En medio de una situación crítica que atraviesa la educación superior en Venezuela, el testimonio de Mario Bonucci, rector de la Universidad de Los Andes (ULA), se erige como un reflejo de la lucha por mantener la excelencia académica en circunstancias adversas. «No tenemos un horizonte claro», admite Bonucci, evidenciando la incertidumbre que envuelve el futuro de una de las instituciones más prestigiosas del país.
Esta declaración fue recogida por Hugo Prieto, periodista y narrador venezolano, en una entrevista para PRODAVINCI, un portal reconocido por su compromiso con la divulgación de contenidos educativos y culturales de alta calidad. Prieto, quien ha dejado su huella en medios de renombre como El Universal y El Nacional, y ha colaborado con The New York Times en español, se adentra en la problemática universitaria venezolana a través de la voz de Bonucci, un ingeniero mecánico y abogado con una amplia trayectoria en la gestión educativa.
Mario Bonucci habla del asedio
Desde el año 2016, la ULA enfrenta un asedio que parece sacado de un manual de estrategia para asfixiar instituciones autónomas: una política no escrita del Estado que ha mermado de manera significativa su presupuesto, afectando tanto su funcionamiento diario como su capacidad para emprender proyectos a largo plazo.

Este cerco financiero ha llevado a la universidad a un estado de «terapia intensiva», una condición que, según Mario Bonucci, dificulta comprender el asedio hacia una casa de estudios que ha contribuido de manera notable al desarrollo del país. La ULA ha sido cuna de figuras emblemáticas como Mario Briceño Iragorry, Asdrúbal Baptista y Dayana Salgado Dorta, quienes representan solo una fracción del talento que ha emergido de sus aulas.
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Hemorragia detenida
La sobrevivencia se ha convertido en la palabra de orden en la ULA, enfrentando desafíos que van desde la insuficiencia presupuestaria hasta una política de Estado que, aunque no escrita, se manifiesta en un abandono casi total. A pesar de esto, Bonucci destaca que la comunidad universitaria ha comprendido el valor intrínseco de la universidad como espacio de desarrollo de ideas y pluralidad, lo que ha permitido mantener las puertas abiertas en un acto de rebeldía y compromiso con el futuro del país. Este esfuerzo se ve reflejado en la capacidad de la institución para detener la «hemorragia» que la amenazaba, aunque todavía se encuentra en una situación crítica que requiere de una solución urgente y sustentable.
La crisis que enfrenta la ULA no es un caso aislado, sino un reflejo de la situación de la educación superior en Venezuela. Mario Bonucci señala que el problema radica en una reconducción del presupuesto universitario que se inició en 2007, lo que ha llevado a un financiamiento insuficiente que no toma en cuenta ni el crecimiento natural de la institución ni las variaciones económicas del país. Esta política ha resultado en un presupuesto deficitario, complicando aún más la gestión y el desarrollo de la universidad.

Creatividad y subsistencia
A pesar de las dificultades, la ULA ha buscado alternativas para generar ingresos y mantener su oferta académica. Proyectos en el área de extensión universitaria, como convenios con Fedecámaras y la creación de portafolios orientados a sectores específicos de la economía, representan esfuerzos por vincularse con el sector productivo y ofrecer soluciones que, además de generar recursos, enriquecen la formación de sus estudiantes. Sin embargo, Mario Bonucci es consciente de que estas iniciativas, aunque valiosas, no son suficientes para solventar la crisis financiera que enfrenta la institución.
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La situación de la ULA es una llamada de atención sobre la necesidad de replantear la política educativa en Venezuela. La universidad, a pesar de las adversidades, se mantiene como un bastión de conocimiento, análisis e investigación, gracias al compromiso inquebrantable de su comunidad. La resistencia de la ULA frente a un asedio que parece tener como objetivo su desaparición es un testimonio de la importancia de las instituciones educativas como pilares fundamentales de la sociedad y la democracia.
En palabras de Bonucci, mantener a la ULA viva es el mayor acto de rebeldía en tiempos de adversidad, una lucha que no solo es por la supervivencia de una universidad, sino por el futuro de un país que se debate entre la crisis y la esperanza de un cambio.

