Los republicanos están entrando en pánico en Georgia, donde los estrategas del partido discuten en privado si la contienda por el Senado se ha alejado definitivamente de su alcance, en Kansas, un estado que no elige a un demócrata para el Senado desde 1932, y donde el vicepresidente JD Vance tuvo que viajar esta semana para rescatar a un senador que se suponía invulnerable, también en Nebraska, Texas y una docena de distritos que Donald Trump ganó por márgenes de dos dígitos hace apenas dos años, porque el mapa electoral que creían seguro se desmorona a menos de siete semanas de las elecciones de mitad de mandato. Lo que parecía una defensa rutinaria se ha convertido en una operación de rescate sin precedentes.
Este reportaje se basa en el trabajo original de los periodistas Reid J. Epstein y Shane Goldmacher, del The New York Times, corresponsales veteranos de la Casa Blanca y la política estadounidense, bajo el título original Republicans Reel on the Midterm Map as Deep-Red Areas Come Into Play. Sus reportes desde Georgia, Kansas y Nebraska documentan una realidad que contradice la narrativa oficial del partido.
Los republicanos están entrando en pánico
En Georgia, la ansiedad es palpable. Los estrategas republicanos han dejado de hablar de ganar y ahora debaten si la contienda por el Senado ya está perdida. El representante Mike Collins, el candidato respaldado por Trump, arrastra escándalos familiares, una recaudación de fondos “poco entusiasta” y dificultades para conectar con el electorado, según declaró al Daily Beast el estratega republicano Jordán Fuchs. “No me siento optimista”, admitió otro estratega que pidió el anonimato. El senador demócrata Jon Ossoff ha pasado meses acumulando una ventaja financiera mientras sus rivales republicanos se desgastan en una primaria caótica.
El caso de Kansas es aún más revelador. Los republicanos están entrando en pánico porque un estado que no ha enviado a un demócrata al Senado en casi un siglo se ha convertido en un campo de batalla real. El vicepresidente JD Vance viajó el lunes a Olathe para hacer campaña por el senador Roger Marshall, quien enfrenta al pastor metodista Adam Hamilton. Hamilton ha roto récords de recaudación de fondos en Kansas. Marshall, además, carga con un reportaje del New York Times que reveló que cuando ejercía como obstetra-ginecólogo demandó a más de 700 pacientes por facturas médicas impagas y 81 de ellos fueron arrestados tras faltar a citas judiciales. El Cook Political Report todavía califica la contienda como “probablemente republicana”, pero las acciones de Vance y el gasto del super PAC MAGA Inc. en el estado demuestran que el partido no se lo toma a la ligera.

Nebraska no estaba en el radar demócrata
Los republicanos están entrando en pánico, y en Nebraska la señal es inequívoca. Un nuevo super PAC vinculado al Fondo de Liderazgo del Senado acaba de inyectar 1,4 millones de dólares en publicidad para proteger al senador Pete Ricketts, un multimillonario que ya había aportado 5,3 millones de dólares a su propia campaña. Nebraska no estaba en el radar demócrata al inicio del ciclo. Trump ganó el estado por unos 20 puntos en 2024. Pero el comité nacional republicano del Senado ni siquiera está gastando allí, según su divulgación más reciente, que muestra inversiones en New Hampshire, Ohio, Iowa, Alaska y Maine. La defensa de un estado profundamente rojo con dinero de super PAC es la definición operativa del pánico.
En Texas, el presidente Trump ha ordenado a su principal super PAC, MAGA Inc., desembolsar 10 millones de dólares para respaldar al fiscal general Ken Paxton en su contienda por el Senado. Se trata del primer gran gasto del ciclo para Trump, y llega después de que las encuestas mostrarán a Paxton por detrás del demócrata James Talarico. Elon Musk, a través de su América PAC, también ha comenzado a gastar en el estado. Un estratega republicano de Texas, Matt Langston, lo resumió sin rodeos: “Invertirán. Se involucrarán a lo grande”. El problema para el partido es que Texas, con su enorme peso electoral, nunca debió estar en esta lista.
Los republicanos están entrando en pánico, pero la crisis no es solo de mapa.
Es también económica. La Reserva Federal subió los tipos de interés esta semana por primera vez desde 2023, elevando la tasa de referencia a un rango de 3,75% a 4%. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, citó la guerra con Irán como la razón principal para endurecer la política monetaria. Los ataques hutíes cerraron el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que transportaba unos 4 millones de barriles diarios, o cerca del 4% del suministro global. El precio del crudo Brent ronda los 105 dólares por barril. La gasolina ha escalado a 4,37 dólares por galón y el diésel ha alcanzado un récord de 6,31 dólares.
Los estadounidenses han gastado 107.000 millones de dólares adicionales en combustible desde que comenzaron los ataques contra Irán en febrero, según estimaciones de la Universidad de Brown. Los hogares que usan petróleo para calefacción podrían ver sus costos invernales subir de 1.749 a 2.520 dólares. La Reserva Estratégica de Petróleo está en su nivel más bajo en 44 años, y las opciones para aliviar la crisis energética “están prácticamente agotadas”, advirtió el director ejecutivo de Chevron, Mike Wirth.
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La impopularidad de Trump
Los republicanos están entrando en pánico porque la impopularidad de Trump ya no es un problema abstracto. El El País reporta que Trump prometió “arremangarse” para evitar un desastre electoral y planea una convención republicana de emergencia en Dallas. Pero el daño está hecho. “Trump se ha convertido en alguien tóxico para su partido, y en los distritos reñidos los republicanos no se están alineando con él”, advierte David Schultz, experto en comportamiento electoral de estados bisagra. Schultz proyecta que los demócratas recuperarán la Cámara de Representantes con entre 225 y 230 escaños de 435. La guerra con Irán es impopular, los precios de los alimentos y la gasolina están desbocados, y la imagen de un presidente obsesionado con su legado —desde un salón de baile en la Casa Blanca hasta el cambio de nombre del lago Ontario— aleja a los votantes de los problemas reales.
Los republicanos están entrando en pánico porque cada día que pasa, el mapa se expande hacia territorio que creían intocable. Georgia, Kansas, Nebraska, Texas. La maquinaria de Trump y sus aliados está gastando millones en distritos que ganó por dos dígitos. Los estrategas que antes hablaban de ampliar la mayoría ahora hablan de contener la hemorragia. El senador Chuck Schumer, el demócrata de mayor rango en la Cámara, lo resumió con cautela: “Nunca nos hemos sentido mejor. No es un camino fácil”. Pero para los republicanos, el camino se ha vuelto un terreno minado. La única pregunta que queda es cuántos estados rojos más estarán en juego antes del 3 de noviembre.
