En un sorprendente giro de los acontecimientos geopolíticos, resulta que Rusia importa de los EE.UU. componentes fundamentales utilizados en su maquinaria de guerra. Este hecho, que parece desafiar la lógica de las sanciones internacionales y las tensiones políticas, se ha revelado en un reportaje exhaustivo de Douglas Busvine para POLITICO. En su artículo titulado “Las sanciones no funcionan: cómo Occidente permite la guerra de Rusia contra Ucrania”, Busvine desentraña una red intrincada y a menudo contradictoria de suministros y sanciones que caracterizan las relaciones actuales entre Rusia y Occidente.
El núcleo de este enigma radica en que, mientras la Unión Europea (UE) se centra en señalar a proveedores chinos, son, en realidad, las empresas occidentales las que producen los componentes más críticos usados en el arsenal bélico ruso. Esta paradoja se hace más evidente en el contexto de las recientes amenazas de la UE de nombrar y avergonzar a más de una docena de empresas chinas por suministrar tecnología clave a Rusia. Sin embargo, el silencio es ensordecedor cuando se trata de mencionar a las empresas occidentales que fabrican equipos de doble uso y otros equipos avanzados, que, según los análisis de los restos encontrados en campos de batalla ucranianos, se utilizan en misiles rusos Kalibr, drones Orlan y los helicópteros Ka-52 “Alligator”.
Rusia importa de los EE.UU. repuestos de guerra
Rusia importa de los EE.UU. semiconductores y otros componentes tecnológicos críticos, a pesar de las sanciones impuestas. Según el equipo de sanciones de la Escuela de Economía de Kiev, empresas como Intel, Huawei, Analog Devices, AMD, Texas Instruments e IBM están en la cúspide de esta lista inesperada. Estos hallazgos destacan una recuperación sorprendente de las importaciones rusas de microelectrónica, sistemas inalámbricos y de navegación por satélite, alcanzando una tasa mensual de 900 millones de dólares en los primeros nueve meses del año.

Este panorama sugiere que, aunque las sanciones occidentales inicialmente impactaron a Rusia tras su invasión a gran escala el 24 de febrero de 2022, Moscú ha logrado reconfigurar sus cadenas de suministro con la ayuda de China, Hong Kong, y países vecinos como Kazajstán y Turquía, miembro de la OTAN. Esta situación plantea serias preguntas sobre la efectividad de las sanciones y si la UE está proporcionando, sin darse cuenta, un caso de estudio para la definición de locura: repetir las mismas acciones esperando resultados diferentes.
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Incrementar la responsabilidad
Elina Ribakova del Instituto KSE aboga por una mayor responsabilidad del sector privado occidental. Argumenta que las empresas deben rastrear sus productos a lo largo de toda la cadena de valor hasta su destino final, similar a cómo los bancos reforzaron los controles contra el lavado de dinero después de la crisis financiera de 2008. Según Ribakova, actualmente hay una “política en el vacío”, donde las normativas existen, pero no hay infraestructura para que el sector privado las cumpla o para que sean efectivamente controladas.
La respuesta de Intel a esta situación ha sido suspender todos los envíos a Rusia y Bielorrusia, afirmando su cumplimiento con las sanciones y los controles de exportación. Sin embargo, la compañía admite que no siempre puede controlar cómo sus productos son utilizados por sus clientes o los usuarios finales. Este enfoque refleja un dilema moral y ético que enfrentan muchas empresas occidentales: el equilibrio entre el comercio global y la responsabilidad social corporativa y es de esta manera que se hace posible lo increíble: Rusia importa de los EE.UU.
Balas estadounidenses paran en Rusia
Por otro lado, los hallazgos del Instituto KSE corroboran los reportes de POLITICO, que han demostrado cómo productos como municiones de francotirador fabricadas en Estados Unidos terminan en manos rusas y cómo China se ha convertido en un proveedor clave de equipos militarmente útiles para Rusia. Además, las empresas europeas, aunque no figuran entre los principales fabricantes de tecnología crítica vendida a Rusia, enfrentan un escrutinio creciente por el suministro de maquinaria y repuestos, a menudo a través de terceros países.
La aplicación de sanciones en la UE se convierte en un asunto complicado, ya que depende de la voluntad y la capacidad de cada país miembro para implementarlas. A estas alturas es un hecho: Rusia importa de los EE.UU. También hay una disparidad notable en el compromiso de los países miembros con el régimen de sanciones, con algunos, como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, mostrando simpatía abierta hacia Rusia. Esta inconsistencia en la aplicación de las sanciones plantea preguntas sobre su eficacia global.

Aplicación más efectiva de las sanciones
El caso se complica aún más cuando se toma en cuenta que Rusia todavía opera bajo un principio organizativo de la era soviética, que dicta que la industria civil debería poder convertirse completamente en producción militar si fuera necesario. Esta realidad subraya la urgencia de una supervisión más estricta y una aplicación más efectiva de las sanciones para detener esta realidad: Rusia importa de los EE.UU.
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Sin embargo, sólo un puñado de casos relacionados con la violación de sanciones están siendo perseguidos por las autoridades europeas. Por ejemplo, los fiscales alemanes recientemente arrestaron a un empresario por suministrar tornos de precisión a empresas rusas que fabrican rifles de francotirador. Este caso, sin embargo, está relacionado con sanciones impuestas mucho antes, tras la ocupación rusa de Crimea y el este de Ucrania en 2014.
Rusos con amigos en Europa
El informe también señala a los verdaderos malos actores en esta situación: individuos rusos con estrechos vínculos con Putin y su régimen, quienes, a pesar de la muerte y destrucción causadas, siguen siendo bienvenidos en Europa. Las inversiones inmobiliarias de lujo y la movilidad financiera de estas figuras en países como España, Suiza y Francia plantean cuestiones serias sobre la eficacia y la coherencia de las políticas de sanciones de la UE.
Además, cerca de 1.600 multinacionales occidentales continúan operando en Rusia, y muchas de ellas han tenido dificultades para retirarse del país, como lo demuestran las investigaciones sobre compañías de licores occidentales. Algunas empresas, como Danone y Carlsberg, incluso han sido extorsionadas por Putin y sus aliados.
La UE, aparentemente incapaz de aislar económicamente a Rusia, envía a su enviado de sanciones, David O’Sullivan, en una misión para aplicar persuasión moral a los países que no están alineados con las sanciones. O’Sullivan admite que las sanciones son un «pinchazo lento» de la economía rusa, y aunque no pronostica un colapso inmediato, sugiere que el efecto acumulativo eventualmente hará que el sistema sea insostenible. Mientras, Rusia importa de los EE.UU. e material bélico de manera directo o indirecta.
Occidente debe enseriar sus decisiones
El éxito de las sanciones, en última instancia, dependerá de si los gobiernos occidentales pueden hacer un mejor trabajo para hacer que sus propias empresas rindan cuentas y frenen los flujos de tecnología, equipos y repuestos que sostienen a Putin y su guerra. La clave estará en la voluntad de los gobiernos para hacer cumplir sus decisiones y la evidencia hasta ahora sugiere que esta voluntad es limitada.
Este complejo panorama de sanciones, comercio y política plantea preguntas profundas sobre la efectividad de las medidas internacionales en un mundo interconectado. Mientras tanto, la frase «Rusia importa de los EE.UU.» se convierte en un símbolo de las contradicciones y desafíos inherentes a la geopolítica contemporánea.

