Tiranos de nuevo y de viejo cuño han salido indemnes de la gestión democrática Biden

En un mundo donde la democracia y los derechos humanos se encuentran constantemente bajo asedio, la administración del presidente Joe Biden ha prometido ser un faro de esperanza y un defensor incansable de estos principios fundamentales. Desde su investidura, Biden ha situado la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos en el centro de su política exterior, declarando que Estados Unidos estará al lado de aquellos que luchan por su libertad y dignidad. Sin embargo, a medida que su mandato se acerca a su fin, el balance de sus acciones en este ámbito es, en el mejor de los casos, mixto. Esta situación ha llevado a que tanto tiranos recién llegados al poder como aquellos que ya llevaban tiempo en él hayan salido indemnes de la gestión democrática Biden, cuestionando el compromiso real de su administración con los valores que afirma defender.

El autor de este análisis, Brahma Chellaney, un reconocido geoestratega y autor de numerosos libros, incluido el galardonado «Agua: el nuevo campo de batalla de Asia», ha profundizado en este tema en un editorial para The Hill, titulado «¿Biden realmente defiende los derechos humanos?». Chellaney argumenta que, aunque Biden ha mantenido una retórica firme sobre la defensa de la democracia y los derechos humanos, sus acciones han demostrado ser selectivas y, a menudo, contradictorias. Un claro ejemplo de esta dicotomía es la rápida respuesta de Biden al golpe de Estado en Myanmar, donde reimplantó severas sanciones contra el régimen militar. Sin embargo, su postura firme en Myanmar contrasta notablemente con su enfoque hacia otros regímenes autoritarios que son estratégicamente importantes para los intereses estadounidenses.

Autócratas indemnes de la gestión democrática Biden

La gestión de Biden en la promoción de los derechos humanos y la democracia ha sido especialmente cuestionada por su apoyo político y militar a Israel durante la devastadora guerra en Gaza. Su negativa a presionar por un alto al fuego ha ensombrecido su campaña de reelección, erosionando el apoyo de su base en Estados Unidos y dejando al país diplomáticamente aislado, en una situación comparable a la de Rusia tras su invasión a Ucrania. Este respaldo inquebrantable al gobierno más derechista y religiosamente conservador en la historia de Israel subraya una vez más la inconsistencia entre la retórica de Biden y sus acciones.

indemnes de la gestión democrática Biden
El silencio de Biden sobre el giro hacia el autoritarismo del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky es particularmente revelador. Ilustración MidJourney

Además, Biden ha aplicado de manera selectiva la promoción de los derechos democráticos, apuntando a adversarios de Estados Unidos y a estados débiles sin importancia estratégica, mientras tolera prácticas autoritarias en países clave para los intereses estadounidenses que salen indemnes de la gestión democrática Biden. La búsqueda de una legitimidad moral, que ha llevado a las sanciones a ser la herramienta preferida de los formuladores de políticas estadounidenses, ha demostrado ser un instrumento contundente que, lejos de promover cambios políticos, a menudo refuerza las conductas autoritarias de los regímenes atacados.

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Un autócrata llamado Volodymyr Zelensky

El silencio de Biden sobre el giro hacia el autoritarismo del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky es particularmente revelador. Es de los muchos que han salido indemnes de la gestión democrática Biden. No reconocer esta realidad contradiría la narrativa de Biden de que la guerra en Ucrania simboliza una «batalla entre democracia y autocracia». Mientras tanto, la administración Biden ha mimado al dominante ejército de Pakistán, a pesar de su largo historial de obstrucción a una transición democrática genuina, destacando una vez más la disposición de Biden a pasar por alto las transgresiones de regímenes autoritarios cuando conviene a los intereses estadounidenses.

Asesinato de Jamal Khashoggi

Brahma Chellaney observa con preocupación como viejos y nacientes tiranos son indemnes de la gestión democrática Biden. Recalca que en este enfoque selectivo y pragmático hacia la promoción de los derechos democráticos en el extranjero ha llevado a Biden a acercarse a autocracias en momentos en que la creciente competencia de Estados Unidos con China moldea cada vez más su diplomacia. A pesar de su promesa de campaña de castigar a Arabia Saudita por el asesinato de Jamal Khashoggi y los crímenes en Yemen, Biden buscó reparar los lazos con el reino, subrayando la vacuidad de su moralización.

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El cheque en blanco dado por Biden a Israel ha dado origen a desmanes que han llevado las atrocidades de Tel Aviv ante la Corte Internacional de Justicia. Ilustración MidJourney

La gestión de Biden en la promoción de la democracia y los derechos humanos refleja un enfoque marcado por la inconsistencia y el pragmatismo, donde los intereses estratégicos a menudo prevalecen sobre los principios declarados. Esta realidad ha permitido que tanto tiranos de nuevo como de viejo cuño continúen sus prácticas autoritarias sin enfrentar consecuencias significativas de parte de la administración democrática de Biden.

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La geopolítica de los derechos humanos y la promoción de la democracia, lejos de fortalecer la posición global de Estados Unidos, ha contribuido a su extralimitación estratégica, acelerando el declive relativo de su riqueza y poder. En este complejo escenario, la promesa de Biden de ser un defensor incansable de la democracia y los derechos humanos se enfrenta a la dura realidad de una política exterior que, demasiado a menudo, ha priorizado la pragmática sobre los principios.

 

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Redacción Estoy Al Día
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