La engañosa belleza de la purpurina brilla en cada rincón de Brasil durante el Carnaval. Sus diminutas partículas reflejan la luz con un resplandor hipnótico, convirtiéndose en el accesorio imprescindible de los disfraces, los cuerpos pintados y los maquillajes festivos. Sin embargo, tras este brillo fascinante se oculta una realidad inquietante. La purpurina, ese polvo brillante que adorna rostros y cuerpos en las celebraciones más icónicas del país, es en realidad un contaminante persistente que afecta los ecosistemas y puede representar un peligro para la salud humana. Aunque su impacto pasa desapercibido en medio de la algarabía, la ciencia ha comenzado a revelar lo que realmente ocurre cuando estos destellos dorados, rojos y azules se disuelven en el ambiente.
Tatiana Dillenburg Saint’Pierre, licenciada en Química Industrial por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), máster y doctora en Química Analítica por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), ha dedicado años al estudio de los elementos en bajas concentraciones y su impacto ambiental. Como profesora asociada y coordinadora del Labspectro en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio), ha liderado investigaciones sobre la composición y los efectos de la purpurina. Recientemente, publicó un artículo titulado: “Luces, colores, microplásticos y metales contaminantes: descubre el lado no tan brillante de la purpurina” en el portal The Conversation. Su investigación ha revelado detalles alarmantes sobre la composición de este material y su persistencia en el ambiente, demostrando que lo que parece un simple adorno festivo puede tener consecuencias de largo alcance.
La engañosa belleza de la purpurina
La engañosa belleza de la purpurina se debe a su base de microplásticos, pequeñas partículas de polímeros sintéticos como polietileno (PE) y cloruro de polivinilo (PVC), los mismos materiales que forman parte de las bolsas plásticas y los envases de un solo uso. A pesar de su tamaño microscópico, estas partículas pueden persistir durante décadas en el medio ambiente. Más preocupante aún es que, al descomponerse en fragmentos más pequeños, se convierten en microplásticos que pueden ser ingeridos por organismos acuáticos, ingresando en la cadena alimentaria y, eventualmente, en los seres humanos. La contaminación por microplásticos es un problema global creciente, y la purpurina, utilizada en cantidades masivas durante el Carnaval, se suma a esta crisis ambiental de manera inadvertida.

En su investigación, Dillenburg Saint’Pierre y su equipo analizaron muestras de purpurina comercial comprada en tiendas de Río de Janeiro. Se descubrió que su composición química varía según el color. Las partículas verdes contenían una alta concentración de bromo, mientras que las rojas presentaban niveles significativos de titanio. Estos elementos, aunque aprobados por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA), pueden interactuar con el ecosistema y generar desequilibrios químicos. Aunque no representa un riesgo inmediato para la piel humana en pequeñas cantidades, su acumulación en ambientes acuáticos es motivo de preocupación. En los océanos, la purpurina actúa como una esponja que absorbe otros contaminantes, como metales pesados, pesticidas y antibióticos, lo que agrava aún más la contaminación de los ecosistemas marinos.
Efectos en la salud humana
La engañosa belleza de la purpurina no solo afecta el medio ambiente, sino que también plantea preguntas sobre sus efectos en la salud humana. Aunque los estudios indican que la cantidad de metales liberados al contacto con la piel no es suficiente para causar intoxicaciones inmediatas, el problema radica en la exposición prolongada y la acumulación de estos elementos en el organismo. La ingesta accidental o la inhalación de partículas de purpurina durante el maquillaje o el uso recreativo aún no han sido suficientemente estudiadas, lo que deja abierta la posibilidad de impactos a largo plazo en la salud. Algunas investigaciones han sugerido que los microplásticos pueden provocar inflamaciones en los tejidos y alterar funciones celulares, aunque todavía no hay consenso científico sobre los efectos específicos de la purpurina en los seres humanos.
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En Brasil, el Carnaval es sinónimo de exuberancia, colores vibrantes y, por supuesto, brillo. Pero una vez que la fiesta termina, la purpurina desaparece del cuerpo y la ropa de los bailarines solo para terminar en los desagües y sistemas de alcantarillado. Dado su tamaño diminuto, estas partículas evaden los filtros de las plantas de tratamiento de aguas residuales y se vierten directamente en ríos, lagos y océanos. Allí, se suman a los millones de microplásticos ya presentes en el ambiente, afectando la fauna marina y, eventualmente, regresando a nosotros a través del consumo de pescado y mariscos.
Un mar de brillantina
La engañosa belleza de la purpurina no solo se manifiesta en el impacto ecológico inmediato, sino en la invisibilidad de sus consecuencias. Mientras las playas brasileñas continúan atrayendo turistas con sus aguas cristalinas, pocos son conscientes de la cantidad de residuos plásticos que se acumulan en sus costas. Según estudios recientes, los microplásticos han sido detectados incluso en la arena de playas remotas del país, lo que demuestra que la contaminación por estos materiales es un problema que trasciende los grandes centros urbanos. La falta de conciencia sobre el tema, sumada a la débil regulación de los productos que contienen microplásticos, perpetúa una situación en la que el consumo irresponsable sigue sin restricciones.
El problema de la purpurina no es exclusivo de Brasil. En otros países, como el Reino Unido y Australia, ya se han implementado regulaciones para reducir su uso y fomentar alternativas biodegradables. En Brasil, algunas empresas han comenzado a producir purpurina ecológica a base de celulosa vegetal o minerales naturales, que se degradan más rápidamente sin liberar contaminantes tóxicos. Sin embargo, estas opciones aún no están ampliamente disponibles ni han reemplazado la versión tradicional en el mercado masivo. La adopción de alternativas sostenibles es crucial para minimizar el impacto ambiental del Carnaval y de otras festividades donde se usa purpurina de manera descontrolada.

Celebrar sin comprometer el planeta
La engañosa belleza de la purpurina nos invita a reflexionar sobre la manera en que consumimos productos sin considerar sus efectos a largo plazo. Si bien el brillo y la alegría del Carnaval son esenciales para la identidad cultural brasileña, es fundamental repensar la manera en que celebramos sin comprometer el futuro del planeta. La ciencia ya ha expuesto los riesgos ocultos detrás de la purpurina, y ahora corresponde a la sociedad ya los reguladores tomar medidas para mitigar su impacto. Desde elegir alternativas biodegradables hasta evitar el uso excesivo de productos plásticos, cada acción cuenta en la lucha contra la contaminación ambiental.
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A pesar de la evidencia científica, el cambio de hábitos es un proceso lento y complejo. En un país donde la tradición del Carnaval está profundamente arraigada en la cultura popular, modificar la percepción sobre un elemento tan icónico como la purpurina requiere esfuerzos educativos y campañas de concienciación. Sin embargo, es posible transformar la forma en que celebramos, priorizando soluciones que no pongan en riesgo los ecosistemas ni la salud humana. Al final del día, el verdadero brillo del Carnaval no debería estar en un polvo contaminante, sino en la alegría y la creatividad que definen esta festividad.

