El retroceso democrático en el continente americano está complicando gravemente la defensa de los derechos humanos en la región. Esta es la advertencia de José Luis Caballero Ochoa, presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien ha expresado su preocupación por el aumento de gobiernos autoritarios y la creciente desconfianza hacia las instituciones democráticas. Caballero sostiene que la situación actual es más compleja que en el pasado, ya que las amenazas contra los derechos humanos no solo provienen de los Estados, sino también de la indiferencia y el escepticismo de las propias sociedades. En este contexto de retroceso democrático, la defensa de las libertades fundamentales y la dignidad humana se enfrenta a nuevos y desafiantes obstáculos.
Este análisis fue presentado en una entrevista realizada por Erika Rosete, periodista de la edición mexicana de EL PAÍS, en un artículo titulado: “José Luis Caballero, presidente de la CIDH: ‘Estados Unidos no puede utilizar a las personas llenando esta especie de campo de concentración que es Guantánamo’”. La pieza fue publicada en la edición española de EL PAÍS y refleja las reflexiones de Caballero sobre el complejo panorama político y social de América Latina. Erika Rosete destaca en su trabajo la trayectoria del jurista mexicano, quien desde septiembre del año pasado lidera la CIDH, una institución clave en la supervisión y defensa de los derechos humanos en el continente. Caballero, un académico con 25 años de experiencia como profesor en la Universidad Iberoamericana, ha sido una figura destacada en la promoción de reformas legales para reforzar el acceso a los derechos humanos en México y en toda la región.
Retroceso democrático en el continente
José Luis Caballero reconoce que el retroceso democrático en la región es una amenaza directa para la vigencia de los derechos humanos. «Siempre los derechos humanos han enfrentado enormes desafíos, pero ahora hay una gran diferencia: antes había una conciencia de la construcción democrática y de los esfuerzos civilizatorios hacia un sentido, y esa conciencia se está perdiendo», explica Caballero. El jurista sostiene que este fenómeno se refleja en la creciente sumisión de los poderes Legislativo y Judicial al Ejecutivo en muchos países, lo que ha debilitado el sistema de pesos y contrapesos necesarios para garantizar la protección de los derechos fundamentales. Además, señala que el crimen organizado y los intereses económicos privados están adquiriendo un poder desproporcionado, lo que distorsiona la función del Estado y compromete la protección de los ciudadanos.

El ascenso de gobiernos autoritarios y la normalización de prácticas represivas han profundizado este retroceso democrático. Caballero menciona el caso de Venezuela, donde las instituciones democráticas han sido socavadas sistemáticamente, y también señala las acciones represivas recientes en Argentina y las políticas de seguridad y control en El Salvador como ejemplos de esta tendencia preocupante. La CIDH ha advertido en repetidas ocasiones que las democracias representativas están diseñadas para proteger los derechos humanos, pero esto solo es posible cuando existe una separación real de poderes y una independencia judicial efectiva. Sin embargo, la creciente concentración de poder en manos de los Ejecutivos ha debilitado estas garantías institucionales, dejando a las sociedades más vulnerables ante los abusos de poder.
Negligencia de Colombia y Panamá
El retroceso democrático también ha tenido un impacto directo en la situación de los migrantes en la región. Caballero señala que la crisis migratoria en América Latina está marcada por la indiferencia de los Estados y la falta de cooperación internacional. La situación en la selva del Darién, entre Panamá y Colombia, es un ejemplo claro de esta negligencia. «Hay muy poca información de los flujos migratorios y las personas quedan a merced de las redes criminales que operan en la región», explica Caballero. La CIDH ha documentado múltiples casos de violaciones de derechos humanos en estos contextos, que van desde la trata de personas hasta la violencia sexual y las desapariciones forzadas. La falta de una respuesta coordinada y humanitaria por parte de los gobiernos ha agravado esta crisis y ha generado un clima de incertidumbre y vulnerabilidad para miles de migrantes.
Tambièn puedes leer: Alexander J. Motyl: “Régimen de Donald Trump” respalda a Rusia y otros detalles más
En este contexto, la postura de Estados Unidos ha sido objeto de particular preocupación para la CIDH. Caballero critica la política migratoria estadounidense, especialmente las prácticas de detención y deportación que violan las normas internacionales de derechos humanos. El presidente de la CIDH señala que la detención de migrantes en instalaciones como la base de Guantánamo es inaceptable y recuerda que Estados Unidos tiene la obligación de respetar los tratados internacionales en materia de asilo y protección de refugiados. «No podemos tener campos de concentración de personas en pleno siglo XXI», advierte Caballero. La CIDH ha emitido recientemente un comunicado recordando a Estados Unidos sus responsabilidades legales y morales en este ámbito, subrayando que la protección de los derechos humanos debe prevalecer sobre las consideraciones políticas o de seguridad nacional con miras a detener este retroceso democrático.
Influencia de ideologías extremistas y nacionalistas
A pesar de este panorama sombrío, Caballero mantiene un tono de esperanza. Considera que la defensa de los derechos humanos no solo implica enfrentar las violaciones directas de los Estados, sino también transformar la mentalidad de las sociedades. «El escepticismo hacia los derechos humanos es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo», afirma Caballero. Para el jurista, esta actitud de desconfianza es el resultado de una combinación de factores, como la desinformación, la manipulación política y la creciente influencia de ideologías extremistas y nacionalistas. La CIDH ha intensificado sus esfuerzos para promover la educación en derechos humanos y fomentar una cultura de respeto y tolerancia en la región, pero Caballero reconoce que este es un proceso largo y complejo que requiere el compromiso de todos los sectores de la sociedad.
El retroceso democrático también ha debilitado la cooperación internacional en materia de derechos humanos. Caballero señala que algunos gobiernos están cuestionando la legitimidad y la independencia de organismos como la CIDH, lo que ha dificultado el diálogo y la implementación de políticas efectivas de protección. La Comisión ha tenido que enfrentar presiones políticas y económicas, pero Caballero insiste en que la independencia de la CIDH es innegociable. «Nuestra responsabilidad es supervisar y hacer recomendaciones a los Estados, aunque esas recomendaciones resultan incómodas para algunos gobiernos», explica Caballero. La financiación de la CIDH por parte de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) no implica una subordinación política, sino que refleja el compromiso de los gobiernos con la defensa de los derechos humanos.

América toda es cada vez más hostil
José Luis Caballero concluye que la defensa de los derechos humanos en la América toda requiere una estrategia integral que combine la acción institucional con la movilización social. La CIDH seguirá trabajando para documentar las violaciones de derechos humanos, apoyando a las víctimas y promoviendo reformas legales que fortalezcan las garantías democráticas. Sin embargo, Caballero reconoce que el éxito de estos esfuerzos depende en gran medida de la voluntad política de los gobiernos y del compromiso activo de las sociedades civiles. «La historia nos ha enseñado que los derechos humanos nunca se obtienen fácilmente. Son el resultado de luchas constantes y sacrificios colectivos. En un contexto de retroceso democrático, esa lucha es más urgente que nunca», concluye Caballero.
Tambièn puedes leer: Venezolanización de la corte de EE.UU. viaja a la velocidad de la lengua de Trump
El retroceso democrático ha creado un entorno adverso para la defensa de los derechos humanos en América Latina. La concentración de poder, la represión política y la indiferencia social han debilitado las garantías democráticas y han expuesto a las poblaciones más vulnerables a nuevas formas de violencia y exclusión. José Luis Caballero y la CIDH enfrentan el desafío de defender los principios fundamentales de la democracia y los derechos humanos en un contexto cada vez más hostil, pero Caballero sigue convencido de que la esperanza y la acción colectiva son las claves para superar esta crisis y construir un futuro más justo y democrático para la región.

