Pacifistas de smartphone solo hablan del conflicto Israel-Hamás ¿Hay más guerras?

En la era digital, los pacifistas de smartphone, esos seres ingenuos que miran el mundo a través de las cuentas que siguen en redes sociales, parecen haberse estancado en una burbuja informativa. Sus cámaras de eco están inundadas con noticias sobre el conflicto entre Israel y Hamás, a tal punto que otros enfrentamientos bélicos, como la invasión rusa de Ucrania, han perdido protagonismo.

Sin embargo, un reciente trabajo periodístico de la BBC Mundo revela una realidad alarmante: el planeta es hoy más violento que a principios de este siglo y, para finales de 2023, se espera que al menos ocho grandes guerras y decenas de conflictos armados de menor intensidad estén activos.

Pacifistas de smartphone

El conflicto entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, que acumula miles de muertos desde el 7 de octubre, y la prolongada guerra en Ucrania, que marcará dos años en febrero de 2024, son solo la punta del iceberg. Los pacifistas de smartphone deben advertir que hay conflictos a gran escala azotan también Burkina Faso, Somalia, Sudán, Yemen, Myanmar, Nigeria y Siria. La mayoría de estos países se encuentra en África, con algunos en Asia y uno en Oriente Medio.

Pacifistas de smartphone
El planeta es hoy más violento que a principios de este siglo y, para finales de 2023, se espera que al menos ocho grandes guerras. Ilustración MidJourney

Therese Petterson, coordinadora del Programa de Datos de Conflictos de Uppsala (UCDP), un proyecto sueco que provee datos verificados sobre conflictos y es referencia para organismos como la ONU y el Banco Mundial, afirma que «seguramente habrá al menos ocho guerras hasta final de año, pero probablemente sean más”.

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La definición de guerras y conflictos varía, pero una de las más adoptadas, utilizada por el UCDP y grupos internacionales de estudios, se basa en el número de muertes: las guerras son conflictos que alcanzan al menos 1.000 muertes en batallas en un año, mientras que los conflictos armados son disputas por territorios o poder que resultan en al menos 25 muertes en batallas en un año.

Activistas por la paz son requeridos

Los pacifistas de smartphone, si desean evolucionar a activistas por la paz, necesitan conocer estos datos. Es sencillo manifestarse en Berlín, Oslo, Helsinki o Berna, enfocándose exclusivamente en el conflicto israelí-palestino, pero ignorar que «el número de conflictos ha aumentado y el número de muertes relacionadas con combates ha aumentado en un 97% solo en 2022, con un aumento de más del 400% desde el inicio de la década de 2000», como señala Magnus Öberg, director del UCDP, en una entrevista con BBC News.

Paul B. Stares, jefe del Centro de Acción Preventiva del Council of Foreign Relations, afirma que «varias organizaciones han observado definitivamente un aumento en los niveles de conflictos armados en los últimos años, después de décadas en las que se mantuvieron históricamente bajos». Las guerras más visibles, como la de Israel-Hamás y la de Rusia-Ucrania, atraen atención por el riesgo de propagarse e involucrar a grandes potencias. Sin embargo, otros factores como la proximidad de los conflictos a grandes centros de población, las restricciones a la circulación de periodistas y ONG, y la disponibilidad de registros en redes sociales también influyen en su visibilidad.

Pacifistas de smartphone
En la “invisible” Myanmar, por ejemplo, la lucha contra el régimen militar ha provocado una crisis humanitaria que afecta a millones. Ilustración MidJourney

Morir por falta de atención

La falta de atención a ciertas guerras y conflictos puede afectar su desarrollo y la presión internacional para un alto el fuego o la apertura de corredores humanitarios. Según Stares, «niveles elevados de preocupación o indignación» en las poblaciones de grandes potencias económicas y militares influyen en la disposición de estos países a «dedicar atención y recursos» a pacificar lugares en conflicto. «Muchos factores pueden explicar esto, desde las crecientes tensiones económicas y sociales en Estados frágiles hasta el aumento de las tensiones entre las grandes potencias e incluso los efectos iniciales del cambio climático», añade.

Sin embargo, muchas de estas guerras y conflictos, pese a la muerte y destrucción que acarrean, no reciben mucha atención en todo el mundo. La realidad es que los pacifistas de smartphone, encerrados en sus burbujas informativas, apenas rasguñan la superficie de un mundo convulso y violento. El desafío es grande: trascender las pantallas y convertirse en verdaderos activistas informados y comprometidos con la paz global. Solo así podrán contribuir de manera significativa a la solución de conflictos que, aunque distantes y a menudo invisibles, son igualmente devastadores.

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Burkina Faso o Myanmar: Invisibles

Este panorama global ignora con frecuencia conflictos que, aunque menos mediáticos, son igualmente devastadores. Los enfrentamientos en países como Burkina Faso o Myanmar no suelen aparecer en los titulares occidentales, pero esto no disminuye su gravedad. En Myanmar, por ejemplo, la lucha contra el régimen militar ha provocado una crisis humanitaria que afecta a millones, mientras que en Burkina Faso, la violencia yihadista ha desplazado a cientos de miles. Estas situaciones merecen una atención equivalente, ya que cada guerra, grande o pequeña, lleva consigo una estela de sufrimiento y destrucción.

Además, hay una dimensión adicional que los pacifistas de smartphone deben considerar: el impacto de la guerra en las esferas económica y medioambiental. Los conflictos no solo devastan infraestructuras y comunidades, sino que también crean inestabilidad en los mercados globales, afectando el precio de los alimentos y los recursos energéticos. El cambio climático, por otro lado, está emergiendo como un catalizador de conflictos, exacerbando las tensiones en regiones ya vulnerables. Estos factores interconectados demuestran que las guerras no son fenómenos aislados; su impacto reverbera a nivel mundial, afectando incluso a aquellos que se encuentran lejos de las líneas de frente.

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Redacción Estoy Al Día
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