La cocaína regresó: Europa y EE.UU. tienen a un albanés como su principal proveedor

La cocaína regresó, y con ella, un mercado global más vasto y complejo que nunca. Dritan Rexhepi, un albanés que pasó de pistolero en su tierra natal a convertirse en uno de los capos más influyentes del mundo, lidera ahora una red criminal transatlántica que abastece a Europa y Estados Unidos con cantidades récord de esta droga. Desde una celda en Ecuador, Rexhepi construyó un imperio que hoy desafiaba los esfuerzos antidrogas de las principales potencias mundiales. Su marca, «Bello», simboliza no solo la calidad de su producto sino también la eficacia con la que ha logrado evadir la ley y mantener su negocio a flote, incluso desde detrás de las rejas.

Este reportaje se basa en la investigación original de Samantha Schmidt, periodista de The Washington Post, quien escribió el artículo titulado: “El auge mundial del tráfico de cocaína desafía décadas de esfuerzos antidrogas” . Schmidt, jefe de la oficina en Bogotá, ha dedicado años a cubrir Sudamérica y explorar los efectos de la globalización del tráfico de drogas. Desde Guayaquil, Ecuador, narró cómo Rexhepi se consolidó como el principal proveedor de cocaína para Europa, superando incluso a los cárteles más poderosos de México. Su trabajo combina entrevistas con más de dos docenas de funcionarios y análisis de miles de documentos judiciales de América Latina y Europa, revelando un negocio que ha evolucionado en alcance y sofisticación.

La cocaína regresó como un tsunami

La cocaína regresó en un contexto donde la producción de la droga ha alcanzado cifras récord. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en 2022 se produjo 2.757 toneladas de cocaína en todo el mundo, un aumento del 20 % respecto al año anterior. Sudamérica, y en particular Colombia, ha triplicado el cultivo de coca en la última década. A pesar de los esfuerzos estadounidenses, que han destinado decenas de millas de millones de dólares para combatir esta industria, el mercado global no solo ha crecido, sino que se ha diversificado, con nuevas rutas y actores emergentes como los albaneses.

Desde una celda en Ecuador, Rexhepi construyó un imperio que hoy desafiaba los esfuerzos antidrogas de las principales potencias mundiales. Su marca, «Bello», simboliza no solo la calidad de su producto sino también la eficacia con la que ha logrado evadir la ley y mantener su negocio a flote. Ilustración MidJourney

Rexhepi, de 44 años, es una figura clave en esta expansión. Desde su celda en Ecuador, logró establecer conexiones con pandillas locales y cárteles internacionales, creando una red que ahora compite con los cárteles mexicanos. Su capacidad para operar con eficiencia y discreción lo convirtió en un pionero dentro del negocio. Investigadores de Italia y Ecuador afirman que Rexhepi no solo lideraba una operación global, sino que también transformó la forma en que se comercializa la cocaína en Europa. Con un mercado anual de más de 12.000 millones de dólares en la región, su influencia es innegable.

En Europa hay polvo blanco

La cocaína regresó con fuerza a Europa, un mercado que ahora rivaliza con Estados Unidos en consumo. Entre 2011 y 2021, las incautaciones de cocaína en la Unión Europea se quintuplicaron, superando por primera vez a las realizadas en territorio estadounidense. Bélgica, España y Países Bajos han sido los principales puntos de entrada de la droga, pero países como Alemania, Noruega y Suecia también han reportado cifras récord de incautaciones. Los grupos albaneses han sido fundamentales en este crecimiento, estableciendo alianzas estratégicas con cárteles sudamericanos y mafias europeas para transportar la droga.

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La red de Rexhepi es un ejemplo del modelo de colaboración que define al narcotráfico moderno. En lugar de competir violentamente, como en la era de Pablo Escobar, los grupos criminales ahora forman coaliciones para maximizar sus beneficios. Los albaneses han adoptado este enfoque, trabajando con pandillas ecuatorianas como Los Choneros para garantizar el flujo constante de cocaína hacia Europa. Este modelo les ha permitido consolidarse como los mayores traficantes del continente.

Ecuador es el epicentro

La cocaína regresó impulsada por la debilidad institucional en países como Ecuador, que se ha convertido en un punto crucial para el tráfico. Con una infraestructura portuaria avanzada y una ubicación estratégica entre Colombia y Perú, Ecuador ofrece un entorno ideal para el transporte de drogas. Según datos oficiales, más de la mitad de la cocaína incautada en Ecuador en 2023 tenía como destino Europa. Los cargamentos, ocultos en envíos legales de plátano, ejemplifican la sofisticación logística de los narcotraficantes.

El ascenso de Rexhepi también refleja cómo los vacíos de poder y las instituciones corruptas permiten a los capos operar con impunidad. A pesar de múltiples órdenes de extradición, Rexhepi logró evadir a las autoridades al sobornar jueces y funcionarios en Ecuador. Incluso después de ser arrestado en 2014, continuó gestionando su red desde prisión, convirtiendo su celda en una oficina ejecutiva. Este patrón de corrupción pone de manifiesto las limitaciones de los gobiernos para combatir el narcotráfico a nivel global.

La historia de Dritan Rexhepi es un recordatorio de cómo el narcotráfico evoluciona y se adapta a pesar de los esfuerzos internacionales. Su capacidad para crear alianzas y su habilidad para operar desde las sombras lo han convertido en una figura emblemática del nuevo orden criminal. Ilustración MidJourney.

Australia se distingue

La cocaína volvió no solo como un problema regional, sino como un desafío global. Con nuevos mercados emergentes en Asia y África, el alcance de esta industria parece no tener límites. Países como China, India y Filipinas han reportado aumentos significativos en el consumo, mientras que Australia se posiciona como el mayor consumidor per cápita. Estas tendencias sugieren que la demanda de cocaína continuará creciendo, lo que representa un reto para las agencias antidrogas en todo el mundo.

La historia de Dritan Rexhepi es un recordatorio de cómo el narcotráfico evoluciona y se adapta a pesar de los esfuerzos internacionales. Su capacidad para crear alianzas y su habilidad para operar desde las sombras lo han convertido en una figura emblemática del nuevo orden criminal. Mientras Europa y Estados Unidos siguen luchando contra este fenómeno, el negocio de la cocaína sigue expandiéndose, demostrando que los desafíos globales requieren respuestas igualmente globales.

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En un mundo donde los narcotraficantes pueden operar con facilidad a través de fronteras, la cocaína regresó no solo como un producto, sino como un símbolo del fracaso colectivo para contener una industria que sigue prosperando. ¿Podrán las naciones unirse para enfrentar esta amenaza o seguirán siendo superadas por redes criminales que no conocen límites? La respuesta a esta pregunta determinará el futuro de una batalla que, por ahora, parece perdida.

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Redacción Estoy Al Día
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