En un momento en que la política internacional y las estrategias económicas se entrelazan más que nunca, el aumento del precio de la gasolina emerge como un catalizador que podría influir decisivamente en el panorama político estadounidense. Este fenómeno, lejos de ser un mero incidente de mercado, se sitúa en el centro de un torbellino político y económico que amenaza con socavar las aspiraciones de reelección del presidente Joe Biden. La escalada en los precios del combustible, con un incremento del 14% hasta la fecha, se presenta no solo como un desafío económico para los ciudadanos estadounidenses sino también como un campo minado político para la actual administración.
El análisis de este complejo escenario proviene de la pluma de Liz Peek, ex socia de la prestigiosa firma de Wall Street, Wertheim & Company, y ahora contribuyente de The Hill. En su artículo “¿Arabia Saudita está intentando sabotear a Biden?”, Peek despliega un panorama donde se interconectan las decisiones geopolíticas con las fluctuaciones del mercado petrolero y sus consecuencias directas en el precio de la gasolina. La periodista argumenta que detrás de este incremento no solo yacen factores económicos convencionales, sino también una trama de descontento político y estrategias de poder a nivel internacional.
La reelección y el precio de la gasolina
El aumento en el precio de la gasolina no es un fenómeno aislado; tiene raíces profundas en la dinámica global del petróleo, donde Arabia Saudita, bajo el liderazgo de Mohammed bin Salman (MBS), juega un papel crucial. El desdén del príncipe heredero saudí hacia Biden y las políticas de su administración se manifiesta en un firme compromiso con recortes de producción petrolera que buscan, intencionadamente o no, ejercer presión sobre la economía estadounidense y, por extensión, sobre la popularidad del presidente.

Este contexto internacional se ve agravado por el conflicto en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente, sumando volatilidad al mercado del petróleo. A esto se le añade la recuperación económica de China, que incrementa la demanda energética global, creando un escenario perfecto para la escalada de precios. La OPEP+, con Arabia Saudita y Rusia a la cabeza, ha decidido mantener su política de recortes de producción, exacerbando la tendencia alcista en los precios del crudo y, consecuentemente, en el precio de la gasolina a nivel mundial.
La relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, especialmente en el contexto de la administración Biden, se ha tornado cada vez más tensa. Las acciones y declaraciones de Biden, que en su momento buscaron distanciarse o incluso censurar al régimen saudí, parecen haber tenido consecuencias no solo diplomáticas sino también económicas. La negativa de MBS a aumentar la producción de petróleo en respuesta a las solicitudes de Estados Unidos refleja no solo una disputa política sino también una estrategia económica que impacta directamente en los bolsillos de los ciudadanos estadounidenses.
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Descontento, inflación, estampida
A medida que el precio de la gasolina sigue en aumento, las repercusiones políticas se hacen cada vez más evidentes. El descontento de la población con la inflación y el aumento de los costos de vida se traduce en una disminución del apoyo a la administración Biden. La memoria de los precios récord alcanzados en junio de 2022, cuando el galón de gasolina rozó los 5 dólares, sigue fresca en la mente de los votantes. Esta situación pone de manifiesto la vulnerabilidad de Biden frente a una crisis energética que no parece tener una solución a corto plazo.
En este entorno, la estrategia de Biden de recurrir a la reserva estratégica de petróleo como medida para contener los precios parece insostenible en el largo plazo. La reserva, en su nivel más bajo desde 1983, ya no representa una solución viable frente a un problema que exige respuestas estructurales y no meramente coyunturales. La posibilidad de que los precios del petróleo continúen su tendencia alcista durante la temporada de verano amenaza con erosionar aún más la popularidad del presidente y colocar su reelección en terreno incierto.
Políticas demócratas fallidas
Mientras tanto, la economía global enfrenta sus propios desafíos, con la inflación y el costo de vida incrementándose a ritmos preocupantes. Para muchos estadounidenses, la inflación es el problema número uno, eclipsando otros temas en la esfera política y social. El aumento constante en el precio de la gasolina se convierte en un símbolo tangible de esta preocupación, manteniendo la presión sobre la administración Biden para que encuentre soluciones rápidas y efectivas.

La política energética de Biden, orientada hacia la sustentabilidad y la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles, enfrenta una prueba de fuego. La transición hacia energías más limpias y renovables es un proceso complejo y de largo aliento, que choca con la urgencia de abordar el impacto inmediato de los altos precios del petróleo en la economía doméstica y la vida cotidiana de los estadounidenses. Este dilema no solo plantea desafíos técnicos y económicos, sino que también refleja una tensión fundamental entre los imperativos ambientales de largo plazo y las demandas políticas y económicas de corto plazo.
Alianza entre Arabia Saudita y Rusia
La situación internacional complica aún más el panorama. La alianza entre Arabia Saudita y Rusia en el ámbito petrolero no solo es una estrategia económica, sino también un movimiento geopolítico que busca reconfigurar el equilibrio de poder en el sector energético mundial. Esto pone a Estados Unidos en una posición delicada, donde las herramientas diplomáticas y económicas tradicionales pueden resultar insuficientes para contrarrestar las tendencias actuales en los precios del petróleo y de forma más doméstica, el precio de la gasolina.
En este contexto, la figura de MBS emerge no solo como un actor clave en el mercado petrolero mundial, sino también como un estratega político cuyas decisiones tienen el potencial de influir significativamente en la política interna de Estados Unidos. La capacidad de MBS para mantener los precios del petróleo altos refleja no solo una visión económica, sino también un cálculo político destinado a fortalecer su posición tanto a nivel regional como global.
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Desafíos para la FED
La reacción de la Reserva Federal ante la inflación, con un ciclo agresivo de aumento de tasas, se enfrenta ahora al desafío adicional de los altos precios del petróleo. Si bien la expectativa de una relajación en la política monetaria ha impulsado los mercados, la persistencia de altos precios en la energía podría forzar a la Reserva a reconsiderar sus planes. Esto tendría implicaciones directas en la economía estadounidense, afectando no solo los costos de financiamiento, sino también la inversión y el consumo.
Frente a este escenario, la administración Biden se encuentra en una encrucijada. Por un lado, debe navegar las complejidades de la geopolítica y la economía global, buscando mitigar el impacto de los altos precios del petróleo en los consumidores estadounidenses. Por otro lado, enfrenta la presión política interna para acelerar la transición hacia una economía más verde, una tarea que requiere tiempo, inversión y, sobre todo, cambios estructurales profundos en la matriz energética del país.
En última instancia, el alza del precio de la gasolina no es solo un desafío económico para la administración Biden, sino también una prueba de su capacidad para articular una respuesta coherente y efectiva ante una crisis multifacética. Cómo navegue Biden estas turbulentas aguas no solo determinará su futuro político, sino que también podría redefinir el papel de Estados Unidos en el escenario energético mundial y su transición hacia un futuro más sostenible. En este delicado equilibrio entre la economía, la política y el medio ambiente, la reelección de Biden podría depender en gran medida de su habilidad para gestionar las complejidades del presente sin perder de vista las necesidades del mañana.

