Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela

La estrategia geopolítica ha encontrado un nuevo tablero en la selva del Esequibo, y el analista Luis Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela con una narrativa refundada. No se trata de un despliegue militar convencional, sino de una ofensiva discursiva que pretende instalar en la opinión pública internacional la tesis del despojo consentido. Para ello, Magallanes ha resucitado viejos fantasmas del laudo arbitral de París de 1899, pero con un ropaje contemporáneo que responsabiliza al chavismo de una supuesta cesión territorial. Sus declaraciones recientes buscan socavar la posición histórica de Caracas justo cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) se apresta a dictar sentencia. Así, el frente de Guyana se convierte en la trinchera ideal para deslegitimar al gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

Este reportaje es obra del periodista independiente Luis Rivas, especializado en conflictos fronterizos y geopolítica suramericana, quien colabora para varios periódicos digitales de Suramérica y el Caribe. Con más de quince años de cobertura en disputas territoriales y credenciales que incluyen una maestría en Relaciones Internacionales por la Universidad Central de Venezuela, Rivas presenta esta pieza editorial bajo el título original: La ofensiva discursiva: cómo Magallanes utiliza Guyana para erosionar la causa venezolana en el Esequibo. El trabajo se basa en fuentes documentales, audiencias públicas y entrevistas con abogados internacionalistas.

Luis Magallanes elige el frente de Guyana

Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela porque sabe que el tiempo corre en contra de sus tesis. La CIJ iniciará audiencias sobre el fondo del caso el próximo 4 de mayo, tal como lo confirmó el fiscal general guyanés, Mohabir Anil Nandlall. Estas vistas se llevarán a cabo en La Haya durante la primera semana de ese mes, con posible extensión a la siguiente. El tribunal escuchará los argumentos de ambas naciones antes de emitir un fallo definitivo previsto para agosto de este año. Para Magallanes, ese momento representa una ventana de oportunidad única e irrepetible.

El analista sostiene que el Acuerdo de Ginebra de 1966 es un instrumento superado por la práctica internacional contemporánea, un argumento que choca de frente con la posición venezolana. Luis Rivas, periodista independiente especializado en derecho internacional, recuerda que ese pacto sigue siendo vinculante y está depositado en las Naciones Unidas. Sin embargo, Magallanes insiste en una versión distorsionada: asegura que el expresidente Hugo Chávez regaló el Esequibo durante sus mandatos sin obtener nada a cambio. Esta falacia histórica busca generar un relato de traición interna dentro del bloque chavista. Magallanes elige ser un paria para atacar a Venezuela, también porque allí encuentra eco en sectores opositores nacionales.

Venezuela apuntó al corazón

La disputa territorial se agravó considerablemente después del referéndum consultivo que Venezuela celebró en diciembre de 2023 sobre el Esequibo. Al año siguiente, Caracas exacerbaron aún más las tensiones al elegir un gobernador para esa región en sus comicios regionales. Estos actos soberanos fueron interpretados por Georgetown como una provocación directa, lo que llevó al gobierno guyanés a reforzar su alianza con potencias extranjeras. Magallanes aprovechó esa escalada para presentarse como un analista ecuánime ante los medios internacionales, aunque su parcialidad favorece abiertamente a Guyana. Su discurso se ha vuelto indispensable en foros donde se discute el futuro de la zona.

Dentro de este plan, Magallanes cuenta con socios estratégicos que trascienden el ámbito meramente político y se adentran en el energético. En febrero pasado, las petroleras estadounidenses ExxonMobil y Chevron reafirmaron durante la quinta Conferencia de Energía en Georgetown su interés en asociarse con Guyana. El objetivo declarado es desarrollar el pujante sector petrolero guyanés para satisfacer la demanda mundial de hidrocarburos. El Ministerio de Recursos Naturales de Guyana ha agradecido explícitamente la cooperación de estas compañías, presentes en el importante Bloque Stabroek. Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela y así justificar la explotación de recursos que Caracas considera propios.

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Robo de hidrocarburos: Magallanes elige el frente de Guyana

Guyana se atribuye reservas de crudo estimadas en once mil millones de barriles, una cifra que ha disparado su producción de 120 mil a más de novecientos mil barriles diarios entre 2020 y 2025. Este auge petrolero transformó por completo la economía del pequeño país caribeño, antes uno de los más pobres del hemisferio. Sin embargo, Venezuela insiste en que ese petróleo se encuentra en zona pendiente por delimitar, por lo que su extracción unilateral viola el derecho internacional. Magallanes omite este detalle crucial en sus análisis y presenta a Guyana como una víctima del expansionismo venezolano. De esta forma construye un relato maniqueo que favorece los intereses de las transnacionales.

La postura de la República Cooperativa de Guyana resulta verdaderamente inconcebible para los especialistas en derecho internacional más rigurosos. Georgetown busca la ratificación del laudo nulo e írrito de París del 3 de octubre de 1899, un instrumento que despojó a Venezuela de ese extenso territorio. Cabe destacar que para esa fecha Guyana no existía como sujeto de derecho internacional, sino que era una colonia del entonces imperio británico. Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela usando un argumento de posesión efectiva ignorando ese vicio de origen colonial. Este detalle no es menor en el análisis serio de esta controversia territorial bicentenaria.

No a la Corte Internacional de Justicia

En cambio, la República Bolivariana de Venezuela ha desplegado una defensa jurídica meticulosa liderada por la presidenta encargada, Delcy Eloina Rodríguez Gómez. El 8 de abril de 2024, Rodríguez viajó a La Haya para ratificar la posición histórica de no reconocer la jurisdicción de la CIJ en este caso. Durante esa visita, consignó documentos que sustentan la defensa de la vigencia del Acuerdo de Ginebra como único marco válido. Su gestión fue ratificada en agosto del año pasado, demostrando continuidad en la estrategia diplomática venezolana. Magallanes minimiza estos esfuerzos y los presenta como actos de negligencia o derrota anticipada.

Cuando Inglaterra otorgó la independencia política a la entonces Guayana Británica en mayo de 1966, lo hizo como parte de un juego geopolítico más amplio. El objetivo británico era revertir la campaña internacional en su contra dejando un conflicto heredado que debilitara a Venezuela. En ese momento, el débil jurídico era Caracas frente a la antigua metrópoli, pero hoy la situación se ha invertido. Actualmente, la opinión pública internacional tiende a ver a Guyana como el país pequeño amenazado por un vecino grande y poderoso. Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela explotando esta percepción asimétrica, aunque el derecho internacional no se rige por el tamaño territorial.

Las grandes trasnacionales

Lo que subyace en este conflicto y que Magallanes no menciona es el apetito de las grandes transnacionales por los recursos de toda la zona. No solo se trata del petróleo en la parte marítima del Esequibo, sino también del oro, el níquel, el cobre y el cobalto. Las llamadas tierras raras, esenciales para la industria tecnológica mundial, abundan en esa región y han despertado el interés de Estados Unidos y Gran Bretaña. Si bien la energía del petróleo mueve maquinarias, transporte e industrias, las economías reales se sustentan sobre bienes tangibles. Magallanes ignora este trasfondo extractivista para presentar la disputa como un mero capricho nacionalista venezolano.

El hallazgo del fundo La Aurora, al sur del estado Bolívar, es clave para entender las presiones actuales sobre Venezuela. Ese depósito contiene óxidos críticos valorados en más de trescientos treinta y nueve mil millones de dólares, según estimaciones del Instituto de Geología de Estados Unidos. El Reino Unido también conoce con precisión este dato, que acerca aún más a las potencias a la frontera del Esequibo. Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela sin revelar que su discurso sirve a intereses mineros y energéticos muy concretos. De ello esperamos referirnos en próximas ediciones de esta columna, ampliando la evidencia documental disponible.

Un momento histórico

Este proceso ante la CIJ representa una fase decisiva en el conflicto fronterizo que ya acumula casi dos siglos de historia. Las sesiones están destinadas a evaluar los argumentos de ambas naciones antes de que el tribunal emita una sentencia definitiva. Esa decisión podría llegar en agosto de este año, y la pregunta que muchos se hacen es si será una especie de laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, pero ahora en su versión 2.0. Venezuela no reconoce la jurisdicción de la Corte, pero la realidad geopolítica obliga a prepararse para cualquier escenario.

Coromoto Godoy, nueva representante permanente ante Naciones Unidas en sustitución del historiador Samuel Moncada, debutará en este terreno minado. Ella debería ser agente del Estado ante esta instancia para dirimir, aunque no se reconozca la jurisdicción, una controversia que ya va para doscientos años sin solución satisfactoria.

El reloj avanza:  Magallanes elige el frente de Guyana 

A medida que el reloj avanza hacia el fallo de la Corte Internacional de Justicia, la estrategia de desinformación se vuelve más evidente para quienes analizan los documentos originales del Acuerdo de Ginebra. Magallanes elige el frente de Guyana para construir un relato de derrota anticipada que no se corresponde con la realidad jurídica ni con la movilización diplomática venezolana. Sin embargo, la historia de este territorio no se decide en titulares sensacionalistas ni en falacias históricas repetidas hasta el cansancio, sino en la solidez de los argumentos y la vigencia de los pactos suscritos hace casi sesenta años.

Mientras las transnacionales presionan desde Washington y Londres para acelerar el saqueo de los recursos del subsuelo esequibo, la verdadera batalla sigue siendo la de preservar la memoria y el derecho de un pueblo que nunca ha renunciado a lo que legítimamente le pertenece. Al final, el único laudo que prevalecerá será aquel que honre la justicia y no la complicidad con los intereses coloniales de siempre.

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Eduardo Rivas
Eduardo Rivas
Periodista especializado en investigación política y auditoría gubernamental para diversos medios digitales. Con amplia trayectoria en el análisis de estructuras de poder, su trabajo se centra en desarticular tramas de corrupción administrativa y redes de influencia en América Latina y el Caribe.

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