El comercio mundial atraviesa una reconfiguración que redefine las relaciones económicas entre los bloques más influyentes del planeta. El reordenamiento del comercio mundial ha dejado de ser una cuestión meramente económica para convertirse en una estrategia geopolítica donde las grandes potencias buscan asegurar su influencia sostenibilidad. En este contexto, el Mercosur, la Unión Europea y China emergen como actores clave en la consolidación de nuevas rutas comerciales, acuerdos estratégicos y disputas por la hegemonía. La reciente firma del acuerdo entre la UE y el Mercosur, así como la expansión de China en América Latina y la guerra comercial con Estados Unidos, son solo algunos de los elementos que configuran este nuevo escenario global.
Este análisis parte del trabajo de Elba Astorga, quien en su artículo titulado: “La selección: ¿guerras comerciales o libre comercio?” publicado en The Conversation, profundiza en el papel de las disputas arancelarias y la transformación del comercio global. Astorga, con una trayectoria de más de 20 años en periodismo económico y corporativo, y con formación en instituciones como IE Business School y la UAM/EL PAÍS, analiza cómo las tensiones comerciales han dejado de ser simples herramientas de protección económica para convertirse en instrumentos de control geopolítico. Su investigación parte de la guerra comercial entre Estados Unidos y China iniciada en 2018, explorando sus efectos en la reconfiguración de los flujos comerciales y la producción industrial en diferentes regiones del mundo.
Reordenamiento del comercio mundial
El reordenamiento del comercio mundial ha sido impulsado por factores como la digitalización, la crisis de suministros generada por la pandemia y la necesidad de asegurar el acceso a materias primas estratégicas. En este sentido, China ha sabido jugar sus cartas con inteligencia. Durante años, su estrategia de expansión se ha basado en la inversión en infraestructuras clave en países en desarrollo, a través de su ambicioso Nueva Ruta de la Seda. Esta iniciativa no solo le ha permitido garantizar el suministro de recursos naturales, sino que también ha consolidado su presencia en mercados emergentes que antes eran dominados por Estados Unidos y Europa. Al mismo tiempo, la economía china ha cambiado de rumbo, pasando de ser la “fábrica del mundo” a desarrollar sectores de alta tecnología, lo que ha generado respuestas proteccionistas desde Occidente.

Mientras China avanza, Estados Unidos ha reaccionado con medidas drásticas. Desde la administración de Donald Trump, Washington ha implementado políticas proteccionistas bajo el pretexto de equilibrar las relaciones comerciales y evitar prácticas desleales. Sin embargo, más allá de lo económico, la confrontación con China responde a una disputa por el liderazgo tecnológico y militar. La prohibición de la venta de microchips avanzados a China y las restricciones sobre empresas como Huawei y TikTok han sido parte de esta estrategia. Con la vuelta de Trump a la Casa Blanca, se espera que estas políticas se intensifiquen, afectando aún más el comercio global y el reordenamiento del comercio mundial.
El viejo continente
La Unión Europea, por su parte, se encuentra en una encrucijada. Por un lado, ha intentado mantener relaciones equilibradas tanto con China como con Estados Unidos, pero las recientes disputas con el gigante asiático han dejado en evidencia los desafíos que enfrenta. La decisión de la UE de imponer aranceles de hasta un 45% a los vehículos eléctricos chinos por considerar que recibir subsidios estatales ha generado fricciones con medidas de Pekín, que amenaza con aplicar similares sobre productos europeos. Esta disputa se suma a la guerra comercial que Europa sostuvo con Estados Unidos por los subsidios a Airbus y Boeing, evidenciando que el viejo continente no está exento de los conflictos que configuran el reordenamiento del comercio mundial.
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En América Latina, el Mercosur ha encontrado una oportunidad única en medio de esta transformación. Con la firma del acuerdo con la UE, se abre un mercado de más de 722 millones de personas, facilitando la exportación de productos sin aranceles y promoviendo una mayor integración económica. Este pacto, negociado durante 25 años, es una respuesta a la necesidad de diversificación de mercados, especialmente en un momento donde China se ha convertido en el principal socio comercial de la región, representando el 29% de sus exportaciones totales. No obstante, este acercamiento entre Europa y Mercosur no significa una desvinculación de China, sino más bien un intento por equilibrar las relaciones económicas en un mundo cada vez más fragmentado.
Estrategia del nearshoring
El impacto del reordenamiento del comercio mundial también se refleja en la estrategia del nearshoring, que ha sido clave para países como México. La tendencia de las empresas estadounidenses a trasladar su producción desde China a México para reducir costos y evitar riesgos en la cadena de suministros se ha convertido a este país en un eslabón crucial en la fabricación global. Sin embargo, con la llegada de Trump nuevamente al poder, se cierra una incertidumbre sobre este modelo. Su amenaza de imponer aranceles a los vehículos fabricados en México podría cambiar la estrategia de muchas empresas y afectar la relación comercial entre ambos países.
Mientras tanto, China sigue consolidando su influencia en América Latina a través de inversiones estratégicas en sectores como infraestructura, minería y energía. Países como Brasil y Argentina han visto en el gigante asiático un socio clave para su desarrollo, estableciendo acuerdos que fortalecen la cooperación bilateral. Esta expansión china no solo busca garantizar el acceso a materias primas esenciales, sino también ampliar su influencia política y diplomática en la región, desafiando el dominio histórico de Estados Unidos.

Acomodo de las dinámicas de poder
El futuro del comercio mundial dependerá en gran medida de cómo se desarrollen estas dinámicas de poder. La UE intentará consolidar su acuerdo con Mercosur y fortalecer su posición frente a China y Estados Unidos. América Latina buscará equilibrar sus relaciones comerciales entre los distintos bloques para maximizar beneficios sin comprometer su autonomía económica. China, por su parte, continuará expandiendo su presencia en los mercados emergentes, aprovechando cualquier vacío que dejen las potencias occidentales.
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El reordenamiento del comercio mundial no es un proceso aislado, sino el reflejo de una realidad más amplia en la que la economía, la política y la tecnología están interconectadas. En este contexto, los países y bloques económicos que logren adaptarse con mayor rapidez a los cambios serán los que emerjan con ventaja en la nueva configuración global. Lo que está en juego no es solo el comercio, sino el equilibrio de poder en el siglo XXI.

