La relación entre el presidente argentino, Javier Milei, y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha alcanzado un punto crítico. Las tensiones acumuladas durante meses se estallaron públicamente en los últimos días, con acusación de traición, espionaje y violación de la división de poderes. La frase “Roma no paga traidores”, difundida indirectamente por Milei en sus redes sociales, parecía estar dirigida inequívocamente a Villarruel, quien, lejos de ignorar los señalamientos, respondió con firmeza y dejó al descubierto la fractura creciente en el corazón del Gobierno. En el ojo de la tormenta, Victoria Villarruel enfrenta no solo el rechazo de la Casa Rosada, sino también el hostigamiento de los seguidores más fieles del presidente.
Este enfrentamiento fue relatado en detalle por el periodista Javier Lorca, corresponsal del diario español EL PAÍS. En su reportaje titulado: “Escala el enfrentamiento entre Milei y la vicepresidenta Villarruel: ‘traición’ y ‘espionaje’”, Lorca profundiza en los hechos que detonaron esta crisis interna, sus implicaciones políticas y los antecedentes de una relación que, desde su inicio, estuvo marcado por la desconfianza. Lorca, con una amplia trayectoria cubriendo los movimientos políticos en América Latina, explicó que más de 100 funcionarios han sido removidos del Gobierno de Milei en apenas su primer año de mandato, lo que refleja un clima de alta volatilidad dentro del Ejecutivo.
Victoria Villarruel es la malquerida
La sesión del Senado del jueves pasado fue el detonante de esta última batalla. Mientras Milei se encontraba en Italia, la Cámara Alta decidió expulsar al senador Edgardo Kueider, un aliado clave del oficialismo, acusado de contrabando. La sesión fue presidida por Victoria Villarruel en su rol constitucional como vicepresidenta. Desde la Casa Rosada, sin embargo, se apresuraron a declarar inválida la reunión, argumentando que Villarruel ejerció dos cargos simultáneamente: el de presidenta interina y presidenta del Senado, violando así la división de poderes. Esta acusación fue el punto de partida de un nuevo capítulo en la guerra fría que se libra en el seno del Gobierno argentino.

Victoria Villarruel no tardó en responder a las críticas. A través de un comunicado difundido en redes sociales, aseguró que no participa “de ningún armado político” en contra del oficialismo y recordó su lealtad a los principios fundacionales del espacio que comparte con Milei. Sus declaraciones, sin embargo, no apaciguaron la situación. Al contrario, desataron una ola de especulaciones y comentarios en redes, donde seguidores del presidente insistieron en que existía información comprometedora en su contra. En un tono desafiante, Villarruel replicó: “Estoy ansiosa por saber en qué hacen inteligencia sobre mí y mi familia”. La frase, cargada de sarcasmo, dejó entrever su disposición para confrontar cualquier intento de desestabilización en su contra.
Una relación de desconfianza
Las diferencias entre Milei y Villarruel no son nuevas. Desde el inicio de la administración, en diciembre del año pasado, las tensiones comenzaron a acumularse. Milei rompió su compromiso de campaña de asignarle a Villarruel el control de los ministerios de Seguridad y Defensa, dejándola sin espacios de gestión dentro del Ejecutivo. Limitada a su rol como presidenta del Senado, Villarruel inició una serie de recorridas por el interior del país, lo cual fue percibido en la Casa Rosada como un intento de construir su propia base de poder, lejos del ala ultraliberal del presidente. Esta interpretación alimentó la desconfianza de Milei, quien comenzó a excluir a Villarruel de actos oficiales y a lanzarle deseos públicos.
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Los seguidores de Milei, conocidos por su férrea lealtad al mandatario, intensificaron los ataques hacia Victoria Villarruel en las últimas semanas. Las acusaciones de traición se multiplicaron en redes sociales y fueron amplificadas por los medios oficialistas, que señalaron a la vicepresidenta como responsable de “quebrar la unidad del Gobierno”. Milei, por su parte, mantuvo la estrategia de atacar indirectamente a su compañera de fórmula, difundiendo mensajes cargados de simbolismo. La imagen de su bastón presidencial, acompañada de la frase “Roma no paga traidores”, fue interpretada como una clara advertencia hacia Villarruel. El silencio del mandatario sobre el tema solo contribuyó a alimentar las versiones de una ruptura definitiva.
“Éramos solo dos diputados contra el kirchnerismo”
Victoria Villarruel, lejos de ceder ante la presión, ha sabido capitalizar la situación a su favor. Su mensaje del domingo, en el que recordó los inicios del espacio político junto a Milei, resonó entre sus propios seguidores y algunos sectores moderados del oficialismo. “Me acuerdo como si fuera ayer cuando éramos solo dos diputados contra el kirchnerismo”, expresó, buscando reforzar su imagen de lealtad y compromiso con la causa. Esta referencia a la etapa fundacional del movimiento libertario fue un intento claro de diferenciarse de los ataques más radicalizados que provienen del entorno de Milei.
En este contexto, la acusación de espionaje sobre Villarruel abrió un nuevo frente de batalla. La vicepresidenta dejó entrever que el Gobierno podría estar utilizando los servicios de inteligencia para vigilar a figuras dentro de su propio espacio político. De ser cierto, este hecho podría tener consecuencias legales y políticas de gran magnitud, afectando no solo la imagen de la administración Milei, sino también su estabilidad interna. Los colaboradores de Villarruel ya han advertido que no descartan acciones judiciales en caso de que se confirme el uso indebido de información privada.

Crisis en el gobierno ultraderechista
La crisis entre Milei y Victoria Villarruel ha puesto en evidencia las profundas grietas dentro del Gobierno ultraderechista. Lo que comenzó como una alianza electoral pragmática ha derivado en un enfrentamiento abierto que amenaza con debilitar el proyecto político del presidente. La vicepresidenta, con su perfil conservador y su base de apoyo propia, se ha convertido en una figura incómoda para Milei, quien no parece dispuesta a tolerar desafíos internos a su liderazgo. La decisión de remover a aliados clave del oficialismo en el Senado, como Edgardo Kueider, solo ha intensificado la desconfianza mutua y ha generado un clima de incertidumbre en la Casa Rosada.
Mientras Milei continúa con su agenda internacional y refuerza su imagen de líder disruptivo en el extranjero, la situación interna de su Gobierno parece más frágil que nunca. Victoria Villarruel, por su parte, se mantiene firme en su posición y ha dejado claro que no permitirá ser desplazada sin dar pelea. La batalla entre el presidente y su vicepresidenta no solo expone las tensiones políticas dentro del oficialismo, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro del Gobierno en un escenario de alta polarización y creciente descontento social.
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En definitiva, la frase “Roma no paga traidores” parece haber marcado un punto de no retorno en la relación entre Milei y Victoria Villarruel. Lo que sucederá en los próximos meses definirá no solo el futuro político de ambos líderes, sino también el rumbo de Argentina en un momento crítico de su historia reciente. La vicepresidenta, fiel a su estilo, no se ha dejado amedrentar por las acusaciones y ha dejado en claro que está dispuesta a defender su lugar dentro del Gobierno. La Casa Rosada, por su parte, enfrenta el desafío de mantener la cohesión interna en medio de una guerra que, por ahora, no tiene vencedores.

