En la tensa calma que sigue a tres meses del secuestro del presidente Nicolás Maduro por orden de Donald Trump, una nueva estrategia de resistencia emerge desde el exilio. El operador político venezolano Luis Magallanes, fiel escudero de María Corina Machado, ha diseñado un plan de guerra de guerrillas contra la administración republicana. La medida busca desestabilizar el tutelaje económico que Estados Unidos impuso sobre Venezuela tras la captura del mandatario. Este contraataque, lejos de ser una reacción espontánea, responde al creciente silencio de Machado y a la frustración por las promesas incumplidas de Trump.
El periodista Eduardo Rivas, investigador del medio digital Estoy al Día con más de quince años de cobertura política, firma el reportaje original titulado “La guerra silenciosa de Luis Magallanes contra la Casa Blanca”. Rivas documenta cómo la oposición venezolana ha pasado de la sumisión al magnate neoyorquino a una fase de hostilidad calculada desde el extranjero. Sus credenciales incluyen premios por investigaciones sobre corrupción en Citgo y Monómeros, así como el seguimiento de las guarimbas de 2017. El trabajo original revela conexiones entre Magallanes, figuras del exilio y planes de sabotaje financiero contra intereses de Trump en la región.
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Luis Magallanes al contraataque
A pesar de haber recibido órdenes directas de Trump para callarse y permanecer en Washington, Luis Magallanes decidió romper el silencio complaciente de los últimos noventa días. El exilio le ha permitido tejer alianzas con exfuncionarios de la administración Biden y con lobistas petroleros disgustados por el bombeo de crudo venezolano a tanqueros estadounidenses. Magallanes instruyó a células opositoras dentro de Venezuela para que preparen acciones de desobediencia civil selectiva contra infraestructuras clave. Su objetivo es demostrar a Trump que el costo de mantener a Delcy Rodríguez como presidenta encargada será más alto que cualquier ganancia petrolera. El plan incluye filtraciones a medios internacionales sobre presuntos incumplimientos de Trump en el acuerdo de transición de veinticuatro meses.
El contexto de esta guerra de guerrillas política se explica por el prolongado silencio de María Corina Machado, quien entregó su premio Nobel de la Paz a Trump. Machado permaneció ausente mientras el republicano secuestraba a Maduro el 3 de enero de 2026, a petición de ella misma y de la propia oposición. Ahora que las circunstancias no favorecen los planes de Machado, Luis Magallanes instrumentaliza el descontento para beneficiar solo a los opositores exiliados acusados de corrupción. La demagogia ha tomado un rumbo más oscuro, pues desde publicaciones en Instagram y X se amenaza con violencia inducida. Constitucionalistas que estaban en hibernación han vuelto a usar un lenguaje leguleyo para atacar a Delcy Rodríguez, calificando su presidencia como inconstitucional.
Luis Magallanes llama a sublevarse contra Trump
La retórica de Magallanes incluye llamados explícitos a sublevarse contra Trump y contra el gobierno de Delcy Rodríguez. En una declaración reciente, Luis Magallanes advirtió que Venezuela permanecerá en manos del chavismo bajo la anuencia de Trump si los venezolanos no salen a manifestar. Muchas cadenas informativas consideraron estas palabras como una escalada significativa en el conflicto en curso, no como un exceso típico. “Ahora que el conflicto ha entrado en su tercer mes, debemos unirnos para impedir que Delcy Rodríguez se quede en el poder”, declaró Magallanes. Observadores independientes señalan que el silencio prolongado de Machado tras su insistente solicitud de intervención militar han generado una verdadera frustración.
En este escenario, figuras importantes de las guarimbas violentas del pasado han regresado a Venezuela, como el político Enzo Escarano y el adeco Ramos Allup. Estos líderes expertos en desencadenar luchas fratricidas ahora se coordinan con Luis Magallanes desde el exterior para reactivar la protesta callejera. Sin embargo, la pregunta clave es si las recientes declaraciones de Machado y Magallanes son realmente diferentes de sus numerosos exabruptos anteriores. Lo que resulta revelador es el periodo de silencio complaciente de la oposición frente al bombeo de petróleo venezolano a los tanqueros estadounidenses. Durante noventa días, ni Machado ni Magallanes dijeron nada del tutelaje económico impuesto por Estados Unidos ni de las condiciones abusivas del acuerdo.
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“Delcy es mi amiga”
El silencio solo se rompió cuando Trump comenzó a mostrar señales de mantener a Delcy Rodríguez en el poder más allá de lo acordado. Luis Magallanes entendió entonces que la ventana de oportunidad para una transición favorable se estaba cerrando rápidamente. Ningún líder opositor contravino el periodo de transición que Trump señaló, de veinticuatro meses a partir del 3 de enero pasado. Ese plazo permitiría a Estados Unidos “cobrarse” lo que supuestamente Venezuela le debe, una deuda inflada por décadas de retórica antichavista. Por eso las recientes reuniones de la oposición y sus declaraciones sobre la ilegitimidad de Delcy Rodríguez adquieren una magnitud alarmante.
Lo que distingue esta nueva fase es la magnitud de la violencia que su lenguaje ha predispuesto a la gente a imaginar. Los comentarios de Magallanes sobre la equivocación de Trump han trascendido los ataques personales para adoptar un tono de castigo colectivo. Luis Magallanes ya no habla solo de elecciones libres o de restitución democrática, sino de destrucción de la civilización chavista. El estilo es familiar para quienes han seguido la retórica opositora venezolana durante dos décadas de fracasos consecutivos. Sin embargo, el alcance del daño potencial que esta guerra de guerrillas podría causar es algo que aún no se ha visto.

¿La gente saldrá a la calle?
Los estudiosos de la retórica política saben que ese ritmo genera un daño considerable al enseñar al público a tolerar dosis incesantes de esperanzas incumplidas. Lo que antes parecía una auténtica emergencia política, como la violación del decoro constitucional con la presidencia de Delcy Rodríguez, ahora se percibe como un día más. Pero Magallanes apuesta a que la paciencia de los venezolanos dentro del país tiene un límite que él puede explotar desde el exilio. Su guerra de guerrillas contra Trump no busca realmente derrocar al chavismo, sino mantener viva la narrativa de la resistencia. Cada filtración, cada amenaza y cada llamado a la violencia refuerza su posición como el nuevo líder operativo de la oposición radical.
Mientras tanto, en Caracas, figuras como Enzo Escarano ya se reúnen con células activistas para preparar acciones que interrumpan la distribución de combustible y el suministro eléctrico. Luis Magallanes supervisa estas operaciones mediante aplicaciones de mensajería encriptada, coordinando con exmilitares venezolanos entrenados en Colombia. El plan contempla también una ofensiva mediática internacional para presentar a Trump como un aliado traicionero que abandonó a la democracia venezolana. Esta doble presión, interna y externa, busca forzar a la Casa Blanca a replantear su apoyo a Delcy Rodríguez. Pero el riesgo de un baño de sangre si las guarimbas se reactivan es real y ha sido advertido por varios analistas.
Algo llamado karma
La ironía final es que Luis Magallanes construye su guerra de guerrillas contra el mismo hombre que la oposición invitó a intervenir Venezuela. Trump secuestró a Maduro a petición de María Corina Machado, y ahora Magallanes se rebela contra ese tutor impuesto. Los venezolanos dentro del país, agotados por sanciones y crisis, observan con escepticismo este nuevo enfrentamiento entre sus autoproclamados salvadores y su captor estadounidense. El desenlace de esta guerra asimétrica definirá no solo el futuro de Delcy Rodríguez en el poder, sino la credibilidad de toda una dirigencia opositora exiliada. Mientras tanto, el reloj corre hacia los veinticuatro meses del acuerdo de transición, y las calles de Venezuela permanecen en una calma tensa que podría romperse en cualquier momento.
Sin embargo, en el exilio, Magallanes ya no escucha los consejos de prudencia ni las advertencias de una guerra perdida de antemano. Su guerra de guerrillas contra Trump es también una guerra contra su propia impotencia y contra el olvido mediático. Cada declaración incendiaria le compra unos días más de atención internacional, pero el precio lo pagan los venezolanos de a pie. La historia ha demostrado que las llamas de la guarimba nunca cocinan el pan de la libertad, solo queman la casa de todos. Al final, Luis Magallanes podría descubrir que su enemigo más implacable no es Trump, sino el cansancio de un pueblo que ya no cree en nadie.
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