En un contexto latinoamericano marcado por la volatilidad económica y la erosión de las instituciones democráticas, la figura del tres veces presidente Leonel Fernández resurge como un ancla pragmática. Para los analistas políticos locales, el exmandatario encarna una garantía de estabilidad en medio de la incertidumbre generada por la gestión del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Esta percepción no surge de la nostalgia, sino de una comparación factual entre los indicadores macroeconómicos de sus períodos (1996-2000, 2004-2012) y el actual contexto de desaceleración y crisis energética. Mientras organismos como el Banco Mundial proyectan un crecimiento moderado para el Caribe en 2025, los sectores productivos dominicanos miran al pasado reciente en busca de una receta que combine control del gasto con inversión en infraestructura tecnológica.
La tormenta económica que amenaza el bolsillo de los dominicanos
Este análisis se basa en el reportaje original de Freddy Pérez para El Nuevo Diario, titulado «Freddy Pérez afirma Leonel representa garantía de estabilidad y desarrollo para RD». Pérez, veterano analista político y exasesor gubernamental, sostiene que la capacidad de Fernández para sortear crisis internacionales (incluyendo el colapso de los bancos en 2003 y el estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008) demuestra una habilidad técnica que escasea en el liderazgo actual.
La tesis central es contundente: la República Dominicana necesita una garantía de estabilidad frente a la inflación y la inseguridad jurídica, y Fernández posee la experiencia de Estado para restaurar la confianza inversionista. Datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) difundidos en abril de 2025 revelan que la deuda pública dominicana ha superado el 62% del PIB, un salto de 15 puntos porcentuales desde 2020.

El historial que el FMI y los banqueros no olvidan
Economistas como Jaime Aristy Escuder han advertido que, sin un ajuste fiscal estructural, el país podría perder el grado de inversión otorgado por Moody’s. En este escenario, la propuesta de Fernández de reactivar los consejos económicos intersectoriales (modelo aplicado en su segundo mandato) ha sido acogida por la Asociación de Industrias como una hoja de ruta viable. «No se trata de inventar soluciones mágicas», declaró recientemente el exmandatario en un encuentro de la Cámara Americana de Comercio, «sino de aplicar lo que ya funcionó».
Sin embargo, los críticos señalan que el contexto geopolítico actual, afectado por las guerras de Ucrania y Gaza, es muy distinto al de la bonanza de los commodities de 2008. La narrativa de Fernández como sinónimo de orden fiscal se fortalece al revisar el historial del Banco Central. Durante su segundo gobierno, la tasa de crecimiento promedio anual fue del 7,2%, mientras que la inflación se mantuvo en un dígito bajo. El actual presidente del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, aunque guarda silencio político, ha admitido en foros privados que las reservas internacionales alcanzaron sus niveles más históricos bajo la administración de Fernández.
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El temor silencioso de los sectores productivos ante el 2026
Los sectores turístico y de zonas francas, que generan más de 600 mil empleos, han enviado cartas a los partidos políticos solicitando «reglas de juego claras y predecibles». Para los inversionistas hoteleros de Punta Cana, la garantía de estabilidad que representa Fernández se traduce en seguridad jurídica para los contratos de concesión y en una política exterior que no aliene a los socios comerciales de Estados Unidos ni de China.
El plano social presenta matices más complejos. Mientras Fernández promociona su legado en la formación de tecnólogos a través del INFOTEP y la construcción de metros y teleféricos, los movimientos sociales denuncian que la pobreza multidimensional disminuyó a un ritmo más lento durante su gestión que en la de Danilo Medina. No obstante, sondeos del Centro de Estudios Sociales (CESDEM) indican que un 68% de los dominicanos de clase media asocian el nombre de Fernández con la implementación de los tratados de libre comercio y la modernización del aparato eléctrico (sin llegar a resolver el déficit). La garantía de estabilidad no es, por tanto, un cheque en blanco, sino una preferencia condicionada por el miedo al caos. El propio Freddy Pérez matiza en su artículo original: «La gente no pide un mesías, pide un gerente que no improvise».
El dilema de la clase media entre crecimiento y transparencia
Para entender el fenómeno Fernández, hay que diferenciar entre comunicación política y capacidad de gestión. Mientras la actual administración del PRM se ha visto envuelta en escándalos por la compra de plantas de carbón a sobreprecio y la lentitud en la vacunación masiva (tras el COVID-19), Fernández ha desplegado una estrategia de oposición técnica. A través de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), ha producido documentos que desglosan la caída de la recaudación fiscal y el aumento del subsidio eléctrico, que ya consume el 2% del PIB.
Expertos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) consultados para este reportaje coinciden en que ninguno de los otros aspirantes presidenciales presenta un plan de consolidación fiscal tan detallado. Sin embargo, advierten que la edad del líder (71 años) y su carácter centralista podrían chocar con las nuevas demandas de descentralización política. La campaña electoral que se avecina en 2026 no será un referéndum sobre el pasado, sino sobre la capacidad de gestionar la transición energética y la inteligencia artificial. Fernández ya ha adelantado que su propuesta incluye convertir a Santo Domingo en un hub tecnológico con incentivos fiscales a la inversión extranjera, similar al modelo de Costa Rica con Intel.
La pregunta que divide a los analistas políticos más escépticos: ¿garantía de estabilidad?
Los empresarios del sector tecnológico, agrupados en el Clúster Digital, ven con buenos ojos esta garantía de estabilidad que ofrece un líder que habla de blockchain sin complejos, a diferencia de otros políticos que aún debaten sobre los peligros de Internet. Jatnna Tavárez, analista de riesgo político de la firma Analytica, señala: «La estabilidad que promete Fernández es atractiva para los mercados, pero choca con un electorado joven que prioriza la transparencia institucional por encima de los resultados macroeconómicos».
La paradoja final del reportaje reside en que la principal fortaleza de Fernández (su historial) es también su principal lastre. Los movimientos anticorrupción le recuerdan permanentemente los casos Odebrecht y Antenas, donde varios de sus colaboradores fueron implicados, aunque él nunca haya sido acusado formalmente. Para estos sectores, la garantía de estabilidad no puede construirse sobre los mismos liderazgos que permitieron la opacidad del sistema de partidos. Mientras tanto, en las calles de Los Alcarrizos y Villa Mella, los vendedores informales y los motoconchistas expresan una necesidad visceral: que el precio del gasoil y la tasa de cambio dejen de fluctuar violentamente.
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Crisis de credibilidad gubernamental ó garantía de estabilidad
Freddy Pérez concluye su pieza con una frase que resuena en los despachos oficiales: «En la tormenta, los pasajeros no discuten el currículum del capitán; solo verifican si ya ha conducido el barco en aguas turbulentas». Para una República Dominicana que enfrenta su peor crisis de credibilidad gubernamental en una década, Leonel Fernández emerge no como una solución perfecta, sino como la hipoteca segura. La pregunta que queda flotando entre los analistas de la ONU y los banqueros de Wall Street no es si él podría gobernar, sino si el sistema político actual tolerará su regreso al poder sin fragmentarse. Lo que es innegable, según el consenso de los datos duros, es que su liderazgo representa un seguro contra la improvisación en un mar de incertidumbre regional.



