El periodismo. En una era donde la información se mueve a la velocidad de un clic y las narrativas se construyen en el fragor de las redes sociales, un reciente estudio de la Universidad de Syracuse arroja luz sobre una preocupante tendencia dentro de la profesión periodística que parece haber perdido su equilibrio político, envejecido notablemente y, ahora más que nunca, se alimenta de las redes sociales para la recopilación de noticias.
Este hallazgo, lejos de ser una simple estadística, revela un cambio profundo en el paradigma del periodismo tradicional, poniendo en jaque la objetividad y la diversidad de pensamiento que antaño eran pilares de la profesión. Aunque hay un panorama aún más oscuro, y su boceto comienza en que la reinvención de la industria está muy alejada de la calidad que gozaba antaño y que ni viejos reporteros, ni jóvenes en el negocio han podido combinar los elementos necesarios para devolver a la profesión su carácter de “piedra filosofal” de la democracia.
El periodismo y Jeffrey M. McCall
El autor original de esta pieza editorial es Jeffrey M. McCall, crítico de medios y profesor de comunicación en la Universidad DePauw, quien ha aportado su experiencia como director de noticias de radio, reportero de periódico y consultor de medios políticos. Publicando en The Hill bajo el título enigmático “El mayor problema del periodismo no es lo que piensas”, McCall desentraña los hallazgos del estudio dirigido por el profesor Lars Willnat de la Universidad de Syracuse. Basado en encuestas a 1.600 periodistas de todo el país, este estudio continúa una serie de investigaciones que se remontan a 1971, ofreciendo una visión longitudinal única sobre la profesión periodística.

El estudio, liderado por el profesor Lars Willnat de la Universidad de Syracuse, se basa en datos recogidos a través de encuestas a 1,600 periodistas de todo Estados Unidos, continuando una serie de investigaciones similares que se remontan hasta 1971. Los resultados muestran un desequilibrio político alarmante: solo el 3,4% de los periodistas se identifican como republicanos, frente a un 36,4% que se declara demócrata. Este contraste es aún más marcado si se compara con las cifras de hace cincuenta años, cuando el porcentaje de periodistas republicanos era del 25,7%. Esta polarización en las redacciones plantea interrogantes sobre la capacidad del periodismo actual para ofrecer una gama amplia de perspectivas y mantener la confianza de un público cada vez más escéptico ante los medios de comunicación percibidos como parciales.
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Jeffrey M. McCall, subraya la urgencia de que los ejecutivos de la industria periodística y los consumidores de noticias presten atención a estas «luces rojas parpadeantes» que amenazan el futuro del periodismo.
Redes Sociales como fuentes
Más allá del desequilibrio político, el estudio revela otros aspectos inquietantes. Por ejemplo, más del 70% de los periodistas admiten usar regularmente las redes sociales como fuente de información para sus historias. Este cambio hacia la digitalización y la inmediatez de las plataformas en línea, si bien facilita el acceso a la información, también plantea desafíos sobre la veracidad y profundidad de las noticias. La interacción directa con fuentes y la investigación en campo, prácticas fundamentales del periodismo de antaño, parecen ceder paso a un nuevo modelo donde lo que prima es la rapidez y no necesariamente la rigurosidad.
El envejecimiento de la profesión es otro dato preocupante para e periodismo: la edad promedio de los periodistas es ahora de 47 años, frente a una fuerza laboral general que tiene una media de 42 años. Esta brecha generacional no solo afecta la satisfacción laboral entre los periodistas, sino que también tiene implicaciones en cómo se comprenden y reportan las dinámicas sociales actuales, potencialmente alejando a las audiencias más jóvenes.
Apocalípticos e hipersegmentados
Quizás uno de los aspectos más desalentadores del estudio es el reconocimiento por parte de los periodistas de que alcanzar a la audiencia más amplia posible ya no es una prioridad. Esta tendencia hacia la segmentación de las audiencias, y la consecuente resignación a operar dentro de cámaras de eco, amenaza con profundizar la polarización y fragmentación social.
Este panorama desafiante no solo es un reflejo de la crisis de identidad que enfrenta el periodismo, sino que también subraya la importancia de esta profesión como pilar de la democracia y la sociedad civil. El periodismo tiene la responsabilidad no solo de informar, sino de educar, cuestionar y unir a la sociedad. La misión esencial del periodismo, en palabras de McCall, como el pegamento que mantiene unida a una sociedad compleja, nunca ha sido más crítica.
Diagnóstico y “call to action”
El estudio de la Universidad de Syracuse, por lo tanto, no es solo un diagnóstico de los males que aquejan al periodismo actual, sino también un llamado a la acción. Es imperativo que los líderes de la industria, los educadores y los propios periodistas reflexionen sobre estos hallazgos y trabajen juntos para reorientar la profesión hacia un futuro más equilibrado, inclusivo y veraz.
En última instancia, el periodismo debe evolucionar para seguir siendo relevante y confiable en un mundo cada vez más fragmentado y digitalizado, sin perder de vista su compromiso fundamental con la verdad y la diversidad de perspectivas. La tarea es monumental, pero el papel del periodismo en la preservación de una sociedad informada, crítica y cohesionada es demasiado importante como para fracasar.

