Desacuerdo con Arturo McFields: Supuestos autócratas de Latinoamérica no le temen a Trump

Los recientes comentarios de Arturo McFields sobre el “efecto Trump” y su impacto en las dictaduras de América Latina han desatado un debate sobre la realidad del miedo que, según él, sienten los líderes autoritarios de la región. En su artículo publicado en The Hill , McFields argumenta que Nicolás Maduro, Daniel Ortega y el régimen cubano están en pánico ante la perspectiva de un retorno de Donald Trump al poder en 2025. Sin embargo, una revisión más detallada de las dinámicas políticas actuales que estos autócratas, en realidad, no le temen a Trump. Por el contrario, parecen estar ajustando sus estrategias para continuar manteniendo el control sin importar quién ocupa la Casa Blanca.

Arturo McFields, ex embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y periodista exiliado, es conocido por su postura crítica hacia las dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba. En su editorial titulado: El efecto Trump: las dictaduras de América Latina ya están en pánico, McFields describe cómo estos regímenes estarían tomando medidas previsoras en respuesta a la política exterior que podría implementar un segundo mandato de Trump. Según el autor, la promesa de Trump de “paz a través de la fuerza” evoca la estrategia de Ronald Reagan en los años 80, sugiriendo que las dictaduras latinoamericanas temen un endurecimiento de las sanciones y una mayor presión internacional. Sin embargo, la realidad muestra que las respuestas de estos regímenes podrían estar menos vinculadas al temor y más orientadas a sus propios intereses de supervivencia.

Managua, La Habana y Caracas no le temen a Trump

La afirmación de McFields de que los autócratas están en pánico no resiste el escrutinio si se consideran las acciones recientes de estos líderes. Nicolás Maduro, por ejemplo, ha prometido elecciones libres, pero esta no es una novedad ni un gesto auténtico de apertura democrática. Desde el inicio de su régimen, Maduro ha utilizado la táctica de las negociaciones para ganar tiempo, dividir a la oposición y buscar alivio de las sanciones. Es una estrategia recurrente que Maduro ha perfeccionado independientemente de quién ocupe la presidencia en Estados Unidos. En este sentido, no le temen a Trump porque, en realidad, han aprendido a navegar las complejidades de la política exterior estadounidense, adaptándose a las variaciones entre administraciones demócratas y republicanas.

Una revisión más detallada de las dinámicas políticas actuales de Caracas, Managua y La Habana, dicen que, en realidad, no le temen a Trump. Por el contrario, parecen estar ajustando sus estrategias para continuar manteniendo el control sin importar quién ocupa la Casa Blanca. Ilustración MidJourney

En Nicaragua, Daniel Ortega también ha demostrado una capacidad similar para maniobrar bajo presión internacional. Según McFields, las recientes reformas constitucionales radicales en Nicaragua reflejan un intento desesperado por consolidar el poder ante el temor a Trump. Sin embargo, estas medidas parecen más bien la continuación de un patrón de control absoluto que Ortega ha perseguido durante años, sin importar quién esté al mando en Washington. La represión sistemática, las expulsiones y la persecución de la oposición son tácticas que Ortega ha utilizado consistentemente, mostrando que no le temen a Trump, sino que más bien actúan para reforzar su posición frente a cualquier amenaza, interna o externa.

Cuba lleva décadas sobreviviendo

El caso de Cuba también contradice la narrativa de McFields. La intensificación de la represión y la vigilancia en la isla no es un fenómeno nuevo, sino una constante en el modus operandi del régimen castrista. Aunque McFields sugiere que la administración de Trump sería una “pesadilla” para los líderes cubanos, la experiencia previa demuestra que estos regímenes han sobrevivido décadas de sanciones, aislamiento y presión internacional. No le temen a Trump porque han desarrollado una política de resiliencia que les permite resistir incluso las políticas más agresivas de Estados Unidos. Además, su capacidad para establecer alianzas estratégicas con potencias como Rusia, China e Irán les ofrece un margen de maniobra que reduce significativamente la influencia de cualquier administración estadounidense.

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Un análisis más profundo de las declaraciones de McFields revela una interpretación excesivamente optimista sobre el impacto del “efecto Trump”. Si bien es cierto que una administración republicana podría adoptar una postura más firme hacia estos regímenes, no hay evidencia concreta de que esto genere un cambio significativo en su comportamiento. La liberación de algunos presos políticos en Venezuela, por ejemplo, podría interpretarse como un gesto táctico destinado a mejorar las relaciones internacionales, no como una señal de miedo genuino. En este sentido, no le temen a Trump porque han aprendido a jugar el juego diplomático, presentando concesiones superficiales que no comprometen su control interno.

Otro aspecto que merece atención es la mención de McFields sobre la influencia de figuras como el senador Marco Rubio y el representante Michael Waltz. Si bien es cierto que estos políticos han sido críticos vocales de las dictaduras en América Latina, su impacto real en las políticas de estos regímenes ha sido limitado. Los líderes autoritarios de la región han demostrado una notable capacidad para resistir la presión internacional, utilizando narrativas de resistencia al imperialismo para fortalecer su legitimidad interna. En lugar de temer a Trump, parecen utilizar su figura como una herramienta para consolidar su discurso antiestadounidense, presentándose como víctimas de una política exterior agresiva.

La narrativa de que los autócratas de América Latina están en pánico ante el regreso de Trump al poder simplificar en exceso una realidad política mucho más compleja. Estos líderes han demostrado una notable capacidad para adaptarse a diferentes contextos internacionales, utilizando estrategias que garantizan su supervivencia independientemente de quién esté en la Casa Blanca. Ilustración MidJourney.

El miedo está en la casa que no es blanca

La perspectiva de McFields también omite un factor clave: las dinámicas internas de estos regímenes. Tanto en Venezuela como en Nicaragua y Cuba, el verdadero desafío no proviene de la presión externa, sino de las crecientes tensiones internas derivadas de la crisis económica, la falta de legitimidad y el descontento social. En este contexto, no le temen a Trump porque sus prioridades están enfocadas en controlar sus propios problemas internos. Los gestos hacia la comunidad internacional, como promesas de diálogo o reformas constitucionales, son tácticas calculadas para desviar la atención de su deterioro interno.

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La narrativa de que los autócratas de América Latina están en pánico ante el regreso de Trump al poder simplificar en exceso una realidad política mucho más compleja. Estos líderes han demostrado una notable capacidad para adaptarse a diferentes contextos internacionales, utilizando estrategias que garantizan su supervivencia independientemente de quién esté en la Casa Blanca. Si bien la política exterior de Trump podría generar nuevos desafíos, no hay evidencia de que esto inspire un miedo genuino en los regímenes de Maduro, Ortega o el liderazgo cubano. Por el contrario, sus acciones recientes indican que no le temen a Trump, sino que continúan operando bajo las mismas premisas que han sustentado sus regímenes durante décadas.

 

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Redacción Estoy Al Día
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