Gil Yepes: Más allá del triunfalismo el poder le gana a la influencia en Venezuela

En Venezuela, «el poder» es una fuerza tangible que supera cualquier intento de influencia que pueda surgir desde las bases ciudadanas o la oposición. José Antonio Gil Yepes, sociólogo venezolano y presidente de la encuestadora Datanálisis entre 1989 y 2011, ha sido testigo de cómo «el poder» político en Venezuela ha sabido adaptarse y sobrevivir, pese a la creciente desaprobación y descontento popular. En su reciente columna de opinión alojada en el portal del diario El Universal, titulada «La influencia y el poder sobre las presidenciales», Gil Yepes examina esta dinámica compleja y resalta la diferencia crucial entre influencia y poder en el contexto electoral venezolano.

José Antonio Gil Yepes, además de liderar Datanálisis, fue profesor en el Instituto de Estudios Superiores de Administración desde 1972 hasta 1990. Su análisis se centra en la realidad de que, hasta hace dos años, el voto opositor estaba fragmentado y las intenciones de voto para cada candidato opositor no superaban los niveles de apoyo que aún mantenía el presidente Nicolás Maduro. La abstención también era un factor determinante, rondando el 50%. Sin embargo, como destaca Gil Yepes, aunque la oposición ahora muestra una potencial influencia significativa debido a la concentración de votos en un candidato como Edmundo González Urrutia, «el poder» sigue en manos del actual gobierno.

El candidato es el poder, no Maduro

La columna de Gil Yepes subraya que, a pesar de la evidente intención de cambio manifestada por un 80% de los votantes que rechazan la gestión de Maduro, «el poder» es más que una simple mayoría electoral. La influencia, definida como la capacidad de incidir en decisiones, se enfrenta a «el poder», que se trata de tener la capacidad de decidir e imponer esas decisiones. Mientras la influencia se puede ver reflejada en encuestas y opiniones públicas, «el poder» reside en las estructuras gubernamentales y en la capacidad de estas para controlar y manipular resultados a su favor.

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La historia reciente de Venezuela demuestra cómo «el poder» ha sabido mantenerse firme, incluso cuando las condiciones económicas y sociales se han deteriorado significativamente. En agosto de 2022, cuando el gobierno perdió el control sobre el tipo de cambio y la inflación se disparó, la reacción de la población fue un rechazo tanto al gobierno como a la oposición tradicional. Ilustración MidJourney

La historia reciente de Venezuela demuestra cómo «el poder» ha sabido mantenerse firme, incluso cuando las condiciones económicas y sociales se han deteriorado significativamente. En agosto de 2022, cuando el gobierno perdió el control sobre el tipo de cambio y la inflación se disparó, la reacción de la población fue un rechazo tanto al gobierno como a la oposición tradicional. Este descontento se canalizó hacia figuras outsider, como María Corina Machado, quien ganó las Primarias de Oposición con un aplastante 92,3% de los votos. Sin embargo, su inhabilitación y el subsecuente endoso de votos a Edmundo González Urrutia, aunque fortalecieron la influencia opositora, no lograron desplazar «el poder» establecido.

Una oposición sin poder

Para Gil Yepes, la situación actual de Venezuela refleja una dicotomía entre una población que busca cambio y un gobierno que se aferra al control. La oposición, a pesar de contar con el apoyo popular, carece de la organización necesaria para movilizarse efectivamente contra el gobierno autoritario. «El poder» en Venezuela no solo se sostiene con votos, sino también con la capacidad de manipular estructuras y procesos para mantenerse en el control.

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Robert Dahl, un destacado profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale, ha señalado que los cambios en gobiernos autoritarios dependen de dos factores de poder: un alto costo de mantenerse en el poder y un bajo costo de salida. En el caso venezolano, la falta de una oposición articulada que pueda ejercer presión efectiva sobre el gobierno, y la inexistencia de incentivos para que los líderes actuales abandonen el poder, dificultan cualquier transición.

La pesadilla de las sanciones

Las sanciones económicas y personales impuestas por países occidentales, que en teoría deberían aumentar el costo de mantener el poder, han demostrado ser ineficaces y, en algunos casos, contraproducentes. En lugar de debilitar al gobierno de Maduro, estas sanciones han fortalecido su narrativa de resistencia contra la intervención extranjera y han permitido que actores geopolíticos como Rusia, China e Irán se posicionen como aliados estratégicos del régimen.

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La polarización y las intenciones de castigo mutuo entre el gobierno y la oposición han creado un ambiente en el que las soluciones de compromiso y los entendimientos son cada vez más difíciles de alcanzar. Gil Yepes sugiere que la clave para una solución pacífica y efectiva reside en un gran entendimiento nacional que priorice la recuperación económica y el estado de derecho por encima de las luchas de poder. Ilustración MidJourney.

Gil Yepes argumenta que, para reducir el costo de salida del gobierno de Maduro, es necesario negociar el levantamiento de sanciones personales, una medida que podría incentivar a los líderes chavistas a considerar una transición menos costosa. La reciente decisión de la Unión Europea de eliminar sanciones personales a ciertos funcionarios del Consejo Nacional Electoral y ex rectores puede verse como un paso en esta dirección. Sin embargo, la negativa del gobierno venezolano a permitir la observación electoral por parte de la UE demuestra que «el poder» sigue resistiendo cualquier intento de supervisión externa.

Entendimiento o continuidad

La polarización y las intenciones de castigo mutuo entre el gobierno y la oposición han creado un ambiente en el que las soluciones de compromiso y los entendimientos son cada vez más difíciles de alcanzar. Gil Yepes sugiere que la clave para una solución pacífica y efectiva reside en un gran entendimiento nacional que priorice la recuperación económica y el estado de derecho por encima de las luchas de poder.

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La situación en Venezuela es un recordatorio de que «el poder» no se cede fácilmente, especialmente en regímenes autoritarios donde la supervivencia política depende de mantener un control estricto sobre todas las estructuras del Estado. La influencia popular, aunque significativa, se enfrenta a la dura realidad de que «el poder» en Venezuela ha sido construido y mantenido a través de medios que trascienden la mera popularidad electoral.

La reflexión de José Antonio Gil Yepes nos lleva a entender que, en Venezuela, más allá del triunfalismo de las encuestas y las intenciones de voto, «el poder» sigue siendo la fuerza dominante que define el rumbo del país. Las próximas elecciones presidenciales serán una prueba crucial de si la influencia acumulada por la oposición puede finalmente traducirse en un cambio real de «el poder». Sin embargo, como la historia reciente ha demostrado, este cambio no será fácil ni inmediato, y dependerá de múltiples factores tanto internos como externos.

 

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Redacción Estoy Al Día
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