En un momento en que el mundo enfrenta crisis humanitarias sin precedentes, acoger a refugiados debería ser un objetivo prioritario de la política de inmigración de Estados Unidos. Esta práctica no solo responde a un imperativo moral y ético, sino que también enriquece a la nación con la diversidad y el talento de quienes buscan un lugar seguro para reconstruir sus vidas. Los refugiados llegan a Estados Unidos con historias de resiliencia y esperanza, aportando sus habilidades y perspectivas únicas que fortalecen la economía y la sociedad estadounidense. La política de acogida no es solo un acto de compasión, sino una inversión en el futuro del país, reflejando los valores sobre los cuales fue fundado.
Naman Shah, MD, Ph.D., director de asuntos médicos y dentales en el Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles y becario Paul and Daisy Soros y Public Voices del OpEd Project, argumenta en su artículo para The Hill titulado: “Cuando Estados Unidos da la bienvenida a los refugiados en sus costas, todos ganamos”, que la acogida de refugiados es beneficioa para la nación. Shah, quien trabaja como médico forense de refugiados en Los Ángeles, ha sido testigo de primera mano de los desafíos y triunfos que enfrentan los refugiados al llegar al país. En su trabajo, ha conocido a ingenieros que apoyaron a las fuerzas estadounidenses en Afganistán, a ucranianos que han perdido sus hogares y minorías religiosas perseguidas en países como Nigeria, Irán y Turquía. Estos encuentros no solo ilustran la fortaleza de los refugiados, sino también el potencial transformador que traen consigo al integrarse en la sociedad estadounidense.
Refugiados en la savia de la Unión
La historia de Estados Unidos está profundamente entrelazada con la de los refugiados. Desde los primeros colonos puritanos y cuáqueros que huyeron de la persecución religiosa, hasta las oleadas de refugiados de Vietnam y Bosnia, la nación ha sido un refugio para quienes huyen de la guerra, la violencia y la opresión. En el contexto actual, con conflictos y crisis migratorias en aumento, la capacidad de Estados Unidos para acoger a refugiados es más crucial que nunca. Según Shah, los refugiados no solo buscan seguridad, sino también la oportunidad de contribuir activamente a la sociedad que los recibe, ya sea construyendo negocios, participando en el mercado laboral o revitalizando comunidades locales.

Los refugiados que llegan a Estados Unidos atraviesan un proceso de reasentamiento estructurado y colaborativo, en el que participan tanto organizaciones gubernamentales como grupos humanitarios y religiosos. Este modelo ofrece apoyo integral a los refugiados, desde la enseñanza del inglés y la preparación laboral hasta la búsqueda de vivienda y la inscripción escolar de sus hijos. Shah resalta casos como el de los karen refugiados de Myanmar en Minnesota, quienes han revitalizado congregaciones locales, o los empresarios refugiados en Houston, que han impulsado la economía local con sus negocios. Estos ejemplos demuestran que los refugiados no solo se benefician de la acogida, sino que también generan un impacto positivo y duradero en las comunidades que los reciben.
Diferenciarlos de los asilados
A diferencia de los refugiados, los solicitantes de asilo enfrentan un proceso mucho más incierto y sin garantías de apoyo mientras se resuelven sus casos. Llegan a Estados Unidos después de huir de situaciones de peligro inmediato, pero, al no recibir la misma estructura de apoyo que los refugiados, a menudo se enfrentan a desafíos abrumadores. Sin contactos ni redes de apoyo en el país, tanto ellos como las comunidades que los acogen están sometidos a una presión considerable. Por eso, ampliar y fortalecer el programa de acogida de refugiados podría aliviar parte de esta carga, ofreciendo un camino más seguro y ordenado para aquellos que buscan reconstruir sus vidas lejos del peligro.
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Además de las consideraciones humanitarias, la acogida de refugiados también tiene beneficios económicos significativos para Estados Unidos. En lugares como Lewiston, Maine, la llegada de refugiados somalíes en los años 2000 ayudó a reducir la tasa de criminalidad y revitalizar barrios deteriorados. En Buffalo, Nueva York, una ciudad golpeada por la desindustrialización, la población de refugiados ha contribuido a la disminución de la criminalidad en un 40% entre 2010 y 2017, con familias de refugiados desempeñando un papel clave en la revitalización de la ciudad. Estos ejemplos muestran que los refugiados no solo traen consigo una necesidad de seguridad, sino también el deseo y la capacidad de mejorar las comunidades que los reciben.
Abono para las economías
Los refugiados también se destacan en el mercado laboral. En Idaho, por ejemplo, los refugiados han sido esenciales para la industria láctea, ayudando a convertir al estado en uno de los mayores productores de productos lácteos del país. En Clarkston, Georgia, conocida como la «Isla Ellis del Sur», la economía ha florecido gracias a la gran población de refugiados que se ha asentado allí. Un estudio del New American Economy Fund reveló que los refugiados contribuyen significativamente a la economía a través del emprendimiento y el pago de impuestos, generando más de $20 mil millones en ingresos fiscales federales, estatales y locales en 2015. Estos datos confirman que, lejos de ser una carga, los refugiados son agentes activos de desarrollo económico.

El apoyo público a la acogida de refugiados también es amplio. Según una encuesta reciente, alrededor del 72% de los estadounidenses cree que acoger a refugiados civiles de países afectados por la guerra y la violencia debería ser una prioridad de la política de inmigración de Estados Unidos. Este apoyo se refleja en políticas bipartidistas que han favorecido el reasentamiento de refugiados desde la Ley de Refugiados de 1980 hasta iniciativas recientes para ayudar a refugiados afganos y ucranianos. A pesar de la polarización política actual, la acogida de refugiados sigue siendo un tema que une a legisladores y ciudadanos en la defensa de los valores fundamentales de la nación.
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En un momento en que la inmigración ocupa un lugar central en el debate político, es crucial que Estados Unidos reafirme su compromiso de acoger a los refugiados. Como sugiere Naman Shah, los refugiados no son una amenaza, sino una oportunidad para fortalecer y enriquecer la nación. Su llegada representa la promesa de un futuro mejor, tanto para ellos como para los estadounidenses que los reciben. Acoger a refugiados no es solo un acto de generosidad; es una inversión en los valores de libertad, justicia y oportunidad que definen a Estados Unidos.

