El PAÍS: Trump aspira a ser ese rey absoluto, no ya inmune, sino impune

Donald Trump, el polémico expresidente de Estados Unidos, continúa generando controversias, esta vez al aspirar a ser no solo inmune, sino impune. La reciente sentencia del Tribunal Supremo de EE UU ha provocado un terremoto político y jurídico al conceder una amplia inmunidad a los presidentes en el desempeño de su cargo, lo que podría llevar a una peligrosa falta de rendición de cuentas en la máxima autoridad del país. Trump, conocido por su estilo combativo y su inclinación a desafiar las normas establecidas, parece encaminado a consolidar un poder absoluto que lo coloque por encima de la ley, abriendo un inquietante capítulo en la historia democrática estadounidense.

El editorial titulado «Trump, por encima de la ley», publicado por el equipo de Opinión del diario EL PAÍS, refleja la preocupación y el desconcierto que esta decisión ha generado tanto en Estados Unidos como en el ámbito internacional. Firmado por un equipo de periodistas experimentados y comprometidos con la defensa de la democracia pluralista y el orden constitucional, este editorial advierte sobre los peligros de una presidencia que se percibe como intocable e irreprochable. EL PAÍS, con una trayectoria de más de 40 años defendiendo principios liberales y sociales, se posiciona claramente en contra de cualquier movimiento que ponga en riesgo la democracia y la justicia.

Un hombre impune cada 4 años

La sentencia del Tribunal Supremo, respaldada por seis jueces conservadores, tres de ellos nombrados por Trump, otorga «inmunidad absoluta» a los presidentes por los actos realizados en ejercicio de sus funciones constitucionales y «inmunidad presunta» por todos sus actos oficiales. Esta decisión ha sido criticada por carecer de una base histórica o constitucional sólida, y las juezas progresistas del tribunal han alertado sobre los «escenarios de pesadilla» que esta nueva doctrina podría desencadenar. Un presidente con semejante inmunidad podría, en teoría, ordenar acciones extremadamente ilegales sin temor a repercusiones, erosionando así los principios fundamentales de la justicia y el estado de derecho.

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El editorial titulado «Trump, por encima de la ley», publicado por el equipo de Opinión del diario EL PAÍS, refleja la preocupación y el desconcierto que esta decisión ha generado tanto en Estados Unidos como en el ámbito internacional. Ilustración MidJourney

El caso de Richard Nixon, quien recibió el perdón de su sucesor Gerald Ford, es un claro ejemplo de que la inmunidad presidencial no es un derecho inherente, sino una excepción peligrosa. Nixon, enfrentado a un posible proceso judicial, no disfrutó de la inmunidad que ahora se concede a Trump. El Caso Water Gate no quedó impune. Esta concesión no solo legitima una conducta potencialmente criminal en la presidencia, sino que también envía un mensaje preocupante a futuros mandatarios: la ley puede ser eludida si se tiene suficiente poder.

Un candidato con prontuario

Trump, quien no ha salido impune en las cortes, ya ha sido declarado culpable por un jurado en el caso del soborno a la actriz porno Stormy Daniels, ve en esta sentencia una oportunidad para esquivar la justicia. La Fiscalía ha aceptado aplazar la sentencia de este caso, inicialmente prevista para el 11 de julio, lo que sugiere que las implicaciones de la inmunidad presidencial tendrán un impacto inmediato y concreto. Este aplazamiento y la posibilidad de que Trump no sea juzgado antes de las elecciones presidenciales del próximo 5 de noviembre, subrayan cómo la nueva doctrina del Tribunal Supremo complica la rendición de cuentas.

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Más allá de los efectos procesales inmediatos, las consecuencias a largo plazo de esta sentencia son alarmantes. Un futuro mandato de Trump, o de cualquier otro presidente con aspiraciones autocráticas, podría transformarse en un régimen donde la máxima autoridad del país opere sin restricciones legales. La declaración del Tribunal Supremo redefine la naturaleza de la Presidencia de EE UU, otorgando a quien la ostente un poder similar al de un monarca absoluto, como bien lo señala el voto particular de las juezas progresistas.

Pérdida de calidad democrática

Trump ha dejado claro que su visión de la presidencia incluye medidas extremas, como deportaciones masivas y represalias políticas. Con la reciente sentencia en mano, su capacidad para implementar estas políticas sin temor a consecuencias legales se ve considerablemente fortalecida. Esta perspectiva de un líder «impune» plantea serias amenazas a la democracia y la estabilidad institucional no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, dado el impacto global de las políticas estadounidenses.

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Trump, quien no ha salido impune en las cortes, ya ha sido declarado culpable por un jurado en el caso del soborno a la actriz porno Stormy Daniels, ve en esta sentencia una oportunidad para esquivar la justicia. Ilustración MidJourney.

El equipo de Opinión de EL PAÍS subraya que la doctrina del Tribunal Supremo se aparta peligrosamente de los valores democráticos que Estados Unidos ha defendido históricamente. La inmunidad presidencial absoluta socava la premisa básica de que nadie está por encima de la ley, una piedra angular de cualquier sociedad democrática. La crítica de EL PAÍS resuena con fuerza en un contexto global donde el autoritarismo y la erosión de las instituciones democráticas son amenazas crecientes.

Falló el experimento

En este contexto, la figura de Trump se erige como un símbolo de las tensiones entre poder y justicia. Su administración, marcada por controversias y acusaciones de abuso de poder, encuentra en esta sentencia una justificación para una gobernanza que desafía las normas legales y éticas. La inmunidad concedida por el Tribunal Supremo no solo representa una victoria para Trump, sino también una derrota para los principios democráticos, ese “experimento” que los fundadores decidieron para regir la política estadounidense.

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El editorial de EL PAÍS concluye con una llamada a la reflexión y a la acción. Enfatiza su crítica a lo impune, como sustancia de la sentencia. La defensa de la democracia requiere un compromiso constante y una vigilancia activa frente a cualquier intento de socavar el estado de derecho. La comunidad internacional, los ciudadanos y los líderes políticos deben unirse para proteger los valores democráticos y garantizar que ningún líder, por poderoso que sea, esté por encima de la ley.

Este análisis del equipo de Opinión de EL PAÍS pone de manifiesto la importancia de mantener una prensa libre e independiente, capaz de cuestionar y criticar las decisiones que amenazan la justicia y la equidad. En tiempos de incertidumbre y cambio, el papel de los medios de comunicación como guardianes de la democracia es más crucial que nunca. La sentencia del Tribunal Supremo y las aspiraciones de Trump de ser «impune» subrayan la necesidad de una vigilancia constante y una defensa inquebrantable de los principios democráticos.

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Redacción Estoy Al Día
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