Pansiquismo y espacio de trabajo global: Dos facciones por la conciencia están en guerra civil

La guerra civil ha estallado en el campo de la investigación de la conciencia, un territorio antes considerado exclusivamente para la introspección tranquila. En este ambiente aparentemente pacífico, dos facciones, lideradas por la Teoría de la Información Integrada (IIT) y la teoría del Espacio de Trabajo Global, están en una pugna abierta. Pero, ¿qué ha llevado a los investigadores a este punto?

Felipe Goff, Profesor asociado de Filosofía de la Universidad de Durham, desató un tsunami en la comunidad científica con su afirmación: «La investigación sobre la conciencia se ha transformado en un campo de batalla». En un trabajo que divulgó para The Conversation, el profesor señaló que más de 100 investigadores han acusado a la IIT de ser pseudociencia. En respuesta, defensores de la IIT tildaron la carta de mal razonada y desproporcionada. Pero el enfrentamiento va más allá de simples acusaciones.

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La conciencia, en sí misma, no es meramente una cuestión científica. Ilustración MidJourney

La guerra por a conciencia

En la raíz del conflicto se encuentra la IIT, propuesta por el neurocientífico Giulio Tononi. Según esta teoría, un sistema se vuelve consciente cuando hay más ϕ (una medida matemática de integración de información) en el sistema como un todo que en cualquiera de sus partes. Esta teoría sugiere que la conciencia es más común de lo que creemos, acercándose al «panpsiquismo», una visión que plantea que la conciencia impregna el universo físico.

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Si bien esta propuesta puede sonar atractiva para algunos, los críticos argumentan que la IIT es, en el mejor de los casos, especulativa. Los firmantes de la carta abierta señalan la falta de pruebas experimentales sólidas para respaldar las afirmaciones de la IIT. Argumentan que ciertos aspectos de la IIT, como la idea de que incluso una red inactiva de puertas lógicas conectadas sería consciente, carecen de sustento empírico.

Espacio de Trabajo Global

Por otro lado, está la teoría del Espacio de Trabajo Global, que plantea que la conciencia surge cuando la información en el cerebro se encuentra en un «espacio de trabajo global», estando disponible para ser utilizada por muchos sistemas en el cerebro. Si la información está restringida a un único sistema, no es consciente.

En un intento por resolver este conflicto, ambos bandos acordaron una «colaboración adversativa», en la que diseñarían experimentos juntos y acordarían de antemano qué resultados favorecerían a cada teoría. Sin embargo, los resultados experimentales resultaron ser mixtos, dejando más preguntas que respuestas.

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Dos teorías en pugna hacen ver que las premisas pudieran ser pseudociencias. Ilustración MidJourney

Un asunto muy complejo

Lo que este conflicto destaca es la complejidad inherente en estudiar la conciencia. La conciencia, en sí misma, no es meramente una cuestión científica. A diferencia de otros fenómenos que pueden ser observados y medidos directamente, la conciencia es intrínsecamente subjetiva. Aunque la ciencia puede teorizar sobre fenómenos no observables, como las partículas fundamentales, sólo lo hace para explicar lo que sí se puede observar. La conciencia no ofrece esa posibilidad.

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Los límites son tenues

La línea divisoria entre la ciencia y la filosofía de la conciencia es borrosa. Si bien la experimentación científica puede ofrecer pistas sobre la conciencia, es probable que nunca proporcione una imagen completa. En este sentido, el debate actual refleja una lucha más amplia sobre el papel de la filosofía en la ciencia y viceversa.

Los financiadores y el público en general buscan certezas, y las promesas no cumplidas, como el reconocimiento del neurocientífico Christof Koch de la apuesta perdida con el filósofo David Chalmers sobre la finalización de la ciencia de la conciencia, pueden mellar la confianza en el campo.

Es esencial que, en medio de esta guerra civil intelectual, los investigadores reconozcan que el misterio de la conciencia puede requerir un enfoque interdisciplinario. Una asociación entre ciencia y filosofía podría ser el camino a seguir, reconociendo que cada disciplina aporta una pieza valiosa al rompecabezas. A medida que el debate continúa, esperamos que se alcance una comprensión más profunda y matizada de lo que significa ser consciente.

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Redacción Estoy Al Día
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