El politólogo Alexander J. Motyl ha encendido el debate político con un reciente artículo en The Hill donde expone con detalle las implicaciones que tiene el respaldo del “Régimen de Donald Trump” hacia Rusia y las graves consecuencias que esto podría tener para la estabilidad global y el orden democrático. En su escrito titulado: «Cinco verdades incómodas sobre Trump y Rusia», Motyl no solo presenta una visión crítica de la postura de Trump hacia Vladimir Putin, sino que también establece paralelismos preocupantes entre las aspiraciones políticas y estratégicas de Trump y las prácticas autoritarias del régimen ruso. La relación entre Trump y Putin, según Motyl, va más allá de la diplomacia o las relaciones bilaterales; se trata de una alianza tácita que pone en peligro la democracia estadounidense y la seguridad internacional.
Alexander J. Motyl es profesor de ciencias políticas en la Universidad Rutgers-Newark y es reconocido como especialista en temas relacionados con Ucrania, Rusia y la extinta URSS. Además, ha dedicado buena parte de su carrera al estudio de nacionalismos, revoluciones, imperios y teoría política. Es autor de diez libros de no ficción, que incluyen «Imperial Ends: The Decay, Collapse, and Revival of Empires» y «Why Empires Reemerge: Imperial Collapse and Imperial Revival in Comparative Perspective». Su reciente artículo publicado en The Hill ha generado un intenso debate en la esfera política y académica por la dureza de su acusación y el detalle con el que explica las consecuencias de la actitud de Trump hacia Rusia.
El régimen de Donald Trump
Motyl no deja espacio para ambigüedades. En su artículo, señala directamente que el “régimen de Donald Trump” ha facilitado la agresión rusa contra Ucrania al socavar la capacidad de defensa de ese país. Trump ha respaldado de manera tácita la ofensiva de Putin, debilitando la capacidad de Ucrania para proteger a su población civil de los ataques con misiles y drones. El historiador militar Phillips O’Brien llegó a calificar esta situación como “la semana en que Estados Unidos empezó a matar ucranianos”, una frase que subraya la responsabilidad indirecta de Trump en las muertes civiles causadas por los ataques rusos. Motyl señala que esta postura no es casualidad, sino que responde a un cálculo político que busca debilitar a Ucrania para forzarla a negociar con Rusia en condiciones desventajosas, lo que en términos diplomáticos equivaldría a una rendición encubierta.

El imperialismo también es una característica distintiva del régimen de Donald Trump, según Motyl. En su reciente discurso ante el Congreso, Trump reivindicó la soberanía de Groenlandia y el Canal de Panamá, sugiriendo que Estados Unidos debería tomar posesión de estos territorios. Además, expresó su intención de revisar las fronteras con Canadá, lo que implica un cambio radical en la política exterior estadounidense y una regresión a prácticas expansionistas propias de las potencias imperiales del siglo XIX. La comparación con las políticas expansionistas de Putin es inevitable: mientras Rusia intenta consolidar su influencia territorial en el este de Europa, Trump parece estar inspirado por el mismo impulso de dominación territorial y control geopolítico. El eco imperialista de estas acciones es evidente, y Motyl advierte que esta visión expansionista podría tener consecuencias catastróficas para la estabilidad mundial.
Todo podría descontrolarse
Un tercer punto que destaca Motyl en su artículo es el riesgo de una escalada bélica a nivel global provocada por la actitud de Trump hacia Rusia. Al respaldar a Putin y socavar la resistencia ucraniana, Trump está enviando un mensaje a otras potencias con inclinaciones autoritarias y belicistas: la agresión territorial y las violaciones de soberanía no solo serán toleradas, sino incluso legitimadas por la mayor potencia militar del mundo. Esta postura podría desencadenar un efecto dominó que llevaría a una creciente militarización de las relaciones internacionales, mayores conflictos armados y, en el peor de los casos, una Tercera Guerra Mundial. Motyl señala que Trump y su círculo más cercano minimizarán estos riesgos, afirmando que solo están buscando la paz y la estabilidad. Sin embargo, la historia ha demostrado que las concesiones a los regímenes autoritarios solo fortalecen sus ambiciones y los alientan a escalar sus agresiones.
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Motyl también señala que el régimen de Donald Trump presenta signos claros de autoritarismo y tendencias fascistas. Aunque Trump aún no ha alcanzado el poder absoluto, ha demostrado una inclinación preocupante hacia el control total de las instituciones, el debilitamiento de los contrapesos democráticos y la manipulación de las instituciones judiciales y legislativas a su favor. La retórica de Trump, basada en la exaltación de su figura, el ataque constante a sus adversarios políticos y la deslegitimación de los medios de comunicación críticos, lo acercan peligrosamente al modelo de liderazgo populista y autoritario que caracterizó a Mussolini y otros dictadores del siglo XX. Motyl no duda en calificar a Trump como un potencial dictador y fascista, señalando que su regreso al poder podría consolidar una forma de gobierno que contradice los principios democráticos fundamentales de Estados Unidos.
Trump está emulando a Putin
El aspecto más preocupante, según Motyl, es que el régimen de Donald Trump parece estar emulando deliberadamente el modelo de gobierno de Putin. Las similitudes en la retórica, las tácticas políticas y las estrategias de control social entre ambos líderes son innegables. Putin ha construido su poder sobre la base del nacionalismo, la represión de la disidencia y el control absoluto de los medios de comunicación y las instituciones estatales. Trump ha adoptado muchas de estas tácticas, incluyendo la demonización de la prensa crítica, el ataque sistemático a las instituciones democráticas y la manipulación del sistema judicial para protegerse de posibles consecuencias legales. La línea entre el autoritarismo de Putin y la democracia estadounidense se está volviendo cada vez más difusa, y Motyl advierte que, si Trump logra consolidar su poder en un segundo mandato, las instituciones democráticas estadounidenses podrían enfrentarse a una crisis sin precedentes.

El respaldo de Trump a Putin también se refleja en la narrativa que el expresidente y su círculo cercano han adoptado sobre la guerra en Ucrania. Trump ha calificado al gobierno de Zelenski como “ilegítimo” y ha acusado a Ucrania de ser la verdadera agresora en el conflicto. Esta postura es un reflejo directo de la propaganda rusa, que ha intentado justificar la invasión a Ucrania como una respuesta a las supuestas amenazas de Kiev contra la soberanía y seguridad de Rusia. Motyl señala que este alineamiento ideológico y político entre Trump y Putin es peligroso no solo para la estabilidad de Europa, sino para el orden internacional basado en la defensa de la soberanía nacional y el respeto a las fronteras internacionales.
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Motyl concluye su análisis señalando que el régimen de Donald Trump representa una amenaza para la democracia estadounidense y la estabilidad global. Su respaldo a Rusia, su retórica imperialista, su inclinación hacia el autoritarismo y su desprecio por las normas democráticas y el orden internacional están sentando las bases para un conflicto global y una crisis política interna en Estados Unidos. La historia ha demostrado que las democracias son vulnerables a los líderes populistas y autoritarios que explotan el miedo y la incertidumbre para consolidar su poder. Trump no es la excepción a esta regla, y su posible regreso al poder podría marcar el inicio de una etapa oscura para Estados Unidos y el mundo.

