Oslo: Cooperar con el enemigo es una forma de recuperar la paz

A muchos les sabe cómo a un detestable purgante: ¿Cooperar con el enemigo? Bueno hallar la paz no es fácil, pero si los contrarios no se disponen a trabajar juntos, puede haber cese al fuego, pueden instalarse mesas de diálogo, pero la paz en su forma químicamente pura no aparecerá. Esta forma de pensar es famosa en Oslo.

Noruega, conocida por su impresionante belleza natural, también ha emergido como un protagonista insospechado en el ámbito diplomático. Este pequeño país escandinavo ha sido un facilitador clave para la resolución de conflictos internacionales, convirtiéndose en una referencia para aquellos que buscan restaurar la paz en regiones afectadas por conflictos. Detrás de esta dedicación a la paz, se encuentra el llamado «modelo de negociación de Oslo».

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Cooperar con el enemigo

Las cifras hablan por sí solas. Según datos de la Universidad de Uppsala, Noruega ha mediado en más de una docena de procesos de paz en las últimas tres décadas. Su involucramiento ha abarcado desde conflictos en América Latina, Asia y África, y su enfoque ha sido consistentemente el mismo: propiciar el diálogo entre partes en conflicto, por muy antagónicas que sean.

No es casualidad que el país tenga un interés tan pronunciado en promover la paz. Según el Instituto de Investigación de la Paz de Oslo (PRIO, por sus siglas en inglés), Noruega se beneficia de un legado histórico pacifista. Enraizado en su cultura y política exterior, hay un compromiso de siglos con la diplomacia y la mediación.

Cooperar con el enemigo
«El primer paso hacia la reconciliación es escuchar al enemigo». Ilustración MidJourney

Su fórmula precisa que las partes en antagonismo deben cooperar con el enemigo. Es una forma de hacerse menos extraños, es una oportunidad para saberse distintamente iguales. El misterio del desconocimiento, el miedo a lo desconocido, a veces es la raíz de todo mal. De allí que estimular encuentros, agendar actividades comunes y levar proyectos juntos funciona como un hermanado natural.

Reconocimiento internacional

Los esfuerzos de Noruega han sido reconocidos por diversos organismos internacionales. La ONU, por ejemplo, ha aplaudido en múltiples ocasiones la labor de mediación noruega, considerando su modelo como un referente para futuros esfuerzos diplomáticos. Pero, ¿qué hace tan especial al modelo de Oslo?

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Para entenderlo, es necesario adentrarse en su metodología. El modelo de Oslo enfatiza la importancia de un diálogo abierto y sincero. En palabras de Jan Egeland, ex Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y uno de los principales promotores de las conversaciones en Oslo, «El primer paso hacia la reconciliación es escuchar al enemigo». A través del diálogo, se busca encontrar puntos de convergencia que permitan superar el antagonismo. Ya la voluntad activa de disponerse a escuchar es cooperar con el enemigo y el que habla le habla también a su contrario y en ese terreno ambas partes se valoran como iguales.

Las críticas al modelo

Sin embargo, como toda estrategia, el modelo de Oslo no está exento de críticas. Algunos expertos en relaciones internacionales argumentan que cooperar con el enemigo puede percibirse como una concesión. Las conversaciones pueden verse comprometidas si una de las partes siente que sus demandas no se abordan adecuadamente. Pero, a pesar de estas preocupaciones, el historiador noruego Lars Trageton opina que «lo que diferencia al modelo de Oslo es su paciencia. Aceptar que la paz es un proceso lento y a menudo frustrante, pero siempre necesario».

Los gobiernos que han trabajado con Noruega en estos procesos también han expresado su gratitud. Según testimonios de líderes políticos involucrados en negociaciones mediadas por Noruega, la objetividad y la imparcialidad del país son fundamentales. Noruega no tiene un interés geopolítico directo en la mayoría de los conflictos en los que media, lo que le permite mantener una perspectiva neutral.

Cooperar con el enemigo
La paz es un proceso lento y a menudo frustrante, pero necesario. Ilustración MidJourney

Convencidos de la cooperación

Pero, más allá de la metodología y la imparcialidad, lo que realmente hace que el modelo de Oslo se destaque es su convicción en la cooperación. Como señala el político y académico Sven Mollekleiv: «La paz no se trata de vencedores y vencidos. Se trata de construir puentes y encontrar un terreno común. El antagonismo solo perpetúa el conflicto, mientras que la cooperación y el entendimiento mutuo lo resuelven».

El modelo de Oslo nos brinda una perspectiva única sobre cómo abordar los conflictos internacionales. Su enfoque, basado en el diálogo y la cooperación, puede no ser la solución para todos los conflictos, pero ofrece una hoja de ruta invaluable para aquellos dispuestos a escuchar y, lo más importante, cooperar. En un mundo donde las tensiones y antagonismos parecen estar en aumento, el modelo de Oslo nos recuerda que la paz es posible, siempre y cuando estemos dispuestos a cooperar con el enemigo.

 

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Redacción Estoy Al Día
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