El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha iniciado un nuevo proceso penal contra James Comey, exdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI), por presuntamente divulgar información sensible de seguridad nacional a un periodista en octubre de 2016. El caso constituye el tercer intento de la Administración de Donald Trump de procesarlo penalmente desde el regreso del republicano a la Casa Blanca en enero de 2025. Según los documentos judiciales publicados este lunes, los fiscales sostienen que Comey ordenó a integrantes de su equipo contactar a un periodista de The New York Times para abordar información sobre la vigilancia de correos electrónicos en Estados Unidos. La fiscalía considera que la divulgación incluyó datos clasificados o protegidos relacionados con la seguridad nacional. Comey niega haber cometido delitos y afirma que defenderá su inocencia ante los tribunales.
James Comey: exdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI)
La nueva causa se produce en medio de una prolongada confrontación entre Trump y el antiguo director del FBI, a quien el presidente destituyó en mayo de 2017, cuando la agencia investigaba la interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. El punto central no es únicamente si la información fue divulgada, sino si esa divulgación infringió la ley, si la fiscalía puede demostrar la responsabilidad de Comey y si el procedimiento se inició dentro de los límites legales.
La acusación se remonta a la vigilancia del correo electrónico en 2016
Los fiscales alegan que Comey dirigió a miembros de su equipo para que hablaran con un periodista de The New York Times después de que otro medio publicara información que, a juicio de funcionarios del FBI, contenía imprecisiones sobre la vigilancia de comunicaciones electrónicas en Estados Unidos. De acuerdo con los documentos judiciales, la información incluida posteriormente en el artículo del Times presentaba similitudes significativas con detalles contenidos en un correo electrónico interno de la comunidad de inteligencia estadounidense, distribuido entre aproximadamente 30 destinatarios pocas horas antes de la publicación.

La defensa cuestiona la validez
La fiscalía sostiene que esa coincidencia respalda la acusación de que se transmitió información protegida a una persona que no estaba autorizada para recibirla. Sin embargo, la similitud entre documentos y publicaciones constituye parte de la argumentación de los investigadores, no una prueba definitiva de culpabilidad por sí sola. La documentación conocida hasta ahora contempla dos cargos relacionados con la transmisión de información de defensa nacional y la conspiración para transmitirla. Ambos se vinculan con hechos que habrían ocurrido hace una década, cuando Comey todavía dirigía el FBI bajo la presidencia de Barack Obama. La defensa cuestiona la validez del procedimiento y sostiene que el asunto ya había sido examinado durante el primer mandato de Trump sin que los fiscales recomendaran presentar cargos. También argumenta que la actuación actual resulta jurídicamente improcedente por la manera en que se intentó preservar el plazo de prescripción.
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La disputa jurídica por el plazo de prescripción
Uno de los aspectos más relevantes de la nueva causa es el mecanismo utilizado para iniciar el procedimiento. Los fiscales presentaron el documento de acusación el 5 de octubre de 2026, justo cuando se aproximaba el vencimiento del plazo de diez años que, según la fiscalía, resultaba aplicable a los hechos investigados. Por este motivo, el documento se presentó inicialmente bajo reserva judicial y fue divulgado después de que un juez federal ordenara hacer públicas las actuaciones. En lugar de obtener inicialmente una acusación formal de un gran jurado, la fiscalía recurrió a un documento conocido en el sistema federal estadounidense como criminal information. El Departamento de Justicia sostiene que la presentación de ese documento permite preservar el plazo legal mientras continúa el procedimiento para obtener una acusación formal.
La defensa rechaza esa interpretación. Los abogados de Comey argumentan que el mecanismo no puede utilizarse para eludir los requisitos legales aplicables a los delitos graves y han solicitado que el juez desestime el caso. El juez federal Trevor McFadden, quien ordenó divulgar las actuaciones, consideró que tanto la conducta atribuida a un antiguo director del FBI como la decisión del Gobierno de procesarlo son asuntos de interés público. Hasta la publicación de los documentos, no se había resuelto la petición de la defensa para que se desestimaran los cargos. La presentación de cargos no equivale a una declaración de culpabilidad. La fiscalía todavía debe superar las objeciones procesales y acreditar los elementos de los delitos imputados. La defensa, por su parte, tiene derecho a impugnar la legalidad de la actuación y a cuestionar las pruebas.
Los antecedentes de una confrontación política y judicial
Comey fue director del FBI entre 2013 y 2017. Trump lo destituyó durante su primer mandato, en un período marcado por la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016 y los posibles vínculos entre Moscú y personas relacionadas con la campaña republicana. La investigación posterior del fiscal especial Robert Mueller concluyó que Rusia había interferido en esos comicios. El informe no estableció una conspiración criminal entre el Gobierno ruso y la campaña de Trump, aunque documentó numerosos contactos y examinó posibles obstrucciones a la investigación. Ese antecedente forma parte del contexto político de la relación entre ambos, pero no determina la culpabilidad o inocencia de Comey en la causa actual.

El nuevo proceso se suma a otros dos episodios judiciales recientes:
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El caso por presuntas declaraciones falsas al Congreso. En esta ocasión, en septiembre de 2025, Comey fue acusado de realizar declaraciones falsas y obstruir una investigación legislativa relacionada con las filtraciones a los medios. Un juez desestimó el caso al concluir que la fiscal encargada de dirigirlo había sido nombrada de manera ilegal. El Departamento de Justicia ha recurrido esa decisión.
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El caso por una publicación en redes sociales. Este caso actual, en abril de 2026, Comey fue acusado en una causa independiente por una fotografía publicada en 2025 en la que aparecían conchas formando la secuencia «86 47». Las autoridades interpretaron la publicación como una posible amenaza contra Trump; Comey ha rechazado esa interpretación y ha solicitado que se desestime el caso.
Estos procedimientos tienen hechos y fundamentos jurídicos diferentes. No deben tratarse como una única acusación ni como prueba de que Comey haya cometido alguno de los delitos imputados.
La acumulación de causas, sin embargo, ha intensificado el debate sobre la independencia del Departamento de Justicia y el posible uso de las instituciones penales contra adversarios políticos. Para evaluar esas preocupaciones es necesario examinar las pruebas de cada expediente, la legalidad de los nombramientos y procedimientos, y las decisiones de los tribunales, en lugar de asumir de antemano una motivación política o una culpabilidad penal.
La defensa insiste en su inocencia
Tras conocerse la nueva causa, Comey publicó un mensaje en vídeo en el que reiteró que es inocente y calificó la actuación del Departamento de Justicia como un abuso institucional. Su abogado, Patrick Fitzgerald, también afirmó que Comey mantiene firmemente su inocencia y cuestionó la legitimidad del procedimiento. En este sentido, el Departamento de Justicia, por su parte, defendió el uso del documento de acusación para preservar el plazo de prescripción y sostuvo que esa práctica ha sido reconocida por tribunales federales de apelaciones. Por esta razon, la controversia también coincide con otro revés judicial para el Departamento de Justicia: el 26 de octubre, un juez federal concluyó que el despido de Maurene Comey, hija del exdirector del FBI y antigua fiscal federal, había sido ilegal. La decisión corresponde a un expediente distinto y no determina el resultado de las acusaciones contra su padre.
La nueva causa contra James Comey
La nueva causa contra Comey abre, por tanto, dos debates paralelos: uno estrictamente jurídico, sobre la divulgación de información de defensa nacional y los límites procesales de la fiscalía; y otro institucional, sobre las garantías de independencia que deben regir las investigaciones penales cuando afectan a figuras enfrentadas con el presidente.
El desenlace dependerá de las decisiones judiciales sobre la validez del procedimiento y de la capacidad de los fiscales para probar sus acusaciones. Mientras no exista una resolución sobre el fondo, Comey conserva la presunción de inocencia.
La pregunta estratégica es si los tribunales permitirán que esta tercera causa avance conforme a los requisitos legales o si las objeciones procesales volverán a impedir que las acusaciones contra el exdirector del FBI lleguen a un juicio sobre el fondo.

