¿Por qué los republicanos financian programas que quieren reducir o eliminar? La pregunta no es solo retórica, sino que refleja una de las grandes contradicciones que enfrentan los legisladores conservadores en el Congreso de los Estados Unidos. Pese a que han criticado constantemente el gasto desmedido del gobierno federal, continúan aprobando resoluciones que destinan fondos a iniciativas que rechazan públicamente, un hecho que genera desconcierto tanto entre sus votantes como entre los propios miembros del partido. Esta ambivalencia en su actuar político plantea una interrogante importante sobre las verdaderas intenciones de los republicanos y la coherencia entre su discurso y sus decisiones legislativas.
Andy Biggs, representante del 5º Distrito de Arizona, es uno de los congresistas republicanos que ha levantado la voz sobre este tema. Como colaborador frecuente del portal de periodismo político The Hill, Biggs publicó recientemente un artículo titulado: “¿Por qué los republicanos financian programas que queremos reducir o eliminar?”. En su material, expone con gran claridad cómo los republicanos critican una y otra vez el mal uso de los recursos y el despilfarro gubernamental, pero al mismo tiempo, apoyan resoluciones que perpetúan esos mismos gastos. Esta actitud, según él, ha permitido que se sigan financiando programas que el partido ha prometido desmantelar, lo que lleva a preguntarse si el problema reside en la falta de voluntad política o en una estrategia con intereses ocultos.
Republicanos incongruentes
Un ejemplo claro de esta contradicción es la financiación para la construcción de una nueva sede del FBI. Biggs señala que la resolución continúa aprobando un presupuesto para un edificio que ha sido descrito como una versión moderna del Taj Mahal, a pesar de las múltiples críticas que los republicanos han vertido contra el FBI por su presunta politización y por llevar a cabo vigilancias sin orden judicial contra ciudadanos estadounidenses. La paradoja no se detiene ahí, ya que, según el representante, mientras el partido afirma defender la libertad individual y la privacidad, continúa aprobando fondos para la misma institución que ha investigado a padres preocupados en reuniones escolares, a grupos católicos tradicionales y a mujeres mayores que protestan en clínicas de aborto.

Lo más preocupante es que la incongruencia no se limita a un solo caso. Los republicanos también han sido férreos críticos de la gestión fronteriza de la administración Biden y de la vicepresidenta Kamala Harris, a quienes responsabilizan de la crisis migratoria. Sin embargo, el representante Biggs advierte que la resolución en cuestión sigue financiando programas como la aplicación CBP One, que facilita el ingreso de inmigrantes ilegales mediante citas programadas, y la libertad condicional para inmigrantes de países como Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela. Al final del día, mientras que los republicanos afirman querer frenar la inmigración ilegal, sus votos continúan alimentando el aparato burocrático que la hace posible.
El castigo de la lengua
El artículo de Biggs también destaca el financiamiento a programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI, por sus siglas en inglés) en todo el gobierno federal. Estos programas han sido blanco de duras críticas por parte de los republicanos, quienes los consideran un derroche ideológico que socava la meritocracia y favorece la polarización. No obstante, pese a sus continuos esfuerzos por restringir estas iniciativas, la realidad es que la última resolución que aprobaron siguió destinando recursos a oficinas de DEI y a capacitaciones en la materia. Esta situación genera desconcierto y alimenta la percepción de que las promesas de austeridad no son más que palabras vacías.
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El representante Biggs lleva su análisis más allá y no deja de lado temas que son particularmente sensibles para el partido republicano, como la salud y la defensa de los valores conservadores. En su artículo, destaca que, aunque la mayoría de los estadounidenses —y en especial los votantes republicanos— se oponen a las restricciones de mascarillas y a las obligaciones de vacunación, la resolución actual sigue financiando estos mandatos. De igual manera, aunque el partido se ha manifestado en contra de las investigaciones de ganancia de función en laboratorios extranjeros como el Instituto de Virología de Wuhan, la resolución sigue destinando fondos a estas actividades.
¿Las armas también?
La paradoja llega a un punto crítico cuando se abordan cuestiones como el control de armas y la defensa de la Segunda Enmienda, una piedra angular del conservadurismo estadounidense. Los republicanos, que se posicionan como los principales defensores del derecho a portar armas, continúan financiando a la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), la cual, según Biggs, ha impuesto restricciones y regulaciones que limitan los derechos de los propietarios de armas. Las leyes de bandera roja, las verificaciones de antecedentes extendidas y la aplicación de la Regla de la Pistola Brace son solo algunos ejemplos de las políticas que, a pesar de las promesas de resistencia, siguen siendo financiadas por las mismas resoluciones que aprueba el partido.
El caso de la Organización Mundial de la Salud (OMS) también es paradigmático. Biggs subraya que la resolución vigente destina más de 220 millones de dólares a esta organización solo durante tres meses. Sin embargo, los republicanos han sido críticos constantes de la OMS y de su supuesta falta de transparencia durante la pandemia. Esta incoherencia entre el discurso y la acción ha llevado a cuestionamientos sobre si el partido realmente cree en las políticas que defiende o si se ha visto atrapado en un ciclo de compromisos y negociaciones que traicionan sus principios fundamentales.

El tema de la CPI y la CIJ
Uno de los puntos más álgidos que expone el representante es el financiamiento a la Corte Penal Internacional y a la Corte Internacional de Justicia, dos entidades que los republicanos han denunciado como antiestadounidenses. Y, sin embargo, la resolución sigue destinando fondos a estas instituciones. La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué un partido que se jacta de su defensa de la soberanía nacional y de los valores estadounidenses sigue financiando organismos que, según sus propias palabras, atentan contra esos mismos principios?
La respuesta, según Biggs, podría residir en el propio sistema legislativo. Los republicanos, al igual que sus contrapartes demócratas, se ven atrapados en la dinámica de las resoluciones continuas, un mecanismo que permite que el gobierno siga funcionando incluso sin un presupuesto formal. Este mecanismo, aunque necesario para evitar el cierre del gobierno, perpetúa un ciclo de financiamiento automático que rara vez se ajusta a las prioridades del momento. Como resultado, los legisladores terminan apoyando medidas que contradicen sus propias promesas, atrapados entre la espada de la operatividad gubernamental y la pared de sus principios.
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Al final, el reportaje de Biggs se convierte en una acusación no solo contra la administración actual, sino contra su propio partido. Los republicanos, que se presentan como los campeones de la austeridad y de la reducción del tamaño del gobierno, se han convertido en participantes activos del mismo despilfarro que denuncian. La contradicción es evidente, y la pregunta queda en el aire: ¿hay un por qué detrás de esta incongruencia o simplemente se trata de la inevitable hipocresía de la política? Al menos por ahora, los votantes deberán decidir si la retórica de los republicanos coincide con la realidad de sus acciones o si el discurso se ha desvanecido entre la maraña de resoluciones continuas y presupuestos que siguen financiando lo que dicen querer eliminar.

