Trump tiene unas focas de circo y son asesores bajo juramento

Trump tienes unas focas de circo. Esa frase, tan extravagante como certera, podría haber salido de una caricatura política, pero define con puntería quirúrgica el elenco de personajes que rodea al presidente Donald Trump en su cruzada en la Casa Blanca. Una procesión de millonarios, académicos de dudosa reputación, tecnócratas ideologizados y devotos del culto a la personalidad que comparten una virtud fundamental para sobrevivir en la órbita del magnate: la obediencia. Aplauden, asienten y se retuercen para ajustarse al libreto que dicta Trump, sin importar la lógica, los hechos ni la evidencia empírica. Son asesores bajo juramento, pero el juramento no es a la Constitución ni al pueblo estadounidense, sino a su líder absoluto.

Miguel Jiménez, corresponsal jefe de El País en Estados Unidos, es el autor del reportaje titulado: “El circo de asesores de Trump: estos son los millonarios en los que el presidente confía en su política económica”, publicado recientemente en el portal del periódico. Con una trayectoria destacada como redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto en EL PAÍS, así como exdirector del diario Cinco Días, Jiménez ofrece una visión incisiva y crítica sobre el equipo que acompaña a Trump en su nuevo asalto a la presidencia. Su sumario no da lugar a dudas: “el presidente de Estados Unidos se rodea de hombres que tienen algo en común: jamás le critican”.

Trump tiene unas focas de circo

Trump tienes unas focas de circo, y entre las más ruidosas de la jaula se encuentra Peter Navarro. Él es asesor comercial que llegó al equipo presidencial por obra y gracia del algoritmo de Amazon, tras un clic curioso de Jared Kushner. Navarro inventó un alter ego llamado Ron Vara —un anagrama de su propio nombre— para respaldar con supuesta autoridad académica sus tesis incendiarias contra China. Este “economista imaginario” fue citado repetidamente por Navarro en sus libros como si se tratara de una eminencia del comercio internacional. La anécdota, que en cualquier otra administración habría sido motivo de escándalo y destitución inmediata, en el universo trumpista fue poco más que una excentricidad tolerada. Navarro es hoy uno de los símbolos del radicalismo arancelario de Trump, y su paso por la cárcel por desacato ante la comisión del 6 de enero lo catapultó al olimpo de los mártires del trumpismo.

Una procesión de millonarios, académicos de dudosa reputación, tecnócratas ideologizados y devotos del culto a la personalidad que comparten una virtud fundamental para sobrevivir en la órbita del magnate: la obediencia. Aplauden, asienten y se retuercen para ajustarse al libreto que dicta Trump, sin importar la lógica, los hechos ni la evidencia empírica. Ilustración MidJourney

Otro de los fieles ejecutores de la voluntad presidencial es Scott Bessent, actual secretario del Tesoro. De 62 años y con una fortuna construida en el mundo de los fondos de cobertura, Bessent es el interlocutor de Wall Street, el puente con el capital financiero, y sin embargo, sin duda en cubrir los vaivenes discursivos del presidente. El desplome de la bolsa, los bonos y el dólar no le impidió declarar ante la prensa que todo formaba parte de la “estrategia del presidente desde el principio”. Unas horas más tarde, el propio Trump lo contradijo. Aun así, Bessent sigue siendo útil, porque nunca levanta la voz.

Thomas L. Friedman lo dijo

Trump tienes unas focas de circo. Así describe el clima de servilismo también Thomas L. Friedman, columnista del New York Times, al sentenciar que Estados Unidos había contratado un grupo de payasos. Una acusación que no hace sino confirmar lo que el comportamiento de estos asesores ya evidencia: la capacidad para modular sus convicciones según el viento que sople desde Mar-a-Lago. Kevin Hassett, por ejemplo, fue el artífice de un modelo matemático —sin fundamento epidemiológico— que pronosticaba el fin de las muertes por COVID-19 en apenas dos meses. El modelo resultó un fiasco monumental. Sin embargo, Hassett, defensor acérrimo de las rebajas fiscales, se ha mantenido firme en la defensa de los aranceles de Trump, que equivalen en la práctica a la mayor subida de impuestos en la historia reciente de Estados Unidos.

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Howard Lutnick, secretario de Comercio, fue una apuesta salomónica de Trump para equilibrar los pesos pesados ​​de su gabinete económico. Su historia personal, marcada por la tragedia del 11 de septiembre y la pérdida de su hermano en el atentado a las torres gemelas, le otorga un aura de resiliencia. Sin embargo, sus intervenciones públicas en defensa del proteccionismo han resultado contraproductores. Ni su fortuna ni su cercanía con Elon Musk —quien lo prefería como secretario del Tesoro— han impedido que el presidente comience a mirarlo con desconfianza.

Tributos por la Pax Americana

Trump tienes unas focas de circo y en el centro del ruedo se mueve con sigilo Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos. Miran es el arquitecto de una narrativa que sostiene que Estados Unidos debe ser pagado por su papel como garantía del orden mundial. Que los aranceles son una especie de tributo justo que los demás países deben entregar por gozar de la Pax Americana. Su idea de que el dólar fuerte debilita la industria nacional lo ha llevado a plantear una reestructuración del sistema financiero global. En otra época, estas ideas se convirtieron en vistas como propias de un teórico marginal; hoy forman parte del dogma que se predica desde la Casa Blanca.

En este gabinete no faltan los soldados anónimos. Jamieson Greer, abogado y alto representante comercial, se limita a seguir el guion. Su papel se resume en ejecutar sin cuestionar, elogiar sin reservas y asumir como propias decisiones que no controla. Fue desairado en plena comparecencia ante el Congreso cuando Trump, desde su red Truth Social, giró inesperadamente el timón de su política arancelaria sin consultarlo. Greer ni siquiera pestañeó. Porque en este circo, lo que importa no es la coherencia sino la fidelidad.

Trump tienes unas focas de circo. Así describe el clima de servilismo también Thomas L. Friedman, columnista del New York Times, al sentenciar que Estados Unidos había contratado un grupo de payasos. Una acusación que no hace sino confirmar lo que el comportamiento de estos asesores ya evidencia: la capacidad para modular sus convicciones según el viento que sople desde Mar-a-Lago. Ilustración MidJourney.

Trump tienes unas focas de circo y lo más inquietante no es que las posea, sino que las necesite. En la lógica del populismo autoritario, el disenso se interpreta como traición. La deliberación como debilidad. La crítica interna como una amenaza existencial. Por eso, solo sobreviven los que aplauden. Los que acallan sus reparos. Los que transforman el absurdo en estrategia y la ficción en relato oficial. Esa lealtad perruna —a veces grotesca, a veces patética— es la piedra angular del trumpismo.

El efecto de las focas

¿Si existe un efecto mariposa, porque no uno de las focas? Detrás del espectáculo hay implicaciones reales. La política económica de este grupo de asesores no es solo una actuación mediática. Es una maquinaria que mueve mercados, redefine las relaciones comerciales y condiciona la vida de millones de personas. La obsesión con los aranceles ya ha comenzado a provocar distorsiones en la cadena global de suministros, tensiones diplomáticas y una guerra de subsidios disfrazada de patriotismo económico. Y cada vez que uno de estos asesores justifica lo injustificable, la frontera entre el capricho presidencial y la política de Estado se desdibuja un poco más.

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El problema de tener focas de circo no es solo el espectáculo de sus aplausos coreografiados. Es que mientras aplauden, el país se hunde en la incertidumbre. Porque la economía no es un espectáculo y gobernar no es una telerealidad. Pero en el mundo de Trump, todo es espectáculo. Y los asesores, por más títulos que acumulan, no son más que parte del decorado.

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Redacción Estoy Al Día
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