Tras una larga disputa legal, el enfrentamiento que dividió en dos el nacimiento de la inteligencia artificial moderna llegará esta semana a una corte federal en el norte de California. En este sentido, Tras una larga disputa legal, el juicio entre Elon Musk y Sam Altman, CEO de OpenAI, determinará si la empresa más influyente del sector puede seguir existiendo como una entidad con fines de lucro. Sin embargo, Tras una larga disputa legal, lo que comenzó como una alianza fundacional en 2015 para desarrollar IA en beneficio de la humanidad se ha convertido en una batalla por el control de una tecnología valuada en más de 80 mil millones de dólares.
El sueño solidario que se fracturó en Silicon Valley
Este reportaje está basado en la investigación original de Michelle Kim, periodista sénior del MIT Technology Review, medio para el cual ha cubierto durante una década las intersecciones entre innovación tecnológica y regulación. Kim, ganadora del Premio de Periodismo Científico de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia en 2022, publicó la pieza titulada “Elon Musk y Sam Altman van a los tribunales por el futuro de OpenAI”, que sirve como base documental de esta crónica.
Musk presentó la demanda en marzo ante el Tribunal Superior del Condado de San Francisco, alegando que Altman y el presidente Greg Brockman lo indujeron a financiar la organización con promesas incumplidas. Según el escrito legal al que tuvo acceso este medio, el cofundador de Tesla asegura haber aportado más de 44 millones de dólares en los primeros tres años, convencido de que OpenAI permanecería como una organización sin ánimo de lucro dedicada exclusivamente al bien común. La Fundación Mozilla, que sigue de cerca el caso, ha señalado en un informe de abril que “el desenlace podría sentar un precedente global sobre cómo se estructuran legalmente los laboratorios de IA de vanguardia”.
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Tras una larga disputa legal: Filtraciones y correos que incomodan a los fundadores
Tras una larga disputa legal, los documentos internos filtrados a la prensa durante la fase de descubrimiento revelan correos electrónicos de 2017 donde Altman ya exploraba modelos híbridos con inversores de Silicon Valley. La reestructuración de 2019, que creó una filial con ánimo de lucro bajo el paraguas de la fundación original, multiplicó por diez la capacidad de inversión de OpenAI. Empresas como Microsoft inyectaron 13 mil millones de dólares, y la valoración de la compañía se disparó. El economista Jeffrey West, de la Brookings Institution, declaró a este periódico que “el caso expone la tensión irresuelta entre el idealismo fundacional del movimiento tecnológico y las exigencias de escala del capitalismo de riesgo”.
Altman ha negado sistemáticamente los cargos. En una declaración jurada presentada al tribunal el mes pasado, sostuvo que Musk abandonó la junta directiva en 2018 por su propia voluntad, tras perder una lucha interna por el control tecnológico. Según Altman, el magnate pretendía fusionar OpenAI con Tesla para desarrollar inteligencia artificial general dentro de la automotriz, una estrategia que los demás cofundadores consideraron incompatible con la misión declarada. El informe anual del Stanford Institute for Human-Centered AI, publicado en enero, registra que al menos 17 demandas similares por “desviación del propósito fundacional” se han presentado contra laboratorios de IA en los últimos tres años, aunque ninguna con figuras de este calibre.
Lo que el juez Orrick decidirá en tres días clave
El juez William H. Orrick, mismo magistrado que presidió el histórico caso Oracle vs. Google, ha programado tres días de audiencias. La decisión podría incluir desde la disolución de la estructura con fines de lucro hasta la destitución de la actual cúpula directiva. Expertos legales consultados por este medio estiman que, incluso en un escenario moderado, el fallo retrasaría entre 18 y 24 meses la oferta pública inicial que OpenAI planeaba para finales de 2026. La Comisión de Bolsa y Valores ha declinado comentar, pero fuentes internas confirman que monitorean el litigio por sus implicancias en el mercado de tecnológicas emergentes.
Tras una larga disputa legal, el juicio expone también la fragilidad de las estructuras de gobernanza en la inteligencia artificial. La organización sin ánimo de lucro original —que hoy posee el control nominal sobre la filial rentable— está integrada por un consejo reducido donde Altman conserva influencia decisiva. Musk pide la nulidad de todas las transferencias de activos desde 2019 y la restitución de OpenAI como laboratorio exclusivamente benéfico. La Unión Europea, a través de su Observatorio de IA, ha solicitado acceso a los documentos del caso para evaluar si este modelo híbrido viola las nuevas regulaciones comunitarias de riesgo sistémico.
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Más del 60% de los estadounidenses ignora el origen benéfico de OpenAI
El impacto trasciende lo legal. Una encuesta realizada por el Pew Research Center en febrero indica que el 63% de los estadounidenses desconoce que la empresa detrás de ChatGPT comenzó como una fundación sin fines de lucro. El porcentaje supera el 70% entre los menores de 30 años, según datos del Digital Future Lab de la USC.
Para la socióloga tecnológica Mariana Costa, autora de “La ilusión altruista”, se trata de “una brecha narrativa que beneficia al statu quo corporativo, permitiendo que el relato de la innovación por el bien común oculte concentraciones reales de poder económico”.
Un fallo que puede retrasar dos años la salida a bolsa: Tras una larga disputa legal
El calendario judicial prevé los alegatos de apertura para el próximo jueves. Musk ha solicitado testificar en persona, mientras Altman opta por declaración remota desde la sede de OpenAI en San Francisco. Decenas de manifestantes de movimientos por una IA ética se han registrado para protestar en los exteriores del juzgado.
Lo que ocurra dentro determinará si el modelo fundacional de OpenAI sobrevive o se consolida definitivamente como una historia de origen incómoda para el capitalismo tecnológico.



