¿Los robots sociales están por asumir roles estelares en el sistema educativo humano?

En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, surge una pregunta que retumba en los pasillos de las instituciones educativas: ¿Están los robots sociales a punto de asumir roles protagónicos en el sistema educativo humano? Esta interrogante no solo plantea un futuro fascinante, sino que también despierta un sinfín de debates y especulaciones.

Gerald K. LeTendre, profesor de Administración Educativa en Penn State, ha explorado un ángulo particularmente interesante: el impacto potencial de los robots sociales en la educación de los estudiantes estadounidenses. Los robots sociales, esas máquinas capaces de hablar, imitar y responder a las emociones humanas, ya han comenzado a infiltrarse en las aulas alrededor del mundo. Desde leer cuentos a preescolares en Singapur hasta ayudar a niños iraníes a aprender inglés, estos robots están traspasando barreras culturales y educativas.

La revolución de los robot sociales

Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿Cómo nos sentiríamos si un robot fuera el maestro de nuestros hijos? Esta inquietud no es menor, especialmente considerando que algunos expertos anticipan que estos robots podrían llegar a ser tan comunes en las aulas como lo son hoy en día el papel, las pizarras y las tabletas. Pero, ¿estamos realmente preparados para este cambio?

robots sociales
Estudios han mostrado que los niños pequeños a veces aceptan a estos robots como compañeros. En un estudio sobre la escritura a mano en Suiza, un niño de cinco años continuó enviando cartas a un robot incluso meses después de terminadas las interacciones. Ilustración MidJourney

Los robots sociales, al tener un cuerpo, provocan una reacción distinta en los humanos comparada con la que tendríamos frente a una pantalla de computadora. Estudios han mostrado que los niños pequeños a veces aceptan a estos robots como compañeros. En un estudio sobre la escritura a mano en Suiza, un niño de cinco años continuó enviando cartas a un robot incluso meses después de terminadas las interacciones. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿están los robots sociales listos para ser más que simples herramientas educativas?

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Presentamos a «Pepper»

LeTendre y su estudiante de posgrado Raisa Gray llevaron esta investigación un paso más allá al introducir a «Pepper», un robot humanoide de cuatro pies de altura, en una escuela primaria y secundaria pública en EE. UU. A través de esta experiencia, descubrieron múltiples problemas con la generación actual de robots sociales, lo que sugiere que aún no están listos para gestionar aulas de manera independiente.

Uno de los principales desafíos identificados fue la interacción limitada de los robots en entornos reales. En muchos casos, se utilizan técnicas del «Mago de Oz», donde una persona controla el robot de forma remota, creando la ilusión de interacción autónoma. Además, los robots actuales enfrentan dificultades para manejar el ruido de fondo y para reconocer y responder adecuadamente a las expresiones faciales y gestos de múltiples personas simultáneamente.

Mucho trabajo por delante

Otra limitación significativa es que los diálogos de los robots están preprogramados, lo que puede llevar a respuestas inadecuadas o a la incapacidad de entender el contexto social de las interacciones. Esto se vio reflejado en el estudio con Pepper, donde los estudiantes tuvieron que aprender a adaptarse a las limitaciones del robot, descubriendo rápidamente que sus respuestas eran limitadas y a menudo no humanas. Este desafío resalta una brecha crítica en la programación de los robots sociales y su capacidad para participar en diálogos significativos y contextuales.

robots sociales
En Japón, por ejemplo, el robot Pepper se ha utilizado para introducir a los estudiantes en la inteligencia artificial generativa. La combinación de ChatGPT con la presencia física de Pepper ha permitido a los estudiantes observar cómo la IA mejora la comunicación del robot y evaluar si esto lo hace parecer más realista. Ilustración MidJourney

A pesar de estos obstáculos, no todo es pesimismo en el panorama de los robots sociales en la educación. Aunque sus capacidades actuales puedan ser limitadas, los robots ofrecen oportunidades únicas de aprendizaje. Los estudiantes pueden explorar y comprender mejor conceptos de robótica, inteligencia artificial y la complejidad del comportamiento humano. De hecho, lidiar con las limitaciones de un robot puede ofrecer una visión real y práctica de la complicada naturaleza de la interacción social humana.

Inteligencia artificial generativa

En Japón, por ejemplo, el robot Pepper se ha utilizado para introducir a los estudiantes en la inteligencia artificial generativa. La combinación de ChatGPT con la presencia física de Pepper ha permitido a los estudiantes observar cómo la IA mejora la comunicación del robot y evaluar si esto lo hace parecer más realista. Esta experiencia educativa es crucial, especialmente en una era donde la IA se está convirtiendo en una parte fundamental de nuestra vida laboral y cotidiana.

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La interacción con robots sociales también prepara a los estudiantes para pensar críticamente sobre lo que significa vivir y trabajar con máquinas inteligentes. Con la guía y supervisión de maestros humanos, los estudiantes pueden explorar por qué nos atrae la idea de comunicarnos con los robots como si fueran personas.

No se niega su potencial

Aunque los robots sociales aún no están listos para asumir roles estelares en el sistema educativo humano, no se puede negar su potencial. La investigación y experimentación en este campo continúan revelando tanto limitaciones como oportunidades. Mientras los desarrolladores trabajan para superar los desafíos técnicos y éticos, los educadores y estudiantes pueden aprovechar estas tecnologías emergentes para enriquecer el proceso de aprendizaje.

Así, la respuesta a la pregunta inicial no es un simple sí o no. Los robots sociales están abriendo nuevas puertas en el ámbito educativo, pero todavía estamos lejos de verlos como protagonistas indiscutibles en las aulas. Lo que es seguro es que su presencia continuará creciendo y evolucionando, llevándonos a cuestionar y redefinir las fronteras de la educación y la interacción humana.

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Redacción Estoy Al Día
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