Qué hizo a Bolsonaro fallar en su intento de derrocar la democracia: ¿Aún le temen?

En un contexto político global cada vez más polarizado, el intento de Jair Bolsonaro de socavar la democracia brasileña y perpetuarse en el poder ha resonado como un eco ominoso de movimientos autoritarios en todo el mundo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, Bolsonaro no logró su objetivo. Este reportaje explora las razones detrás de su fracaso y reflexiona sobre el temor persistente hacia su figura y lo que representa.

El análisis de este fenómeno nos lleva al trabajo de Guilherme Casaroes, profesor de Ciencia Política en la Escuela de Administración de Empresas de Sao Paulo de la Fundación Getúlio Vargas (FGV/EAESP), quien aporta una perspectiva académica vital en su material para The Conversation titulado “Por qué Bolsonaro no logró derrocar la democracia y por qué persiste una amenaza”. Casaroes detalla un episodio crucial: una reunión convocada por Bolsonaro el 5 de julio de 2022, en la que se discutió cómo evitar la derrota en las elecciones de octubre sin que la democracia fuera un obstáculo. Esta reunión, y los eventos subsiguientes, marcarían el inicio de una serie de acciones que revelarían hasta dónde estaba dispuesto a llegar Bolsonaro y sus allegados para mantenerse en el poder.

Bolsonaro tiene pedigrí autoritario

Bolsonaro, al igual que otros líderes autoritarios contemporáneos, no dudó en cuestionar la integridad del proceso electoral, siguiendo la estrategia de Donald Trump con su campaña #StopTheSteal. La revelación de un proyecto de decreto para instaurar un estado de sitio, la detención de colaboradores cercanos y el allanamiento a exministros y militares de alto rango son testimonios de los extremos a los que estaba dispuesto a llegar. Sin embargo, lo que quizás Bolsonaro subestimó fue la resiliencia de las instituciones democráticas brasileñas y la vigilancia de la comunidad internacional.

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Casaroes detalla un episodio crucial: una reunión convocada por Bolsonaro el 5 de julio de 2022, en la que se discutió cómo evitar la derrota en las elecciones de octubre sin que la democracia fuera un obstáculo. Ilustración MidJourney

La Corte Suprema de Brasil, anticipándose a los movimientos de Bolsonaro, jugó un papel crucial en la preservación de la democracia. A través de diversas investigaciones, aumentó significativamente el costo de difundir desinformación y atacar abiertamente las instituciones. Este frente judicial, unido a una movilización internacional en defensa de la democracia brasileña, creó un entorno menos propicio para que Bolsonaro ejecutara su plan sin enfrentar resistencia significativa.

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Como es arriba es abajo

El intento de golpe del 8 de enero de 2023, reminiscente del asalto al Capitolio de Estados Unidos, fue un claro indicativo de los peligros que aún enfrenta la democracia brasileña. A pesar de que Bolsonaro ya no estaba en el poder, la complicidad de ciertos sectores del ejército con los manifestantes bolsonaristas demostró que la amenaza de autoritarismo no había desaparecido con la elección de Lula da Silva. La inacción militar ante el caos en Brasilia subraya la necesidad continua de vigilancia democrática.

La polarización en Brasil, evidenciada por la división de opiniones sobre Bolsonaro y su legado, refleja un desafío más amplio que enfrentan muchas democracias: el de superar los legados autoritarios y la profunda división social. La encuesta nacional que muestra opiniones divididas sobre Bolsonaro y su intento de golpe es testimonio de la complejidad del panorama político brasileño y del trabajo que aún queda por hacer para fortalecer la democracia.

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La historia de Bolsonaro es una advertencia y un recordatorio de que la lucha por la democracia es continua y que los autoritarios, incluso en derrota, pueden seguir siendo una amenaza si las condiciones que permitieron su ascenso no se abordan de manera efectiva. Ilustración MidJourney.

Populismo autoritario

La lucha contra el populismo autoritario, como muestra el caso de Bolsonaro, requiere una coalición de jueces, políticos y ciudadanos comprometidos con los valores democráticos. Aunque Bolsonaro ya no ocupa un cargo, la sombra de su influencia persiste, planteando la pregunta de si Brasil, y por extensión otras democracias, pueden darse el lujo de bajar la guardia.

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En última instancia, el fracaso de Bolsonaro en derrocar la democracia brasileña no se debe solo a la incompetencia o al autoengaño, sino también a la fortaleza de las instituciones democráticas y al apoyo internacional a la democracia. Sin embargo, la persistente división en la sociedad brasileña y el continuo temor hacia Bolsonaro y sus aliados destacan la fragilidad de la democracia y la importancia de la vigilancia constante.

La historia de Bolsonaro es una advertencia y un recordatorio de que la lucha por la democracia es continua y que los autoritarios, incluso en derrota, pueden seguir siendo una amenaza si las condiciones que permitieron su ascenso no se abordan de manera efectiva. La democracia brasileña ha resistido una prueba significativa, pero el futuro es incierto y requiere el compromiso activo de todos los actores políticos y sociales para preservar las libertades y derechos que definen a una sociedad democrática.

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Redacción Estoy Al Día
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