En un análisis exhaustivo y perspicaz, el periodista Gabriel Leão, establecido en São Paulo, Brasil, se sumerge en una cuestión de resonancia internacional: la inacción del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, frente al continuo y desgarrador genocidio yanomami. Con una formación en Comunicaciones y un posgrado en Relaciones Exteriores, Leão aporta una perspectiva única y bien fundamentada, examinando no solo la actual crisis humanitaria y ambiental, sino también sus raíces históricas y contextos políticos más profundos.
En diciembre de 2022, imágenes de niños yanomami desnutridos estremecieron a Brasil, exponiendo la precaria situación de un pueblo indígena que una vez prosperó en la vasta y rica biodiversidad de la Amazonía. La invasión de sus tierras por el Estado, corporaciones, madereros, ganqaderos y mineros ilegales ha llevado a esta comunidad a un estado de hambre crónico y enfermedad. Esta crisis se intensificó bajo la administración de Jair Bolsonaro, quien fue acusado por Lula, tras asumir el cargo en enero de 2023, de ser responsable de un genocidio en curso. Sin embargo, a pesar de las promesas y medidas iniciales de Lula, incluida la expulsión de miles de mineros ilegales, la situación para los yanomami sigue siendo desesperada.
Genocidio yanomami
El liderazgo de Lula ha enfrentado críticas de Gabriel Leão por no producir un cambio significativo en la vida de los pueblos indígenas. Dario Kopenawa de la Asociación Hutukara Yanomami articula esta decepción, señalando que, aunque se han realizado esfuerzos para expulsar a los mineros y abordar la crisis sanitaria, la precariedad persiste. Esta situación refleja un desafío más amplio: la necesidad de abordar las raíces de una crisis que es producto de políticas estatales de largo plazo que han despreciado los derechos y el bienestar de los pueblos indígenas.

Leão señala que la historia de Brasil está marcada por la opresión y desposesión de sus comunidades indígenas. Desde la colonización europea hasta la dictadura militar y la era democrática, los pueblos indígenas han sido sometidos a atrocidades y marginación. El genocidio yanomami ha sido cruel, lento y sistemático. Incluso durante los primeros mandatos de Lula en la década de 2000, políticas perjudiciales como la construcción de la presa de Belo Monte y la legalización de la ocupación ilegal de tierras amazónicas evidenciaron un patrón de indiferencia gubernamental hacia los derechos indígenas.
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Bolsonaro lo exacerbó
La crisis yanomami actual, exacerbada por Bolsonaro, es en realidad el resultado de décadas de políticas destructivas. La desnutrición, enfermedades y muertes en esta comunidad no son incidentes aislados, sino síntomas de un problema sistémico que refuerza la narrativa del genocidio yanomami. A pesar de las acciones de Lula, como la erradicación de la minería ilegal y el envío de asistencia médica y alimentaria, los esfuerzos han sido insuficientes y, a menudo, temporales. La falta de una infraestructura de salud permanente y el retorno de actividades ilegales en las tierras yanomami destacan la persistente vulnerabilidad de este pueblo.
La aparente desconexión entre las políticas gubernamentales y las necesidades reales de los yanomami se ve exacerbada por la falta de consulta y participación de estos en la formulación de estrategias de intervención. El ejemplo de la asignación de fondos sustanciales para una «Casa de Gobierno» en Roraima, sin la consulta adecuada a los pueblos indígenas, ilustra este desajuste. Kopenawa y otros líderes indígenas han expresado su preocupación de que estos fondos no se destinen a abordar directamente las necesidades de los yanomami.

Alianzas e intereses
El segundo problema identificado por Leão es la alianza del gobierno con sectores e intereses que amenazan directamente a las comunidades indígenas. La continua explotación de recursos y la deforestación, impulsada por el agrobusiness y otros sectores industriales, sigue poniendo en peligro los modos de vida y los territorios de los pueblos indígenas. La solución, según el análisis de Leão, requiere una transformación radical de la política económica brasileña, priorizando los derechos indígenas y la sostenibilidad ambiental sobre los intereses empresariales y económicos a corto plazo.
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En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP28), Lula buscó presentarse como un líder climático global, pero para que esta imagen sea creíble, su administración debe actuar de manera decisiva y transformadora. Las políticas económicas deben reformarse de inmediato con un enfoque en los derechos indígenas y la sostenibilidad ambiental. De lo contrario, Brasil se enfrentará a una catástrofe climática y un genocidio indígena continuo en el futuro cercano.
El análisis de Gabriel Leão ilumina la complejidad y urgencia de la situación yanomami, destacando la necesidad de una acción gubernamental más profunda y comprometida. Aunque Lula ha reconocido la crisis y tomado algunas medidas, se requiere un cambio más radical para abordar efectivamente el genocidio yanomami y salvaguardar el futuro de los pueblos indígenas en Brasil.

