Musk hizo de X una plataforma política adaptada como un guante para la ultraderecha

Elon Musk ha transformado radicalmente lo que alguna vez fue conocido como Twitter, convirtiéndolo en una herramienta política que parece diseñada específicamente para satisfacer las necesidades de la ultraderecha. Desde que adquirió la plataforma y la renombrado como X, el magnate sudafricano ha aprovechado su visión sobre la libertad de expresión para desmantelar barreras que antes limitaban la propagación de discursos de odio y desinformación. En este nuevo entorno, figuras de la ultraderecha global como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Javier Milei han encontrado un espacio idóneo para difundir sus mensajes sin restricciones, consolidando a X como un bastión de sus ideologías.

Carmela Ríos Calvo, periodista y profesora experta en redes sociales, ha seguido de cerca esta metamorfosis. Con una amplia trayectoria que incluye su trabajo como corresponsal en París para Antena 3 TV y CNN+, y con más de una década dedicada a explorar la interacción entre el periodismo y las redes sociales, Ríos ha expuesto en su reciente artículo para EL PAÍS, titulado «Quedarse en X, una rebelión democrática», cómo Musk ha configurado esta red social para servir a los intereses de la ultraderecha. En su análisis, Ríos expresa su frustración al ver cómo una plataforma que fue un baluarte para la comunicación y el periodismo se ha degradado hasta convertirse en un refugio para extremistas y desinformadores, alimentados por el mismo Musk y su visión distorsionada de la libertad de expresión.

La ultraderecha es más en X

El giro hacia la ultraderecha que ha dado X bajo la dirección de Musk no es casual. Desde su llegada, el empresario ha mantenido una postura ambigua, cuando no abiertamente favorable, hacia figuras y movimientos que promueven ideologías conservadoras extremas. Su decisión de reinstalar a Donald Trump en la plataforma, después de haber sido suspendido por incitar a la violencia, fue un claro indicador de la dirección que tomaría X. La reintegración de Trump marcó un precedente sobre cómo Musk veía la moderación de contenidos: como una barrera innecesaria que debía eliminarse para permitir una «auténtica» libertad de expresión, un concepto que en la práctica ha significado dar rienda suelta a discursos de odio y teorías conspirativas.

En su análisis, Ríos expresa su frustración al ver cómo una plataforma que fue un baluarte para la comunicación y el periodismo se ha degradado hasta convertirse en un refugio para extremistas y desinformadores, alimentados por el mismo Musk y su visión distorsionada de la libertad de expresión. Ilustración MidJourney

La ultraderecha ha aprovechado esta situación para expandir su influencia a través de X, utilizando tácticas que van desde la manipulación de la información hasta la difusión de memes y mensajes cargados de odio. Musk, quien en numerosas ocasiones se ha pronunciado en contra de lo que denomina «la cultura de la cancelación», ha promovido un ambiente en el que cualquier tipo de contenido, sin importar cuán dañino o falso sea, puede circular libremente. Esta falta de moderación ha permitido que líderes como Jair Bolsonaro, quien fue suspendido de varias plataformas para difundir información falsa sobre la COVID-19, utilicen X para reavivar su base de apoyo y continuar con su agenda ultraderechista.

Desinformación y ataques

Carmela Ríos subraya en su artículo cómo la estrategia de Musk ha facilitado la propagación de desinformación dirigida específicamente a figuras políticas de la oposición. Un ejemplo claro es el hostigamiento hacia Kamala Harris, la vicepresidenta de Estados Unidos y potencial rival de Trump en las próximas elecciones. Desde finales de julio, se ha observado un aumento en la cantidad de publicaciones en X que buscan desacreditarla mediante el uso de teorías conspirativas y ataques personales. Estas publicaciones, que incluyen afirmaciones absurdas como que Harris es en realidad un hombre llamado «Kamal Aroush», han sido amplificadas por perfiles verificados que han pagado por su verificación, lo que les otorga una apariencia de legitimidad ante los ojos de los usuarios menos críticos.

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Este uso de X como herramienta política para la ultraderecha ha planteado un desafío significativo para las democracias de todo el mundo. La capacidad de difundir desinformación sin restricciones socava los procesos electorales y debilita la confianza en las instituciones. La estrategia de Musk de desregular la plataforma ha creado un terreno fértil para que actores malintencionados manipulen la opinión pública y perjudiquen a sus adversarios políticos sin temor a represalias. Como Ríos argumenta en su artículo, esta situación no solo es peligrosa para la integridad de las elecciones, sino que también amenaza la estabilidad social al fomentar un ambiente de polarización extrema y confrontación.

Libertinaje de expresión

El caso de Kamala Harris es solo uno de los muchos ejemplos de cómo la ultraderecha ha utilizado X para sus multas. Las campañas de desinformación también han afectado a otras figuras políticas a nivel mundial, como Emmanuel Macron en Francia y Angela Merkel en Alemania. Estas campañas suelen seguir un patrón similar: se lanzan ataques personales, a menudo utilizando teorías conspirativas y lenguaje denigrante, para deslegitimar a los oponentes y movilizar a las bases ultraderechistas. La ausencia de moderación y la promoción activa de la «libertad de expresión» por parte de Musk han permitido que estos ataques se intensifiquen y lleguen a un público mucho más amplio que antes.

. En este nuevo entorno, figuras de la ultraderecha global como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Javier Milei han encontrado un espacio idóneo para difundir sus mensajes sin restricciones, consolidando a X como un bastión de sus ideologías. Ilustración MidJourney.

La visión de Musk sobre la libertad de expresión, que en teoría debería ser un baluarte de la democracia, se ha convertido en una espada de doble filo. Al eliminar las restricciones que alguna vez protegieron a los usuarios de la desinformación y el discurso de odio, Musk ha permitido que X se convierta en una plataforma que no solo acoge, sino que también amplifica las voces de la ultraderecha. Esta realidad plantea un dilema para aquellos que valoran la libertad de expresión, pero que también reconocen la necesidad de mantener un cierto grado de responsabilidad en la difusión de información.

Luchar contra X involucra quedarse

Carmela Ríos concluye su artículo en EL PAÍS con una reflexión sobre la importancia de no abandonar X, a pesar de sus defectos actuales. En un acto de lo que ella llama «rebelión democrática», Ríos argumenta que es vital que los periodistas y ciudadanos comprometidos se mantengan en la plataforma para contrarrestar la influencia de la ultraderecha y seguir luchando por una comunicación veraz y responsable. Según ella, abandonar la plataforma sería ceder el terreno a aquellos que buscan desinformar y manipular a la opinión pública, un lujo que las democracias no pueden permitirse en un momento en el que la verdad está bajo constante ataque.

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La transformación de Twitter en X bajo la dirección de Elon Musk ha tenido profundas implicaciones políticas, especialmente en lo que respeta al auge de la ultraderecha en la plataforma. Al desmantelar las barreras que alguna vez limitaron la propagación de desinformación y el discurso de odio, Musk ha creado un entorno que favorece a los extremistas y socava los principios democráticos. La advertencia de Carmela Ríos es clara: la batalla por la verdad en las redes sociales es más crucial que nunca, y abandonar la lucha solo fortalecerá a quienes buscan destruir la democracia desde dentro.

 

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Redacción Estoy Al Día
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