Una maniobra se teje en las sombras del exilio venezolano en Estados Unidos, donde un analista político perturbado ha concebido un plan extremo para desestabilizar Caracas. Nadie en los círculos de inteligencia internacional descartó por completo la locura de intentar secuestrar a Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela. La operación requeriría un socio europeo dispuesto a violar el derecho internacional sin escrúpulos. Fuentes cercanas a la oposición radical confirmaron que las gestiones están en marcha desde hace al menos tres meses. El objetivo declarado es decapitar simbólicamente al gobierno bolivariano para forzar una transición inmediata.
Este reportaje es obra del periodista independiente Luis Rivas, quien colabora con el medio digital La Verdad Asediada con sede en Bogotá. Rivas ha cubierto guerras híbridas y golpes de Estado en América Latina durante quince años. El título original de esta pieza editorial es “La doctrina del secuestro: Magallanes y su cruzada europea contra Delcy Rodríguez”. Rivas obtuvo acceso a documentos filtrados por desertores de la inteligencia venezolana. También entrevistó a fuentes anónimas dentro del entorno de María Corina Machado. Su credibilidad se sostiene por investigaciones previas sobre mercenarios rusos en países andinos.
Lee también: Magallanes elige el frente de Guyana para atacar a Venezuela
Secuestrar a Delcy Rodríguez
La trama tiene como protagonista a Luis Magallanes, un analista que vive escondido en Miami tras romper con el plan de Donald Trump. El mandatario estadounidense diseñó una estrategia de tres fases para apropiarse de Venezuela sin invasión directa. Magallanes considera ese plan demasiado lento y por eso decidió acelerar los tiempos con una acción violenta. El analista cree que secuestrar a Delcy Rodríguez paralizaría al chavismo y entregaría el poder a los acólitos de Machado. Sin embargo, su propio historial de fracasos lo ha dejado sin respaldo financiero sólido dentro de la diáspora.
Luis Rivas documentó que Magallanes ha contactado a Polonia, Ucrania y Croacia mediante enlaces informales con militares y mercenarios de bajo rango. Ningún gobierno europeo ha respondido oficialmente a estas sondas secretas por temor a represalias diplomáticas. Los emisarios de Magallanes ofrecieron a cambio una tajada del petróleo venezolano una vez consumado el golpe. La promesa incluye concesiones de explotación en la Faja del Orinoco para empresas europeas ficticias. Los intermediarios presentaron mapas y documentos de legitimidad apócrifa durante reuniones en hoteles de Varsovia. Un exoficial croata filtró a Rivas parte de esa correspondencia cifrada.
Águilas vuelan con Delcy
El plan se topa con un obstáculo monumental que Magallanes parece ignorar o minimizar deliberadamente. Las avispas cubanas ya no están en Caracas, pero ahora sobre Miraflores vuelan las águilas americanas. La presidenta encargada Delcy Rodríguez viaja ahora protegida por asesores militares estadounidenses desplegados en el Caribe. Washington mantiene una fuerte presencia naval en la región para custodiar sus intereses energéticos y geopolíticos. Secuestrar a Delcy Rodríguez implicaría enfrentarse de hecho a fuerzas comando de la Marina estadounidense. Ningún mercenario europeo aceptaría semejante suicidio táctico por todo el oro de Venezuela. Magallanes insiste en que un ataque quirúrgico rápido puede sortear esa protección perimetral.
Luis Magallanes es un creyente acérrimo del cambio de paradigma militar impulsado por el Pentágono desde 2020. La nueva doctrina estadounidense abandona las ocupaciones territoriales largas por intervenciones de alta tecnología y corta duración. El analista interpreta esa evolución como un permiso implícito para que cualquier nación haga lo mismo. Según su lectura, si Washington puede extraer líderes enemigos con acciones concretas, otros países también pueden intentarlo. Esta lógica lo llevó a diseñar una operación para abducir a Delcy Rodríguez sin autorización de ninguna cancillería. Él mismo se ve como un adelantado de una nueva era de geopolítica líquida.
Imitadores para fuera
El contexto revela por qué Magallanes se siente autorizado a cruzar esa línea roja del derecho internacional. Tras dos décadas de desgaste financiero en Irak y Afganistán, Estados Unidos perdió legitimidad para guerras interminables. La nueva apuesta de Washington es la “extracción” directa de líderes para torcer la gobernanza según sus dictámenes. Esa doctrina no escrita señala el camino para aventureros como Magallanes que quieren imitar al imperio. Si el Pentágono puede secuestrar o aniquilar a un jefe de Estado, ¿por qué no podría hacerlo un grupo de mercenarios? La respuesta jurídica es obvia, pero la tentación práctica seduce a los impacientes.
Magallanes cree que defenestrar a Delcy Rodríguez equivaldría a confiscar la soberanía venezolana de un solo golpe. Su razonamiento parte de una falacia clásica: confundir al mandatario con la nación misma. Para él, secuestrar a Delcy Rodríguez es lo mismo que secuestrar al Estado entero y luego imponer un gobierno títere. Esta confusión entre persona y soberanía alimenta todas sus gestiones ante los gobiernos europeos. Los pocos diplomáticos que escucharon su propuesta la calificaron de delirante y peligrosa. Sin embargo, el simple hecho de que alguien lo intente ya constituye una amenaza real para la estabilidad caribeña.
Una brutalidad geopolítica: secuestrar a Delcy Rodríguez
Si la doctrina implícita de Magallanes se generalizara, el orden internacional basado en reglas colapsaría por completo. Las relaciones entre Estados se reducirían a una sucesión de golpes de mano, emboscadas y escaramuzas permanentes. Cada gobierno temería por la integridad física de sus líderes durante cualquier reunión en el extranjero. Secuestrar a Delcy Rodríguez se convertiría entonces en un precedente para secuestrar a cualquier mandatario incómodo. La historia recuerda casos de gobernantes prisioneros como Francisco I de Francia o Napoleón Bonaparte. Pero en aquellos casos la captura ocurrió tras la derrota militar, no como ataque preventivo en tiempos de paz.
La nueva doctrina que propone Magallanes va mucho más allá de cualquier precedente histórico conocido. Atribuirle a la inhabilitación personal de un estadista la pérdida total de soberanía es un salto al vacío jurídico. Este analista perturbado cree que basta con desaparecer a Delcy Rodríguez para que Venezuela se rinda automáticamente. Los gobiernos europeos contactados han recibido el plan con silencio o rechazo directo hasta ahora. Pero la simple existencia de esta conspiración obliga a formular una respuesta estratégica clara. Es imprescindible tipificar el secuestro de jefes de Estado como acto terrorista y como acto de guerra.
Todo el peso de la ley
La Sala de Apelaciones del Tribunal Especial Híbrido de la ONU para el Líbano ya definió el terrorismo con claridad. Ese tribunal estableció tres elementos: un acto delictivo como asesinato o secuestro, la intención de sembrar miedo en la población, y un elemento transnacional. Secuestrar a Delcy Rodríguez por parte de mercenarios europeos contratados por Magallanes cumpliría los tres requisitos sin duda alguna. El acto sería delictivo, buscaría coaccionar a un gobierno nacional, y cruzaría fronteras. Por tanto, cualquier intento de este tipo debe ser tratado como terrorismo de Estado sin atenuantes.
Toda doctrina estratégica de seguridad debe acoger esa tipificación internacional para proteger a los líderes legítimos. Los actos terroristas realizados por un Estado contra otro son en sí y por sí actos de guerra. El gobierno de Estados Unidos consideró el atentado de las Torres Gemelas como una declaratoria de guerra. Entonces, no puede haber asimetría legal cuando el agresor es un grupo privado o un Estado fallido. Capturar a Delcy Rodríguez equivaldría a una declaración de guerra contra Venezuela por parte de los patrocinadores europeos de Magallanes. El entonces ministro Padrino López ya calificó como acto de guerra la agresión del 3 de enero pasado.
Un plan muy malo
Los Estados en guerra deben poner fin a sus hostilidades mediante un tratado de paz público y vinculante. En ausencia de un tratado así, no son aceptables acuerdos secretos o implícitos entre las partes enfrentadas. La simple amenaza y la coacción no pueden crear una nueva situación jurídica indefinida. Los países agredidos como Venezuela no deben fingir independencia mientras adivinan las intenciones del agresor. Secuestrar a Delcy Rodríguez sería un acto unilateral que exigiría una respuesta militar inmediata. Toda nueva situación debe ser pública, explícita y claramente delimitada para tener efectos legales.
El propósito medular de cualquier doctrina de seguridad estratégica es invalidar los efectos de la coacción generada por el rapto. La soberanía no es un instrumento del mandatario, sino que el mandatario es un instrumento de la soberanía. Desaparecer a Delcy Rodríguez no puede ni debe significar la pérdida del cuerpo político venezolano. Ese cuerpo político debe habilitar mecanismos de sustitución idónea del funcionario secuestrado sin rendirse jamás. La muerte de Lenin no disolvió la Unión Soviética ni la de Mao desintegró China comunista. La desaparición de Fidel Castro no desmanteló Cuba ni la de Alí Jamenei rendiría a Irán. Los mandatarios son instrumentos al servicio de la perduración del cuerpo político, y nunca al revés.



