La utilización de tecnología avanzada ha transformado los conflictos modernos, y el caso de Israel en la reciente guerra en Gaza no es la excepción. Según un informe detallado de The Washington Post, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) implementaron una inteligencia artificial llamada Habsora, conocida también como «El Evangelio», como eje central en su estrategia militar. Esta herramienta permitió a Israel generar objetivos de bombardeo con una velocidad sin precedentes, alterando restrictivamente la dinámica del conflicto y despertando controversias internacionales sobre el uso de inteligencia artificial en el campo de batalla.
Elizabeth Dwoskin, corresponsal de The Washington Post en Silicon Valley desde 2016, escribió un extenso reportaje titulado: «Israel construyó una ‘fábrica de inteligencia artificial’ para la guerra y la desató en Gaza». Con una trayectoria destacada en la cobertura de big data e inteligencia artificial, Dwoskin se centró en cómo las FDI han integrado herramientas avanzadas de aprendizaje automático en sus operaciones. Su investigación revela que Habsora no solo aceleró la identificación de objetivos, sino que también suscitó intensos debates entre altos mandos militares sobre los límites éticos y estratégicos de estas tecnologías.
Inteligencia artificial llamada Habsora
Habsora, una inteligencia artificial diseñada para analizar vastas cantidades de datos, se convirtió en el núcleo operativo de las FDI tras el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. La herramienta permitió reponer rápidamente un banco de objetivos que se había agotado después de días de bombardeos intensivos. Según fuentes citadas en el reportaje, este sistema procesó información de imágenes satelitales, interceptaciones de comunicaciones y redes sociales, generando en minutos lo que antes requería semanas de análisis humano. Los algoritmos de Habsora ofrecieron coordenadas precisas de túneles, infraestructuras y posibles miembros de Hamás, agilizando una ofensiva que, según el Ministerio de Salud de Gaza, ha dejado más de 45.000 muertos, incluidos miles de mujeres y niños.

El de la inteligencia artificial llamada Habsora, sin embargo, ha despertado serias críticas, incluso dentro del propio ejército israelí. Algunos oficiales de alto rango han señalado que la dependencia de esta inteligencia artificial ha debilitado las capacidades tradicionales de análisis humano. En varias ocasiones, las recomendaciones generadas por Habsora fueron aprobadas suficientes sin el escrutinio, lo que, según expertos, pudo haber incrementado las bajas civiles. A pesar de que las FDI afirman adherirse al Derecho Internacional Humanitario y minimizar los daños colaterales, la tasa aceptable de bajas civiles se ha incrementado significativamente durante este conflicto, alcanzando proporciones que muchos consideran alarmantes.
La unidad 8200
Uno de los aspectos más controvertidos de Habsora es su capacidad para predecir patrones de comportamiento de posibles combatientes. Herramientas complementarias, como Lavender, asignan calificaciones porcentuales a personas según su probabilidad de ser miembros de Hamás, calculando en factores como cambios frecuentes de teléfono o pertenencia a grupos de WhatsApp con militantes conocidos. Aunque estas tecnologías ofrecen ventajas tácticas, varios analistas han cuestionado su precisión y el riesgo inherente de errores fatales al confiar exclusivamente en algoritmos para identificar objetivos humanos.
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La implementación de estas herramientas no fue un proceso improvisado. Durante más de una década, la unidad 8200, la división de inteligencia más grande y prestigiosa de Israel, trabajó en el desarrollo de sistemas avanzados de aprendizaje automático. Bajo el liderazgo de Yossi Sariel desde 2020, esta unidad creó una infraestructura tecnológica que incluye aplicaciones como Map It y Z-Tube, diseñadas para ofrecer a los soldados datos en tiempo real sobre posibles objetivos. Sin embargo, algunos exoficiales señalan que esta obsesión por la tecnología desplazó a analistas tradicionales y generó una «fábrica de inteligencia artificial» que prioriza la velocidad sobre la calidad de las decisiones estratégicas, entre otras, la inteligencia artificial llamada Habsora.
El número de bajas es preocupante
El debate sobre Habsora no se limita al ámbito militar. En círculos académicos y políticos, su uso ha reavivado cuestionamientos sobre el papel de la inteligencia artificial en conflictos armados. Steven Feldstein, investigador del Carnegie Endowment, destacó que el modelo israelí podría ser un precursor de un cambio global en la forma de librar guerras. Según él, herramientas como Habsora pueden aumentar exponencialmente el número de bajas debido a la rapidez con la que se generan objetivos, poniendo en duda si el equilibrio entre ventaja militar y proporcionalidad se está respetando.
A nivel internacional, el caso de la inteligencia artificial llamada Habsora ha atraído la atención de organismos de derechos humanos y cortes internacionales. Denuncias de genocidio contra Israel han sido presentadas en La Haya, alegando que decisiones críticas sobre los bombardeos se tomaron calculando en algoritmos más que en evaluaciones humanas. Aunque las FDI sostienen que la revisión humana es parte integral del proceso, testimonios anónimos de soldados y oficiales sugieren que, en la práctica, estas verificaciones fueron reducidas o incluso omitidas en los momentos de mayor intensidad del conflicto.

Las máquinas tomaron el control
El impacto de la inteligencia artificial llamada Habsora va más allá de los resultados inmediatos en Gaza. Según el reportaje de Dwoskin, esta herramienta representa un cambio de paradigma en la inteligencia militar, donde las máquinas comienzan a sustituir a los humanos en funciones críticas. Algunos excomandantes argumentan que esta transición podría haber contribuido a que Israel no detectara con suficiente antelación los preparativos de Hamás para el ataque del 7 de octubre, señalando que el énfasis excesivo en algoritmos eclipsó las señales de advertencia identificadas por analistas humanos.
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Mientras el conflicto continúa, el legado de Habsora plantea preguntas profundas sobre el futuro de la guerra y la ética de delegar decisiones de vida o muerte a sistemas automatizados. En palabras de un exlíder militar entrevistado por Dwoskin: «El hombre ha sido reemplazado por la máquina». Esta afirmación resume la tensión fundamental que define no solo la guerra en Gaza, sino también el camino hacia una militarización cada vez más dependiente de la tecnología.

