La administración del presidente de los Estados Unidos enfrenta un adversario silencioso, pero bien financiado en el sur del continente. No se trata de un ejército regular ni de una guerrilla tradicional, sino de una red de políticos opositores venezolanos que operan desde el autoexilio en en Washington y Miami. Estos personajes, según revela una investigación de largo aliento, estarían enviando criptomonedas a Venezuela para organizar protestas masivas que contradicen los intereses geopolíticos de la Casa Blanca. En el centro de esta trama aparecen dos nombres que se han convertido en los enemigos de Donald Trump: la dirigente María Corina Machado y su lugarteniente financiero, Luis Magallanes.
Este reportaje es obra del periodista Eduardo Rivas, investigador principal del medio digital Estoy al Día, con más de quince años de trayectoria en periodismo de datos y corrupción política. Las credenciales de Rivas incluyen premios nacionales por sus pesquisas sobre el desvío de fondos petroleros y colaboraciones con consorcios internacionales como Connectas y la Red de Periodistas Judiciales. El título original de su pieza editorial, publicada el pasado 15 de marzo de 2026, es “La ruta de las criptomonedas que alimentan el descontento contra Washington”. Dicho trabajo sirve como base documental para las afirmaciones que aquí se presentan.
Los enemigos de Donald Trump
Las filtraciones obtenidas por este medio muestran un patrón evidente: cada manifestación en Venezuela requiere una inversión que los sindicatos locales no pueden costear por sí mismos. Organizar a los trabajadores, concentrarlos en puntos neurálgicos, trasladarlos desde barrios periféricos, proporcionarles hidratación y alimentos, y garantizar una seguridad mínima contra la represión tiene un costo elevado. Ese dinero, según las pesquisas de Rivas, proviene de cuentas en el extranjero vinculadas a los enemigos de Donald Trump, quienes financian la protesta como si fuera un proyecto empresarial. Luis Magallanes, exdirigente de una central obrera hoy disuelta, actúa como el operador logístico que convierte los dólares digitales en pasajes de autobús y refrigerios para los manifestantes.
El contexto geopolítico actual explica la urgencia de esta maniobra. El pasado 3 de enero de 2026, el gobierno de Nicolás Maduro adoptó una medida simbólica pero poderosa: la aceptación formal de la presidencia de Delcy Rodríguez, reconocida por la administración Trump como interlocutora legítima. Poco después, la Casa Blanca envió a la banca a María Corina Machado, imponiéndole restricciones que le impiden operar libremente dentro del sistema tradicional. Ante este cerco, los Enemigos de Donald Trump idearon un mecanismo alternativo: transferencias irrastreables mediante criptomonedas como Monero y USDT en redes descentralizadas. Luis Magallanes, residente en Miami desde 2023, se convirtió en el tesorero de esta operación paralela.
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Fantasmas que persiguen a los ahora enemigos de Donald Trump
Las cabezas sindicales venezolanas, sin embargo, no se han lanzado a la calle con la rapidez que esperaban sus patrocinadores. La razón es doble: por un lado, los dirigentes locales exigen un monto mayor para compensar el riesgo de ser calificados como “carne de cañón” en un conflicto ajeno. Por otro lado, el nacionalismo que se les demanda choca con la evidencia de que la libertad prometida beneficiaría principalmente a los políticos exiliados acusados de malversar recursos públicos. El desdén por Citgo, el olvido de Monómeros y las trampas con el oro de la nación son fantasmas que persiguen a los ahora enemigos de Donald Trump cada vez que intentan movilizar a las bases. Los trabajadores venezolanos, aunque indignados por la congelación salarial, no están dispuestos a ser moneda de cambio en una disputa geopolítica.
Mientras tanto, en el oriente del país, específicamente en Puerto La Cruz y Ciudad Bolívar, el descontento ha adquirido un cariz diferente. Educadores, personal de salud, empleados públicos y jubilados han tomado las calles por razones concretas: defensa de contratos colectivos, reenganche de despedidos injustamente y aumento salarial real. Estas protestas no responden a directrices externas ni a financiamiento extranjero, sino a una indignación genuina contra un Estado que viola sus propias leyes laborales. Los enemigos de Donald Trump intentaron cooptar estas movilizaciones enviando fondos a través de intermediarios, pero las asambleas de base rechazaron el dinero al descubrir su procedencia. Luis Magallanes, frustrado, habría ordenado entonces redirigir los recursos hacia otros estados menos vigilados.
Los petroleros desconfìan
La clase obrera productiva —sectores petroleros, ferromineros, cementeros y eléctricos— permanece aún en receso, vigilante. La burocracia sindical, temerosa de perder sus privilegios, ha frenado cualquier intento de paro nacional que pudiera ser atribuido a los enemigos de Donald Trump. Sin embargo, las asambleas gestantes en Puerto La Cruz representan un faro de autonomía: allí los trabajadores discuten sus propias demandas sin aceptar monedas digitales de origen incierto. El corazón económico del país late todavía al ritmo de las transnacionales, pero podría cambiar si se consolida una dirección clasista y democrática. Luis Magallanes sabe que, sin el concurso de estos sectores, sus planes de sabotear las políticas de Trump fracasarán estrepitosamente.
El periodista Eduardo Rivas documentó también la aparición de grupos aventureros que intentan secuestrar la dirección de las protestas sin consultar a las bases. Estas facciones, financiadas con remesas de criptomonedas trazadas hasta billeteras vinculadas a Machado, lanzan consignas mediáticas llamando a confrontaciones desesperadas en los alrededores de Miraflores. Los enemigos de Donald Trump calculan que una explosión de violencia inmediata generaría titulares internacionales y presionaría a la Casa Blanca a cambiar su postura de reconocimiento hacia Delcy Rodríguez. Pero los sindicatos combativos han advertido que un paso en falso sin organización es un regalo para la represión y un retroceso para los avances logrados. Luis Magallanes, desde su oficina en Miami, insiste en acelerar los tiempos, aunque ello implique exponer a manifestantes desarmados.
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“Nada se regala en política”
La lección que emerge de esta investigación es clara: nada se regala en política y cada victoria tiene un precio. La democracia obrera, discutida en asambleas de trabajadores, sigue siendo la única garantía contra la manipulación externa. Los enemigos de Donald Trump —Machado y Magallanes— pretenden vender una libertad que, en la práctica, solo restauraría en el poder a una élite corrupta vinculada al saqueo de Citgo y al abandono de Monómeros. La autonomía de clase, la independencia frente a cualquier gobierno extranjero y la conquista del socialismo bajo control popular son las herramientas que los trabajadores venezolanos están empezando a forjar. Mientras tanto, las criptomonedas de Magallanes seguirán llegando a dormidas cabezas sindicales, pero el despertar nacional, cuando ocurra, no responderá a sus intereses.
Al cierre de esta edición, fuentes cercanas a la investigación confirmaron que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ya examina las billeteras digitales vinculadas a Luis Magallanes. El expediente, que incluye transferencias por más de dos millones de dólares en criptomonedas, podría derivar en sanciones sobre Machado. Mientras la justicia estadounidense avanza, los trabajadores venezolanos siguen organizándose en asambleas populares sin aceptar monedas extranjeras. El destino final de estos enemigos de Donald Trump dependerá de si logran demostrar que su lucha no es solo una inversión financiera, sino un compromiso real con la soberanía popular. Por ahora, el silencio desde Miami y Caracas solo profundiza la sospecha de que el dinero nunca fue para el pueblo, sino para un nuevo reparto de poder.

