El Juez John Roberts sumergió en ácido a la Constitución de EE.UU.: ¿Se corroerá?

La reciente decisión de la Corte Suprema en el caso Trump vs. Estados Unidos ha desencadenado una ola de preocupación y debate en torno a la integridad de la Constitución de EE.UU. En un giro inesperado, el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, junto con la mayoría de los jueces, ha establecido una inmunidad penal para los presidentes en el ejercicio de sus funciones oficiales. Esta decisión, según expertos como Kimberly Wehle, autora de “Cómo leer la Constitución y por qué”, tiene implicaciones profundas y potencialmente devastadoras para el futuro de la democracia estadounidense.

Kimberly Wehle, una destacada jurista y autora, publicó recientemente un artículo de opinión en The Hill titulado: “Un experimento mental aterrador: un presidente asesino con inmunidad criminal”. En su artículo, Wehle desglosa los peligros inherentes en la decisión de la Corte Suprema. Ella explica que, al crear una zona sagrada de protección contra la supervisión penal para los poderes presidenciales básicos articulados en la Constitución de EE.UU., la Corte no solo ha otorgado una capa de impunidad a los presidentes en funciones, sino que también ha sentado las bases para una potencial presidencia criminal sin consecuencias legales.

Una grieta en la Constitución de EE.UU.

Wehle argumenta que la amplia interpretación del poder de indulto, como lo articula Roberts, es especialmente alarmante. Según la Constitución de EE.UU., el presidente tiene el poder de conceder “indultos y perdones por delitos contra los Estados Unidos”, un poder que Roberts describe como de “una gravedad y una fuerza sin igual”. Este poder, en combinación con la inmunidad penal para actos oficiales, crea un vacío legal peligroso. Un presidente podría, en teoría, ordenar actos criminales bajo el pretexto de deberes oficiales y luego usar su poder de indulto para proteger a aquellos que cumplen sus órdenes.

Constitución de EE.UU
Según la mayoría de la Corte, los actos oficiales están protegidos por la inmunidad, mientras que los no oficiales no lo están. Esto podría parecer una salvaguardia adecuada, pero Wehle expone un escenario hipotético inquietante: un presidente que utiliza sus poderes oficiales para ordenar un asesinato. Ilustración MidJourney

La discusión sobre la distinción entre actos oficiales y no oficiales ha sido intensa. Según la mayoría de la Corte, los actos oficiales están protegidos por la inmunidad, mientras que los no oficiales no lo están. Esto podría parecer una salvaguardia adecuada, pero Wehle expone un escenario hipotético inquietante: un presidente que utiliza sus poderes oficiales para ordenar un asesinato. Si el asesinato es ejecutado por un agente federal bajo órdenes presidenciales, el presidente estaría protegido de cualquier consecuencia legal. Sin embargo, el agente no tendría la misma protección y se enfrentaría a la posibilidad de ser procesado a menos que el presidente le otorgue un indulto.

Un presidente manipulador

La capacidad de un presidente para manipular el sistema judicial mediante indultos y la inmunidad penal podría erosionar gravemente los fundamentos de la Constitución de EE.UU. La intención de los Padres Fundadores era crear un sistema de controles y equilibrios que evitara el abuso de poder. Sin embargo, la decisión de la Corte Suprema, según Wehle, abre la puerta a una concentración de poder ejecutivo sin precedentes. Si un presidente puede operar con impunidad legal mientras esté en el cargo, la rendición de cuentas se vuelve prácticamente imposible.

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Wehle también menciona el precedente histórico del indulto de Richard Nixon por Gerald Ford tras el escándalo de Watergate. Ford indultó a Nixon antes de que se presentaran cargos formales, estableciendo un precedente que sugiere que los indultos pueden ser otorgados preventivamente, antes de cualquier acusación o condena. Este precedente, combinado con la reciente decisión de la Corte, podría permitir a un presidente en funciones prometer indultos a cambio de la ejecución de actos criminales.

Sobre el abuso del poder

La Constitución de EE.UU. es un documento vivo que ha sido interpretado y reinterpretado a lo largo de los años para adaptarse a los cambios en la sociedad y la política. Sin embargo, la reciente interpretación por parte de la Corte Suprema plantea serias preguntas sobre su capacidad para proteger contra el abuso de poder. La posibilidad de que un presidente utilice su poder de indulto para garantizar lealtad y ejecutar actos ilegales socava los principios de justicia y responsabilidad.

La decisión de la Corte Suprema no solo afecta a la presidencia actual, sino que también sienta un precedente peligroso para futuras administraciones. Un presidente con intenciones criminales podría, en teoría, rodearse de individuos dispuestos a cometer delitos a cambio de indultos, creando una administración corrupta y sin escrúpulos. Esto no solo amenaza la integridad del ejecutivo, sino que también pone en peligro la confianza pública en el gobierno y en la Constitución de EE.UU.

Constitución de EE.UU.
Si el asesinato es ejecutado por un agente federal bajo órdenes presidenciales, el presidente estaría protegido de cualquier consecuencia legal. Sin embargo, el agente no tendría la misma protección y se enfrentaría a la posibilidad de ser procesado a menos que el presidente le otorgue un indulto. Ilustración MidJourney.

Un arma de doble filo

El poder de indulto es, sin duda, una herramienta importante que permite al presidente corregir errores judiciales y mostrar misericordia. Sin embargo, cuando se combina con la inmunidad penal para actos oficiales, se convierte en un arma de doble filo que puede ser utilizada para proteger la corrupción y el abuso de poder. La amplia interpretación de este poder por parte de la Corte Suprema requiere una revisión y un debate serio sobre sus implicaciones a largo plazo.

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La reciente decisión de la Corte Suprema bajo la dirección de John Roberts ha planteado serias dudas sobre la capacidad de la Constitución de EE.UU. para resistir la corrosión del poder ejecutivo sin control. La interpretación amplia del poder de indulto y la inmunidad penal para actos oficiales crea un vacío legal peligroso que podría ser explotado por futuros presidentes con intenciones corruptas. Es imperativo que el Congreso y el público estadounidense tomen medidas para garantizar que los principios de justicia y responsabilidad sigan siendo los pilares de la democracia estadounidense.

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