La ofensiva militar israelí en Gaza continúa generando altas cifras de víctimas civiles, mientras en paralelo el gobierno de Israel avanza medidas administrativas y legislativas que organizaciones palestinas e internacionales interpretan como pasos hacia una mayor consolidación territorial en Cisjordania. El doble movimiento —operaciones militares intensas en Gaza y expansión de presencia israelí en territorios ocupados— reaviva el debate sobre la viabilidad de la solución de dos Estados.
El gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu sostiene que las acciones militares buscan neutralizar estructuras de Hamás, organización considerada terrorista por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, autoridades palestinas y organismos multilaterales denuncian que el impacto humanitario sobre la población civil es desproporcionado.
Gaza: presión militar y crisis humanitaria
La Franja de Gaza enfrenta una situación humanitaria crítica. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha reiterado la necesidad de un alto el fuego inmediato y acceso sostenido de ayuda humanitaria. Diversas agencias internacionales advierten sobre escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos.
El gobierno israelí argumenta que Hamás opera desde zonas densamente pobladas, lo que complica operaciones quirúrgicas. No obstante, organizaciones de derechos humanos sostienen que el número de víctimas civiles y la destrucción de infraestructura civil exigen una revisión urgente de las reglas de enfrentamiento.
La intensidad de los combates y la magnitud del daño colateral sitúan a Gaza en el centro del escrutinio internacional. La presión diplomática aumenta, mientras el conflicto sigue sin una hoja de ruta clara hacia la desescalada.

Cisjordania: expansión territorial y legalidad internacional
En paralelo, Israel ha aprobado nuevas medidas administrativas relacionadas con tierras en Cisjordania. Autoridades israelíes las presentan como decisiones de planificación y seguridad; líderes palestinos, incluido el presidente Mahmoud Abbas, las califican como consolidación de asentamientos que dificultan la creación de un Estado palestino viable.
La comunidad internacional mantiene una posición mayoritariamente crítica respecto a la expansión de asentamientos en territorios ocupados desde 1967, señalando que contraviene resoluciones previas del Consejo de Seguridad de la ONU.
El avance de medidas territoriales en Cisjordania se interpreta como un factor que erosiona la posibilidad de negociación política futura. La dinámica genera una sensación de hechos consumados que modifica el terreno sobre el cual podría discutirse cualquier acuerdo.
Diplomacia estancada y riesgo regional
La combinación de ofensiva militar en Gaza y expansión administrativa en Cisjordania tensiona no solo la relación bilateral israelí-palestina, sino también el equilibrio regional. Países árabes, la Unión Europea y actores globales insisten en reactivar negociaciones políticas, mientras Estados Unidos mantiene un papel central como aliado estratégico de Israel y mediador potencial.
Expertos en derecho internacional advierten que la prolongación del conflicto sin horizonte político podría consolidar un escenario de conflicto crónico. La ausencia de diálogo efectivo alimenta radicalización y desconfianza mutua.
El desafío no es únicamente militar o territorial, sino político: reconstruir un marco de negociación creíble.

¿Punto de no retorno?
La simultaneidad de combates intensos y cambios territoriales plantea una interrogante de fondo sobre la viabilidad de la solución de dos Estados, tradicionalmente defendida por la mayoría de la comunidad internacional.
Mientras Israel sostiene que actúa por razones de seguridad, líderes palestinos denuncian un proceso que consideran irreversible. El costo humano y la modificación progresiva del mapa político generan preocupación sobre un posible punto de no retorno.
La pregunta que permanece abierta es inevitable:

