecciones. Este proceso involucra preparar a la sociedad para los cambios que vendrán, construir acuerdos mínimos sobre el futuro del país y asegurar que todas las voces sean escuchadas en la construcción de ese futuro. La experiencia internacional en procesos de transición demuestra que el éxito de estos esfuerzos depende tanto de la calidad del liderazgo como de la participación activa y comprometida de la sociedad en su conjunto.

Anticipar los desafíos postelectorales

Rosales, con su llamado a una transición negociada, destaca la importancia de anticipar los desafíos postelectorales. Este enfoque pragmático, aunque visto con escepticismo por algunos sectores, puede ofrecer un camino viable si se logra un equilibrio entre las demandas de justicia y la necesidad de estabilidad y reconstrucción nacional. La transición venezolana, por tanto, se perfila como un proceso multifacético que requerirá de sabiduría, paciencia y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la democracia.

Mientras que ganar las elecciones representa un desafío considerable para la oposición venezolana, es apenas el primer paso en el arduo camino hacia la recuperación del país. La verdadera prueba será lograr una transición que no solo cambie el liderazgo, sino que transforme las estructuras de poder y lance a Venezuela hacia un futuro de prosperidad y armonía. En este sentido, el liderazgo, la visión y la capacidad de construir consensos serán fundamentales. El reloj político de Venezuela marca un momento crítico, y el mundo observa atentamente cómo se desenvolverá esta historia de aspiración, desafío y esperanza de cambio.

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Redacción Estoy Al Día
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