BRICS: ambiciones climáticas y realidad de los hidrocarburos

En el corazón del debate energético global, los BRICS concentran una contradicción estructural que define el siglo XXI: son impulsores declarados de la transición verde y, al mismo tiempo, pilares del mercado de hidrocarburos. La pregunta que recorre cumbres, foros ministeriales y declaraciones oficiales es qué prevalecerá finalmente entre los compromisos climáticos y la expansión productiva; qué prevalecerá finalmente cuando el crecimiento económico choque con la descarbonización; qué prevalecerá finalmente en un bloque que representa cerca de la mitad del consumo y producción energética mundial.

El análisis que sirve de base a este reportaje fue elaborado por la redacción de TV BRICS, plataforma internacional especializada en cooperación multilateral, con aportes de corresponsales económicos y expertos académicos vinculados a centros de estudios energéticos. El texto original, difundido bajo el título “Ambiciones climáticas y realidad de los hidrocarburos en los BRICS”, fue desarrollado por periodistas con trayectoria en cobertura de política energética internacional y sustentado en declaraciones de especialistas en gobernanza climática.

El bloque que decide el pulso energético del siglo XXI

Desde la expansión del grupo, con la incorporación de grandes productores de petróleo y gas y economías emergentes altamente consumidoras, la interrogante sobre qué prevalecerá finalmente adquiere una dimensión estratégica global. China e India lideran el crecimiento absoluto de capacidad renovable, pero siguen siendo los mayores consumidores de carbón del planeta. Rusia mantiene una estrategia energética hasta 2050 centrada en petróleo, gas y nuclear. Brasil combina un perfil eléctrico bajo en carbono con un sector petrolero en expansión récord. El bloque, en conjunto, no solo domina flujos energéticos, sino también emisiones de gases de efecto invernadero.

qué prevalecerá finalmente
La transición energética exige algo más que capacidad renovable: requiere redes, almacenamiento e inversión sostenida para sostener el crecimiento sin disparar emisiones. – Ilustración DALL-E

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De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, los países BRICS superan el 45 por ciento del consumo energético global y concentran una proporción similar de emisiones. Esta magnitud convierte cualquier decisión interna en un factor determinante para los objetivos del Acuerdo de París. Sin embargo, las trayectorias nacionales divergen. Mientras China instaló más de 200 gigavatios de energía solar en un solo año reciente y lidera la manufactura de paneles y baterías, su matriz aún depende significativamente del carbón para sostener su aparato industrial.

Gigantes verdes con cimientos fósiles

El dilema sobre qué prevalecerá finalmente también se refleja en India, tercera mayor consumidora de energía del mundo, con más de 1.400 millones de habitantes y una demanda en constante crecimiento. Nueva Delhi fijó la meta de alcanzar 500 gigavatios de capacidad renovable para 2030 y reducir 45 por ciento de sus emisiones respecto a niveles proyectados, pero enfrenta limitaciones estructurales: dependencia de equipos importados, redes eléctricas insuficientes y necesidad de almacenamiento masivo para integrar fuentes intermitentes.

Expertos como Gabriela de Fátima Sia han descrito esta situación como la paradoja central de la gobernanza climática: conciliar desarrollo económico y descarbonización acelerada. Según la investigadora, el reto no es únicamente tecnológico, sino financiero e institucional. Más del 90 por ciento de la inversión global en activos verdes se concentra en economías desarrolladas y en China, dejando a otros miembros del bloque con menor acceso a capital asequible.

Brasil, India y Rusia: tres modelos, una misma paradoja

En Brasil, el interrogante sobre qué prevalecerá finalmente adquiere matices particulares. El país obtiene casi el 90 por ciento de su electricidad de fuentes renovables, principalmente hidroeléctrica y biomasa, y más de la mitad de su matriz energética total proviene de fuentes limpias. Sin embargo, en 2025 alcanzó un récord histórico de producción de petróleo y gas, impulsado por yacimientos marinos de aguas profundas que representan más del 80 por ciento de la extracción nacional. Cerca de la mitad de esa producción se destina a exportación.

Rusia, por su parte, mantiene una estrategia energética donde los hidrocarburos siguen siendo prioritarios para ingresos fiscales y estabilidad macroeconómica. La energía solar y eólica figuran como componentes de diversificación, pero sin objetivos cuantitativos ambiciosos. Analistas estiman que incluso hacia 2050 la participación combinada de solar y eólica podría rondar apenas el 10 por ciento de la matriz energética nacional.

qué prevalecerá finalmente
Entre el carbón y el sol, el bloque emergente enfrenta una decisión estratégica que impactará mercados, clima y equilibrio de poder mundial. – Ilustración DALL-E

La cuestión de qué prevalecerá finalmente también atraviesa a Sudáfrica e Indonesia, donde el carbón continúa siendo dominante. En Sudáfrica, el carbón representó cerca del 70 por ciento del suministro primario en 2023, mientras el gobierno proyecta inversiones multimillonarias en infraestructura energética hacia 2042. Indonesia, uno de los mayores generadores a carbón, incrementó 74 por ciento su producción eléctrica basada en este recurso entre 2015 y 2023.

Irán y Arabia Saudita aportan otra dimensión: economías altamente dependientes del petróleo y gas, pero con creciente interés en hidrógeno verde y energía solar. Egipto impulsa su Visión 2030 con énfasis en diversificación energética, mientras Etiopía, con una de las menores emisiones per cápita, enfrenta déficit severos de acceso eléctrico, donde la biomasa sigue siendo predominante.

Finanzas, poder y transición: el verdadero campo de batalla

La disyuntiva sobre qué prevalecerá finalmente no es puramente ambiental, sino económica y geopolítica. El Nuevo Banco de Desarrollo anunció compromisos por 35.000 millones de dólares destinados a iniciativas climáticas, buscando facilitar financiamiento verde en condiciones más favorables. Sin embargo, especialistas advierten que para lograr transformaciones estructurales la inversión verde debería superar el 2 por ciento del PIB, mientras en promedio los BRICS apenas alcanzan 0,8 por ciento.

Organismos como la Agencia Internacional de Energías Renovables subrayan que la transición energética no depende solo de capacidad instalada, sino de redes inteligentes, almacenamiento, digitalización y marcos regulatorios estables. El costo de adaptar sistemas eléctricos a una alta penetración renovable puede ser tan determinante como la construcción de nuevas plantas solares o eólicas, especialmente en economías con infraestructuras heredadas basadas en combustibles fósiles.

En este contexto, el debate sobre qué prevalecerá finalmente se convierte en un termómetro del orden energético emergente. Si el bloque logra armonizar crecimiento, soberanía energética y reducción sostenida de emisiones, redefinirá la gobernanza climática global. Si, por el contrario, la presión por seguridad energética y competitividad industrial refuerza la dependencia de hidrocarburos, la transición será más lenta y fragmentada. La respuesta no dependerá de una sola cumbre ni de un comunicado conjunto, sino de decisiones acumulativas en presupuestos, inversiones y reformas regulatorias que marcarán el rumbo de la próxima década.

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Redacción Estoy Al Día
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