La oposición venezolana parece encaminada a repetir los errores estratégicos del pasado, y la figura de María Corina Machado vuelve a estar en el centro del debate. Tras la crisis generada por el desconocimiento de los resultados electorales del 28 de julio de 2024, el líder de Vente Venezuela ha retomado su tradicional postura de boicot electoral, generando divisiones dentro del bloque opositor y poniendo en riesgo cualquier posibilidad de avance en el difícil terreno político del país. Muchos analistas coinciden en que su estrategia podría ser, una vez más, el detonante de una fractura en la oposición que termine beneficiando al oficialismo. En otras palabras, María Corina Machado volverá a estropear todo.
El reconocido sociólogo y experto en Venezuela, David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane, ha estudiado de cerca el devenir político del país por más de tres décadas. Recientemente, en un artículo publicado en EL PAÍS de España bajo el título: «La oposición venezolana de nuevo sigue el canto de sirenas del boicot electoral», Smilde argumentó que la negativa de la oposición a participar en elecciones bajo regímenes autoritarios suele ser un grave error estratégico. Su análisis sostiene que, incluso en contextos adversos, los eventos electorales representan una oportunidad para obligar a los regímenes a exponerse, cometer errores y perder legitimidad. Smilde critica la postura de María Corina Machado, asegurando que su insistencia en el boicot debilita la posibilidad de generar presión real sobre el chavismo y mantiene a la oposición en una espiral de derrotas autoinfligidas.
María Corina Machado volverá a estropear todo
Desde que irrumpió en la política venezolana, Machado ha sido una de las figuras más polarizantes dentro de la oposición. Su discurso frontal contra el chavismo y su insistencia en que «las dictaduras no salen con votos» han calado en un sector de la población que rechaza cualquier negociación con el gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, su historial de fracasos electorales y su incapacidad para articular una estrategia efectiva para el cambio han llevado a muchos a cuestionar su liderazgo. En el pasado, el boicot impulsado por Machado y otros sectores radicales dejó espacios vacíos que fueron aprovechados por el chavismo para consolidar su control sobre las instituciones. Ahora, en un escenario aún más complejo, su estrategia parece condenada a producir los mismos resultados. María Corina Machado volverá a estropear todo.

El fracaso de la oposición en lograr una transición pacífica en 2024 se debe en gran medida a la falta de una estrategia unificada. Aunque la candidatura de Machado logró movilizar a millones de venezolanos y exponer las debilidades del chavismo, el desenlace de las elecciones dejó en evidencia que la presión internacional y la protesta ciudadana no fueron suficientes para desplazar a Maduro. En este contexto, abandonar nuevamente el terreno electoral parece una jugada ingenua que solo se beneficiará al oficialismo. La historia reciente demuestra que las oportunidades políticas en Venezuela son escasas y que desperdiciarlas por una postura intransigente puede ser un error costoso. No participar en las elecciones regionales y legislativas podría hacer que la oposición pierda la poca fuerza que le queda.
Acerca de los errores de cálculo
El propio Smilde, citando al sociólogo Michael Mann, argumenta que las dictaduras suelen caer por errores de cálculo de quienes están en el poder, pero para que esos errores sucedan, la oposición debe mantenerse activa y presente en el juego político. La elección del 28 de julio de 2024 fue un claro ejemplo de ello: el gobierno de Maduro nunca imaginó una derrota tan contundente y, ante la necesidad de aferrarse al poder, terminó cometiendo torpezas que lo debilitaron a nivel internacional. Sin embargo, en lugar de capitalizar este debilitamiento y seguir presionando desde distintos frentes, Machado parece estar dispuesta a repetir la estrategia fallida de 2005 y 2018, cuando la oposición se autoexcluyó de los procesos electorales con la ilusión de deslegitimar al gobierno, pero solo terminó regalándole el control absoluto de las instituciones. María Corina Machado volverá a estropear todo.
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El problema con la estrategia del boicot es que no presenta ninguna alternativa viable. Si la oposición se retira de las elecciones, el chavismo tendrá el camino libre para imponer su hegemonía sin resistencia. Como advierte Smilde, siempre habrá una «oposición» dispuesta a participar, ya sea por convicción o por intereses personales, lo que significa que el boicot nunca será total ni efectivo. En cambio, si la oposición unificada se presenta a las elecciones, puede al menos generar fricciones dentro del aparato chavista y obligarlo a cometer errores. Pero para ello, se requiere liderazgo y pragmatismo, cualidades que Machado no parece estar dispuesto a adoptar.
No habrá ayuda del exterior
En el ámbito internacional, la situación tampoco favorece a la oposición venezolana. A diferencia de años anteriores, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no ha significado un endurecimiento de la política hacia Venezuela. Por el contrario, la Casa Blanca ha dado señales de querer negociar con Maduro, enfocándose más en temas migratorios y de seguridad que en la promoción de la democracia en el país sudamericano. La Unión Europea, por su parte, está más preocupada por la crisis en Ucrania que por la situación venezolana, y en América Latina, gobiernos como los de Brasil, Colombia y México han optado por una postura más conciliadora con el chavismo. En este contexto, esperar que la comunidad internacional intervenga para resolver la crisis venezolana es una fantasía poco realista. Si la oposición quiere seguir siendo relevante, necesita actuar dentro del terreno político, no marginarse de él. María Corina Machado volverá a estropear todo.
El caso de Juan Guaidó es un claro ejemplo de cómo un liderazgo opositor puede pasar de la popularidad al ostracismo en cuestión de meses. En 2019, Guaidó logró movilizar a millones de personas y generó una expectativa de cambio que, con el tiempo, se desvaneció ante la falta de resultados. Su decisión de boicotear las elecciones legislativas de 2020 y las regionales de 2021 lo dejó sin ningún poder real y terminó siendo irrelevante dentro de la política venezolana. Ahora, Machado parece estar encaminada hacia el mismo destino. Su discurso intransigente puede mantener una base más radical, pero difícilmente logrará ampliar su apoyo o generar una estrategia efectiva para derrotar al chavismo. En política, las oportunidades son escasas y deben aprovecharse cuando surgen. Si Machado insiste en repetir el guion de siempre, es probable que su liderazgo se diluya y que la oposición pierda una nueva oportunidad de cambio.

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Venezuela se encuentra en un punto crítico de su historia política. Las elecciones regionales y legislativas representan una oportunidad para mantener la presión sobre el gobierno de Maduro y evitar que el chavismo consolide aún más su poder. Sin embargo, si la oposición decide marginarse una vez más, el resultado será el mismo de siempre: desmovilización, desilusión y una ventaja absoluta para el oficialismo. María Corina Machado tiene en sus manos la posibilidad de corregir el rumbo y liderar una estrategia más inteligente y pragmática. Pero si insiste en el camino del boicot, será ella misma quien termine enterrando cualquier posibilidad de cambio en el país.

