Latinoamérica: En las tierras más pacíficas del planeta la criminalidad es una empresa exitosa

En una región que se destaca por la ausencia de guerras entre sus países, América Latina se presenta como uno de los territorios más pacíficos del mundo. Sin embargo, esta tranquilidad aparente contrasta profundamente con la realidad cotidiana de sus habitantes, quienes viven bajo el constante temor de la criminalidad. Según datos del Latinobarómetro, más del 76% de los latinoamericanos temen ser víctimas de un delito. Este miedo se extiende más allá de los crímenes comunes y afecta la confianza interpersonal y la certeza sobre el futuro, limitando la libertad y el desarrollo económico de la región.

Érika Rodríguez Pinzón, directora de la Fundación Carolina y socióloga con una amplia trayectoria académica e investigadora, abordó esta problemática en su artículo: “La necesidad de reflexionar sobre la inseguridad en América Latina”, publicado en la sección Tribuna del diario EL PAÍS de España. Con credenciales que incluyen un doctorado en Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y estancias en prestigiosas universidades, Rodríguez Pinzón expone cómo, a pesar de la resiliencia democrática y las mejoras institucionales, la criminalidad ha encontrado un terreno fértil para florecer en América Latina.

Desborde de criminalidad

La criminalidad en América Latina no es una simple cuestión de delincuencia común. Se trata de una red compleja y bien estructurada que involucra a poderosos cárteles de la droga y otras organizaciones criminales regionales y locales. Esta simbiosis ha permitido que el crimen se disemine con notable eficacia, ampliando su portafolio de actividades delictivas y creando una cadena de valor agregado que opera a través de fronteras nacionales. La violencia, especialmente intensa contra jóvenes y mujeres, se convierte en una forma de control y coacción, afectando desproporcionadamente a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El miedo a la criminalidad se manifiesta en diversas formas, desde la contratación de sistemas de seguridad privados hasta la modificación de comportamientos y rutinas diarias. Las estadísticas son alarmantes: 40 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo se encuentran en América Latina. Sin embargo, la capacidad de respuesta varía significativamente entre la población. Mientras que algunos pueden permitirse medidas de seguridad costosas, los menos favorecidos están expuestos a niveles de violencia mucho más altos, sin recursos para protegerse adecuadamente.

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Las estadísticas son alarmantes: 40 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo se encuentran en América Latina. Sin embargo, la capacidad de respuesta varía significativamente entre la población. Ilustración MidJourney

Solución o lugar común

Rodríguez Pinzón señala que la inseguridad en la región es un problema multifacético que requiere un enfoque integral. No se trata solo de combatir el narcotráfico, aunque esta es una causa significativa de violencia. Es necesario abordar las raíces sociales del problema, como la corrupción, la debilidad de los sistemas judiciales y la inseguridad jurídica. La aceptación de la ilegalidad dentro del sistema social es otro factor que contribuye a la persistencia y expansión del crimen organizado.

El narcotráfico, uno de los elementos más visibles y controvertidos de la criminalidad en América Latina, ha sido tradicionalmente el foco de la «guerra contra las drogas». Sin embargo, esta estrategia ha demostrado ser ineficaz, ya que no ha logrado reducir significativamente la oferta de drogas ni la violencia asociada. En cambio, ha llevado a un debate estancado y a menudo polarizado, que ignora las causas subyacentes del problema y sus impactos sociales más amplios.

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Estado dentro del Estado

Una de las paradojas más inquietantes de la criminalidad en América Latina es su capacidad para operar como un sistema de gobierno paralelo. Las organizaciones criminales no solo controlan mercados ilegales, sino que también ejercen una influencia considerable sobre las economías locales y las vidas de los ciudadanos. Este fenómeno se ve agravado por la ineficacia del Estado para contener el delito y la corrupción generalizada que permite que las actividades ilegales prosperen.

Es crucial, según Rodríguez Pinzón, establecer un diálogo profundo y coordinado entre diversos actores: académicos, sector público, fuerzas de seguridad, medios de comunicación, sector privado y organizaciones no gubernamentales. La magnitud y el impacto del problema requieren esfuerzos conjuntos y metas comunes. Las empresas, por ejemplo, deben ser parte de las soluciones sostenibles y beneficiosas a largo plazo, ya que la estabilidad y seguridad de sus entornos operativos son esenciales para su éxito.

Cooperación internacional

Otro aspecto esencial en la lucha contra la criminalidad es la gobernanza multinivel, con un enfoque especial en los entornos urbanos y sus gobiernos. Las soluciones a largo plazo deben considerar los desafíos regionales, como la falta de una Latinoamérica integrada capaz de actuar conjuntamente frente a problemas comunes. La colaboración internacional, particularmente con Europa, también es vital, ya que ambas regiones enfrentan crecientes amenazas de extremismos políticos que explotan la inseguridad para justificar medidas autoritarias.

La crisis de inseguridad en América Latina no admite demoras en la implementación de respuestas efectivas. Las reformas sociales de largo plazo son necesarias, pero también lo son las medidas inmediatas que puedan aliviar el sufrimiento de la población. Esta combinación de estrategias a corto y largo plazo debe enmarcarse dentro de un contexto de debilidad fiscal, lo que presenta un desafío adicional para los responsables de formular políticas.

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Al abordar las causas subyacentes de la criminalidad y fomentar la cooperación entre múltiples sectores y niveles de gobierno, hay esperanza de que la región pueda finalmente encontrar un camino hacia la paz y la prosperidad. Ilustración MidJourney.

Libertad frente al miedo

La buena noticia, como concluye Rodríguez Pinzón, es que se está formando una coalición de intereses y actores. La reflexión alternativa sobre la seguridad está ganando terreno, y la violencia contra defensores de derechos humanos y ambientales está recibiendo la atención necesaria. El enfoque de “Seguridad Humana”, propuesto por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en 1994, vuelve a ser relevante, ya que busca proteger y empoderar a las personas, ofreciendo medios para su desarrollo integral y promoviendo la «libertad frente al miedo».

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Con este marco, la Fundación Carolina, el Centro Internacional de Toledo para la Paz y el Grupo Prisa, con el apoyo de diversas organizaciones internacionales, han lanzado un ciclo de debate y reflexión sobre “Seguridad en América Latina”. Este esfuerzo tiene como objetivo construir una alianza de actores internacionales que promueva una seguridad humana y sostenible. Es un paso crucial para enfrentar de manera efectiva y coordinada la criminalidad que, aunque exitosa como empresa, debe ser derrotada para garantizar la paz y el desarrollo de la región.

Este enfoque integral y colaborativo es esencial para romper el ciclo de violencia que ha plagado a América Latina durante tanto tiempo. Al abordar las causas subyacentes de la criminalidad y fomentar la cooperación entre múltiples sectores y niveles de gobierno, hay esperanza de que la región pueda finalmente encontrar un camino hacia la paz y la prosperidad. La criminalidad puede ser una empresa exitosa hoy, pero con esfuerzos conjuntos y sostenibles, América Latina puede transformar su futuro hacia una realidad más segura y justa para todos sus habitantes.

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Redacción Estoy Al Día
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