Merck y Halozyme lidian con el cáncer del dinero que fluye de las patentes

Merck y Halozyme se encuentran en el centro de una batalla legal que podría redefinir la manera en que las grandes farmacéuticas protegen sus ingresos frente a la expiración de patentes. En juego están miles de millones de dólares generados por Keytruda, el medicamento estrella de Merck para tratar el cáncer, cuyas ventas alcanzaron los 29.500 millones de dólares el año pasado. Merck busca ampliar su dominio en el mercado con una versión inyectable del fármaco, pero Halozyme Therapeutics reclama la propiedad intelectual de una enzima clave para su administración. La disputa pone de manifiesto el papel crucial que desempeñan las patentes en la industria farmacéutica y cómo su control puede determinar el futuro de un tratamiento que ha salvado vidas y llenando los bolsillos de los inversores.

Jared S. Hopkins, periodista especializado en salud y farmacéuticas del The Wall Street Journal, abordó recientemente esta controversia en su artículo titulado: “Nueva versión del exitoso fármaco de Merck contra el cáncer amenazada por batalla de patentes”. Hopkins, quien ha dedicado su carrera a analizar el impacto de las regulaciones y el desarrollo de medicamentos en la industria, reveló cómo Merck ha solicitado a la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos que reconsidere la validez de ciertas patentes otorgadas a Halozyme. Esta jugada, motivada por el inminente vencimiento de la protección de Keytruda en 2028, evidencia la desesperación de la empresa por asegurar su dominio en un mercado altamente competitivo.

Una pelea patente: Merck y Halozyme

Merck y Halozyme protagonizan una pugna que podría marcar un precedente en la forma en que las farmacéuticas intentan esquivar las limitaciones de sus patentes. Keytruda, cuya versión original es administrada por vía intravenosa, está siendo reformulada con una enzima que permite su inyección subcutánea. Este cambio no solo busca la comodidad de los pacientes, sino que también representa una estrategia para mantener la exclusividad del fármaco en el mercado. Sin embargo, Halozyme, la empresa con sede en San Diego que ha desarrollado una tecnología clave en la administración de medicamentos inyectables, asegura que su propiedad intelectual ha sido infringida.

En juego están miles de millones de dólares generados por Keytruda, el medicamento estrella de Merck para tratar el cáncer, cuyas ventas alcanzaron los 29.500 millones de dólares el año pasado. Ilustración MidJourney

La disputa entre Merck y Halozyme ha escalado rápidamente, con la empresa de biotecnología defendiendo sus patentes como un activo valioso que no está dispuesta a ceder sin compensación. Halozyme argumenta que las farmacéuticas que desean utilizar su tecnología deben firmar acuerdos de licencia, como lo ha hecho Bristol-Myers Squibb para la administración inyectable de Opdivo, un fármaco contra el cáncer que compite con Keytruda. La empresa biotecnológica sostiene que su enzima Enhanze ha sido un avance crucial en la industria, permitiendo que tratamientos prolongados puedan ser administrados en cuestión de minutos en lugar de horas.

Halozyme pelea por reconocimiento

El problema para Merck es que no está dispuesta a reconocer la validez de las patentes de Halozyme, lo que ha llevado a una ofensiva legal sin precedentes. En 2023, la compañía solicitó la revisión de siete patentes de Halozyme relacionadas con la enzima Mdase, argumentando que son demasiado amplias y que, por lo tanto, no deberían haber sido concedidas. La batalla legal se ha intensificado con la inminente decisión de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, que deberá evaluar si las reclamaciones de Merck tienen fundamento o si, por el contrario, la biotecnológica posee derechos legítimos sobre la tecnología en cuestión.

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Merck y Halozyme tienen mucho en juego. Para la primera, se trata de evitar una caída abrupta en sus ingresos cuando la patente de Keytruda expire en 2028. Para la segunda, la disputa representa una oportunidad de oro para consolidar su modelo de negocio basado en licencias de tecnología. En la industria farmacéutica, donde los ingresos están directamente ligados a la exclusividad de los medicamentos, esta batalla es solo una muestra más de cómo la innovación y el derecho de propiedad intelectual colisionan en un campo donde cada milímetro de ventaja se traduce en millones de dólares.

Un asunto de jurisprudencia

Las implicaciones de esta disputa van más allá de los intereses de Merck y Halozyme. El caso podría sentar un precedente de la manera en que las patentes de tecnologías complementarias son interpretadas por los reguladores. En un entorno donde la innovación depende cada vez más de colaboraciones entre grandes farmacéuticas y empresas de biotecnología, la delimitación de los derechos de propiedad intelectual es un factor determinante para la viabilidad de nuevos tratamientos. Si Halozyme logra hacer valer sus patentes, otras compañías podrían seguir su ejemplo y exigir acuerdos de licencia para tecnologías clave en la administración de medicamentos.

Mientras tanto, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) evalúa la nueva versión inyectable de Keytruda, cuyo lanzamiento podría aprobarse a finales de este año. Los analistas proyectan que este medicamento podría generar más de 6.000 millones de dólares en ventas anuales, consolidando la posición de Merck en el mercado oncológico. Sin embargo, si la disputa de patentes no se resuelve a su favor, la compañía podría verse obligada a pagar costosas regalías a Halozyme o, en el peor de los casos, enfrentar bloqueos en la comercialización de su nueva versión.

Merck busca ampliar su dominio en el mercado con una versión inyectable del fármaco, pero Halozyme Therapeutics reclama la propiedad intelectual de una enzima clave para su administración. Ilustración MidJourney.

Un buen acuerdo siempre satisface

El diseño de esta historia dependerá en gran medida de las decisiones que tomen los reguladores de patentes y de las negociaciones entre ambas compañías. Merck podría optar por un acuerdo con Halozyme, como lo ha hecho Bristol-Myers Squibb, asegurando el uso de la tecnología sin necesidad de continuar una batalla legal prolongada. No obstante, la farmacéutica ha dejado claro que está dispuesta a llevar la disputa hasta sus últimas consecuencias, confiando en que sus argumentos sobre la invalidez de las patentes de Halozyme sean suficientes para obtener una resolución favorable.

En la industria farmacéutica, las patentes no solo protegen la innovación, sino que también son un arma estratégica para mantener el control del mercado. La batalla entre Merck y Halozyme es un recordatorio de que, más allá del impacto de los medicamentos en la salud pública, las compañías están en una lucha constante por maximizar sus beneficios. El dinero que fluye de las patentes es el verdadero combustible que impulsa a la industria, y cuando estos derechos se ven amenazados, las empresas están dispuestas a todo para proteger su territorio.

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Para los pacientes y el sistema de salud en general, la disputa plantea preguntas más amplias sobre el acceso a los medicamentos y la ética de las farmacéuticas al extender la vida comercial de sus productos mediante estrategias legales. Mientras Merck y Halozyme se enfrentan en esta guerra de patentes, quienes realmente dependen de Keytruda y sus futuras versiones solo pueden esperar que la solución no retrase el acceso a tratamientos que podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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Redacción Estoy Al Día
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