El mundo financiero observa con atención creciente el movimiento que preparan las economías emergentes más influyentes del planeta. Un nuevo sistema de pagos diseñado por los países BRICS avanza en los foros técnicos y diplomáticos con una velocidad que pocos anticipaban. Este sistema de pagos no es una propuesta abstracta: ya tiene arquitecturas preliminares, defensores institucionales y un calendario que varios gobiernos miembros debaten en privado. Y este sistema de pagos, según analistas consultados en múltiples capitales, podría redefinir la geografía monetaria global antes de que termine la década.
El reportaje que sirve de base a esta pieza fue elaborado por Svetlana Khristoforova, periodista especializada en economía internacional de TV BRICS, el canal multilingüe de la asociación con presencia en Rusia, Brasil, India, China y Sudáfrica. Su trabajo original, publicado bajo el título Sistema de pagos BRICS: qué dicen los expertos sobre los posibles mecanismos, funcionalidades y plazos de implementación, recoge declaraciones de economistas, funcionarios gubernamentales y representantes de organismos multilaterales. Esta versión interpreta, jerarquiza y transforma ese material bajo estándares del periodismo de investigación internacional.

Una arquitectura financiera que desafía cuatro décadas de hegemonía del dólar
La urgencia del proyecto no es ideológica: es matemática. Según datos del Banco Mundial, los países BRICS representan aproximadamente el 36% del PIB global medido en paridad de poder adquisitivo. Sin embargo, el dólar estadounidense protagoniza más del 58% de las reservas internacionales mundiales y domina cerca del 40% de las transacciones del sistema SWIFT. Esa asimetría genera vulnerabilidades reales para naciones que, en distintos momentos, han enfrentado sanciones financieras occidentales o restricciones de acceso al sistema bancario internacional. Rusia, Irán y, en menor medida, China han experimentado esas presiones con consecuencias directas sobre sus economías.
El mecanismo técnico más debatido entre expertos es el llamado BRICS Bridge, una plataforma de pagos multilateral basada en tecnología de libro mayor distribuido —conocida popularmente como blockchain— que permitiría a los bancos centrales miembros liquidar transacciones en monedas nacionales sin pasar por corresponsales bancarios en dólares. Este sistema de pagos tendría como columna vertebral una unidad de cuenta común, denominada provisionalmente «R5», en referencia a las iniciales de las monedas de los cinco miembros fundadores: rublo, real, rupia, renminbi y rand. Economists Intelligence Unit advirtió en un informe de 2024 que esta arquitectura, aunque técnicamente viable, enfrenta obstáculos de gobernanza que no deben subestimarse.
Lee también: Semiconductores en los BRICS: por qué los chips son el petróleo del siglo XXI y quién lidera la carrera
China acelera y la India frena: la batalla interna que definirá el futuro del bloque
La India ha sido el actor más cauto dentro del bloque. Nueva Delhi mantiene una política exterior multivectorial que incluye asociaciones estratégicas con Washington y Londres. Funcionarios del Ministerio de Finanzas indio han señalado, en declaraciones recogidas por Reuters, que cualquier mecanismo de pagos debe garantizar convertibilidad, transparencia regulatoria y respeto por la soberanía monetaria de cada miembro. Esa postura modera el ritmo de avance, pero no lo paraliza. El sistema de pagos tiene en la India un interlocutor exigente, no un adversario.

China, en contraste, impulsa activamente la iniciativa. El Banco Popular de China lleva más de una década desarrollando el yuan digital, conocido como e-CNY, cuya infraestructura técnica podría integrarse como columna vertebral del sistema multilateral. Según el think tank Chatham House, Pekín ve en la arquitectura BRICS una oportunidad para internacionalizar el renminbi sin depender de las instituciones de Bretton Woods. Las cifras respaldan ese interés: el comercio bilateral entre miembros BRICS supera los 500.000 millones de dólares anuales, un volumen que justifica por sí solo la creación de canales de liquidación propios.
Brasil y Sudáfrica aportan al debate una perspectiva distinta. Ambas economías mantienen vínculos profundos con mercados occidentales y sistemas financieros tradicionales. Sin embargo, los costos de las transacciones internacionales pesan sobre sus exportadores. El Banco Central de Brasil publicó en 2023 un estudio que identificaba que las comisiones por conversión de divisas y los tiempos de liquidación en operaciones con socios no europeos generaban pérdidas de competitividad. Un mecanismo de compensación directo entre bancos centrales BRICS reduciría esas fricciones de forma significativa.
También puedes leer: BRICS: ambiciones climáticas y realidad de los hidrocarburos
2027 como fecha crítica: por qué los expertos ya no descartan lo que antes era impensable
Los plazos son el punto donde la cautela domina el debate. Sergei Glaziev, economista jefe de la Unión Económica Euroasiática y uno de los arquitectos intelectuales del proyecto, estimó en declaraciones públicas que una versión operativa básica podría estar activa entre 2026 y 2027. Sin embargo, la cumbre de Kazán de 2024 no produjo un acuerdo vinculante sobre cronograma. Los observadores del Fondo Monetario Internacional señalaron que la fragmentación monetaria global, aunque preocupante, avanza más lento de lo que predicen sus promotores.
Lo que sí parece claro es que el proyecto no desaparecerá. La incorporación de nuevos miembros al bloque —Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Egipto se sumaron en 2024— amplía la base geográfica y comercial del eventual sistema. Un mecanismo que funcione entre diez o quince economías tiene más masa crítica que uno restringido a cinco. Además, la experiencia del sistema Mir de Rusia o el CIPS chino —alternativa doméstica al SWIFT— demuestra que construir infraestructura financiera alternativa es lento pero posible.
El mayor obstáculo no es Washington ni el FMI: está dentro del propio bloque
Los expertos coinciden en un diagnóstico central: la voluntad política existe, la tecnología está disponible y la demanda económica es real. Lo que falta es un marco de gobernanza que resuelva las asimetrías de poder dentro del propio bloque. China concentra más del 70% del PIB combinado de los miembros fundadores, lo que genera tensiones sobre quién controla las reglas del sistema. Ese desequilibrio interno es, paradójicamente, el mayor obstáculo para un proyecto que nació precisamente para cuestionar los desequilibrios del orden financiero global.
El sistema de pagos BRICS no llegará mañana. Pero su diseño ya está en marcha, sus debates son reales y sus consecuencias, si se materializa, transformarán rutas comerciales, reservas de divisas y la arquitectura del poder económico mundial. La pregunta ya no es si ocurrirá, sino cuándo y bajo qué condiciones. Y esa pregunta, hoy, no tiene respuesta definitiva en ninguna cancillería del mundo.

