El cambio climático ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en la explicación central detrás de una de las peores tragedias que ha vivido Nepal en las últimas décadas. En agosto pasado, una masa de hielo glaciar y roca de dos kilómetros cuadrados se desprendió desde la montaña Langtang Lirung y cayó casi dos mil metros hasta el fondo del valle, en el distrito himalayo de Rasuwa, generando un alud devastador que dejó más de 1.300 muertos y cerca de 5.000 personas desaparecidas. Un equipo internacional de científicos concluyó, tras un análisis de atribución rápida, que el cambio climático había debilitado la ladera semanas antes del derrumbe, y ese hallazgo reabre una pregunta que incomoda a los grandes emisores del planeta: si el cambio climático contribuyó a esta catástrofe, ¿deberían pagar los países más contaminantes?
El material original de este reportaje fue elaborado por Christian Elliott, periodista científico y ambiental independiente radicado en Illinois, Estados Unidos . Elliott es egresado del programa de maestría en periodismo científico de la Escuela Medill de la Universidad Northwestern, en Chicago, y su trabajo ha aparecido en medios como National Geographic, Discover, Sierra, MIT Technology Review, Science, Undark, Hakai Magazine, Scientific American y Smithsonian. En 2022 fue becario del Pulitzer Center en su programa de reportería sobre ciencia climática. Esta versión, elaborada por Estoy al Día, retoma la investigación original de Elliott y la amplía desde la óptica de la justicia climática internacional.
La huella del cambio climático
Los investigadores de World Weather Attribution, la iniciativa que estudia la huella del cambio climático en fenómenos meteorológicos extremos, reconstruyeron la secuencia que precedió al colapso. Un calentamiento atmosférico muy superior al promedio mundial descongeló el permafrost que actuaba como cemento natural entre las paredes rocosas agrietadas de la montaña. Ese deshielo, sumado al adelgazamiento y retroceso del hielo glaciar que sostenía la ladera, ya lluvias registradas en altitudes donde antes solo caía nieve, permitió que el agua se filtrara en las fracturas profundas de la roca y lubricara el terreno hasta volverlo inestable.
El desastre golpeó con particular dureza a comunidades rurales que dependen del turismo de montaña y de la agricultura de subsistencia en los valles bajos del Trishuli. Miles de familias perdieron sus viviendas, puentes y caminos quedaron destruidos, y la respuesta de emergencia debió coordinarse en un terreno de difícil acceso, semanas antes del inicio de la temporada de monzones que suele agravar el riesgo de nuevos deslizamientos en la región. Equipos de rescate trabajaron junto a voluntarios locales, mientras helicópteros militares buscaban sobrevivientes entre los escombros de aldeas enteras borradas del mapa.

20 millones de dólares: Cambio Climático
Para un país pequeño como Nepal, este tipo de estudios de atribución se ha convertido en una herramienta clave para justificar ante la comunidad internacional el acceso a fondos de emergencia. El cambio climático, argumentan las autoridades nepalíes, no solo explica el desastre sino que sustenta su reclamo de compensación. Los ministerios de finanzas y medio ambiente enviaron una carta conjunta al Fondo de las Naciones Unidas para la Respuesta a Pérdidas y Daños, solicitando 20 millones de dólares, el monto máximo permitido por solicitud, para financiar la recuperación inmediata y reforzar la preparación ante futuros desastres similares.
El costo total de la reconstrucción, según estimaciones del propio gobierno nepalí, ronda los 4.800 millones de dólares, una cifra equivalente a más del 11 por ciento del producto interno bruto del país. El mecanismo al que recurrió Nepal fue creado apenas en 2022, durante la conferencia climática de la ONU en Egipto, tras años de resistencia de las economías más industrializadas a reconocer una responsabilidad financiera directa por los efectos del calentamiento global en las naciones más vulnerables.
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Un calor inusual para la época del año
Nepal planteó su solicitud no como un pedido de caridad, sino en términos de justicia climática. El canciller nepalí fue enfático al señalar que su país terminó pagando el precio más alto por una crisis global que no contribuyó a provocar, en un planeta donde la responsabilidad histórica de las emisiones recae abrumadoramente sobre un puñado de economías desarrolladas. Esa asimetría entre quién contamina y quién sufre las consecuencias más severas es, precisamente, el núcleo del debate que atraviesa las negociaciones climáticas internacionales desde hace más de una década.
Otros científicos aportaron piezas complementarias al rompecabezas. Un investigador de Berkeley Earth reconstruyó las temperaturas locales en la zona del colapso y descubrió que, en los días previos al derrumbe, el glaciar registró un calor inusual para la época del año, nunca antes observado en más de cinco décadas de registros. Sin el aporte adicional de calor asociado al calentamiento global, ese patrón térmico habría sido, según sus cálculos, un fenómeno dencia ocurre extremadamente raro. Especialistas en glaciología de centros de investigación europeos coincidieron en que el derretimiento acelerado de nieve y hielo en los días anteriores aportó una fuente considerable de agua líquida, capaz de infiltrarse en las grietas de la montaña y facilitar el desprendimiento.
Factores geológicos y climáticos
Pese a la contundencia de los indicios, varios expertos mantienen cautela sobre el peso exacto que tuvo la ola de calor en el desencadenamiento del colapso, recordando que fenómenos de esta magnitud suelen responder a una combinación de factores geológicos y climáticos difíciles de aislar por completo. Esa prudencia científica, sin embargo, no ha frenado el reclamo político de Katmandú, que insiste en que la evidencia disponible es suficiente para sustentar una demanda de reparación.
El caso de Rasuwa se suma a un número creciente de estudios de atribución que vinculan desastres específicos con el calentamiento global, un campo científico que ha ganado peso legal y diplomático en los últimos años, incluida su influencia en opiniones consultivas de tribunales internacionales sobre las obligaciones climáticas de los estados. Si la comunidad internacional termina aceptando que catástrofes como la de Langtang Lirung tienen una causa climática identificable, la pregunta que titula este reportaje dejará de ser retórica: los países que más han contaminado el planeta podrían verse obligados, tarde o temprano, a asumir el costo de reconstruir lo que ese mismo calentamiento global contribuyó a destruir.
